Las innovación de segunda generación implican cocreación, empatía, sostenibilidad, ética y propósito
La innovación centrada en personas no es filantropía; es estrategia de crecimiento, afirma Luis del Rosario, CEO de Business Intelligence Consulting Group, al hablar sobre las innovaciones de segunda generación o 2G, un enfoque que va más allá de crear productos nuevos o eficientes, se trata de generar transformaciones reales en la vida de las personas.
En una conversación con este medio, Del Rosario explicó que innovar hoy significa escuchar, cocrear y medir el impacto no solo en términos económicos, sino también sociales, humanos y ambientales.
¿Qué se entiende por “innovaciones de segunda generación”?
Cuando hablamos de innovaciones de segunda generación, nos referimos a aquellas que no solo buscan lanzar un producto nuevo o mejorar un proceso, sino que ponen a la persona en el centro. La innovación tradicional se enfocaba en eficiencia, rentabilidad o diferenciación tecnológica. La innovación 2G agrega una capa más profunda: impacto humano, social y sostenible. No se trata solo de “hacer algo nuevo”, sino de hacer algo que transforme positivamente la vida de las personas.
¿Qué implica realmente innovar centrado en las personas?
Implica escuchar primero antes de crear. Los pilares son claros:
• Empatía real con las necesidades de las personas.
• Cocreación, es decir, diseñar junto al usuario y no para el usuario.
• Sostenibilidad, es decir que la innovación genere valor económico, social y ambiental.
• Ética y propósito, porque la innovación 2G busca bienestar, no solo utilidad.
¿Podría darnos un ejemplo concreto de una innovación de segunda generación que esté impactando?
Un ejemplo son las fintech de inclusión financiera. En América Latina, estas plataformas no solo crean apps para manejar dinero, sino que dan acceso a crédito, educación financiera y oportunidades a personas y negocios que estaban fuera del sistema. Ahí vemos el espíritu 2G: tecnología que genera oportunidades reales para mejorar vidas.
¿Cómo se identifican las necesidades humanas en un proceso de innovación de segunda generación?
Primero, escuchando y observando. A veces las personas no expresan su necesidad exacta, pero la muestran en su comportamiento. Se combinan datos y análisis de hábitos con investigación etnográfica, entrevistas y talleres de cocreación. La clave es descubrir dolores y aspiraciones que van más allá del producto.
¿Cree que las empresas están listas para innovar pensando primero en el bienestar y no solo en el negocio?
Algunas sí, otras no tanto. Las que lo entienden ya están viendo que el bienestar genera rentabilidad sostenible. La nueva generación de consumidores y empleados exige empresas con propósito. Sin embargo, muchas organizaciones aún operan con una mentalidad de corto plazo. El reto está en demostrar que poner a la persona en el centro no es filantropía, es estrategia de crecimiento.
¿Qué tipo de empresas están liderando este cambio hacia innovaciones más humanas?
Vemos startups tecnológicas, fintechs, healthtechs y empresas de consumo masivo que lideran el camino. También grandes corporaciones que, a través de sus áreas de transformación, están migrando hacia modelos más abiertos y colaborativos. Pero casi siempre los pioneros son los que arriesgan primero y escuchan mejor.
¿Cómo puede una empresa tradicional migrar hacia una mentalidad de innovación centrada en las personas sin perder competitividad?
El cambio comienza en la cultura interna. Hay que formar equipos diversos que incluyan diseñadores de experiencia, analistas de datos, mercadólogos y hasta antropólogos. Luego, aplicar metodologías ágiles y design thinking para prototipar y validar rápido. Y, sobre todo, medir el éxito en términos de satisfacción, lealtad y bienestar del usuario, no solo en ventas.
¿Qué impactos pueden tener estas innovaciones en la calidad de vida de los trabajadores?
La innovación centrada en personas también transforma el trabajo interno. Promueve ambientes más colaborativos, flexibles y con propósito. Cuando los empleados sienten que su trabajo genera impacto real, aumenta la motivación, la retención de talento y la productividad. Es un círculo virtuoso.
Reflexión final: innovación, patentes y empleos de calidad
Si queremos que la innovación se traduzca en empleos de calidad, debemos mirar la cadena completa de creación de valor.
En República Dominicana todavía tenemos baja inversión en I+D, pocas patentes registradas y un índice de innovación modesto frente a pares latinoamericanos como Chile, México o Colombia. Cuando miramos a Europa, EE.UU. y Asia, la diferencia es enorme:
- China genera millones de patentes al año, muchas enfocadas en manufactura avanzada, energías limpias y tecnología de consumo. Cada patente no solo es un registro, se convierte en fábricas, empleos calificados y exportaciones de alto valor.
- Estados Unidos transforma sus patentes en startups, licencias y ecosistemas tecnológicos que crean empleos de alta remuneración y atraen talento global.
- Corea del Sur o Japón muestran que un país pequeño puede escalar si convierte su conocimiento en propiedad intelectual productiva.
La lección es clara: las patentes son motores de empleo decente y crecimiento económico sostenible, como promueve el ODS 8. En nuestro país, cada peso que invirtamos en investigación, cada idea que logremos patentar y cada alianza entre universidad y empresa, es una semilla de empleos formales, competitivos y de mayor calidad. Para dar el salto, debemos pasar de consumir innovación a producirla y exportarla.
