Más de 3,000 personas reciben apoyo de la Fundación Katherine Batista, entre ellas, niños, envejecientes y pacientes con cáncer
La Fundación Katherine Batista inició hace décadas como un sueño, hoy se ha transformado en una plataforma sólida que abraza causas sociales, medioambientales y de salud. “En estos últimos años hemos ampliado nuestro impacto; nos hemos posicionado como una fundación que no solo actúa, sino que inspira”, expresó su directora y fundadora Katherine Batista.

¿Qué nuevos proyectos o iniciativas han surgido desde entonces?
Hemos lanzado iniciativas muy emotivas como el “Mujer con Propósito” para la comunidad de Río Salado en La Romana. Actualmente, estamos desarrollando el “Día Rosa”, un evento en que se donará cabello a pacientes con cáncer, en un espacio donde la contención emocional, belleza con propósito y sensibilización estén presentes. También fortalecimos nuestras acciones medioambientales con talleres de reciclaje creativo, campañas de recolección, jornadas educativas en escuelas, y alianzas con empresas verdes para dar segunda vida a residuos. También estamos desarrollando un programa de educación ambiental y reciclaje para las escuelas con enfoque en liderazgo social.

¿Cuántas personas o comunidades impactan al año con su labor?
Actualmente, impactamos directamente a más de 3,000 personas al año, entre niños, envejecientes, pacientes con cáncer, comunidades vulnerables, y jóvenes en proceso de formación. Además, gracias a nuestros contenidos educativos y campañas en redes sociales, llegamos de forma indirecta a miles de personas que se suman al cambio desde sus hogares o empresas e instituciones.
¿Sigue activa la campaña de recolección de tapitas plásticas para quimioterapia?
Sí, la campaña sigue más activa que nunca. Nunca paramos de recibir las tapas para nuestros amigos Tapitas x Quimio. Además, la campaña ha permitido recolectar toneladas de plástico y tapitas para que ya no terminen en nuestros ríos, playas y cañadas.
¿Has vivido alguna historia que te haya marcado en este tiempo?
Muchas, pero hay una que siempre me conmueve. La sra. Micaela, que tiene un pequeño vivero en Arroyo Hondo, un día me vio recogiendo plásticos en la acera, se me acercó y me preguntó: ¿para qué lo hacía? Le conté sobre la fundación, y hoy es una de las voluntarias más activas. Otra historia es la de mis chicos de la fundación Rescatando Vidas en Río Salado, La Romana. Niños y adolescentes que quieren que su entorno cambie para bien y que el río que tienen al lado no siga siendo el vertedero de otros. Para mí una de las comunidades más especiales para nosotros; son niños dispuestos a ejercer su deber cívico a cambio de tener un entorno sostenible.
¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado en estos últimos años con la fundación?
El mayor reto ha sido sostener el ritmo y la calidad del trabajo con recursos limitados, sin perder la humanidad del proceso. No siempre es fácil tocar tantas puertas o lidiar con la indiferencia. También ha sido un desafío mantener el equilibrio emocional, porque cada historia que llega a la fundación tiene un peso humano profundo. Pero aprendí que con fe, constancia y transparencia que se logra más de lo que imaginamos.
¿Cuál es tu visión para los próximos años?
Sueño con tener un centro comunitario propio donde podamos recibir, formar, capacitar. Un lugar donde se hable de reciclaje, autoestima, empoderamiento, salud emocional, arte y desarrollo sostenible. Donde también existan espacios para clasificar los residuos, un camión para nosotros hacer las recogidas y por supuesto ayuda del Gobierno. También anhelo llevar nuestra metodología a otros países del Caribe. Queremos sembrar conciencia y amor donde más se necesita.
¿Cómo ha crecido tu red de voluntarios o colaboradores? ¿Qué tipo de ayuda te hace más falta en este momento?
La red de voluntarios ha crecido con fuerza y corazón. De contar con unas pocas manos amigas, hoy somos más de 80 voluntarios activos en diferentes provincias. Personas que donan tiempo, saberes, recursos, y sobre todo, mucho amor. Sin embargo, seguimos necesitando más apoyo profesional: diseñadores, comunicadores, psicólogos, maestros y patrocinadores que quieran dejar su huella en proyectos sostenibles. El pesaje no es la gran cosa en dinero y muchas veces no cuento con ayuda para poder cubrir los gastos y ayudas necesarias para los hogares y comunidades.
No siempre las puertas están abiertas para este tipo de iniciativas y la logística no es fácil, nuestro pilar es la educación ambiental para que nos pueda funcionar a largo plazo lo que hacemos y aún siendo gratis nuestras charlas y capacitaciones muchas veces nos encontramos con un gran no nos interesa…
«Sueño con tener un centro comunitario propio donde podamos recibir, formar, capacitar”.
Katherine Batista
¿Qué ha aprendido Katherine como mujer, ser humano y profesional gracias a esta labor solidaria?
He aprendido que brillar, a veces, incomoda. Que cuando tu luz toca espacios oscuros, no siempre recibirás aplausos, sino piedras. Que las puertas no siempre se abren con buenas intenciones, y que levantar la voz por el bien común puede hacer que algunos quieran silenciarte. Me han dicho que me expongo demasiado, que abro muchos frentes… pero también he entendido que callar por miedo no es opción cuando sabes que estás haciendo lo correcto.
Como mujer, esta labor me ha devuelto el poder de creer en mi intuición, de no pedir permiso para hacer el bien, y de entender que el liderazgo femenino con propósito es una fuerza imparable.
Como ser humano, aprendí a caminar con el corazón abierto, incluso cuando otros caminan con el puño cerrado. A mirar el dolor de los demás con compasión y no con lástima.
Y como profesional, aprendí que el verdadero éxito no está en los premios ni en los reconocimientos, sino en saber que lo que haces sirve, sana y suma.
Sí, hay momentos en que he querido rendirme. Pero entonces recuerdo por qué empecé: por amor a mi país, a mi gente, a nuestras playas, a los niños que sueñan y a los envejecientes que aún esperan, a dejar ese legado de mis abuelos.
Esta labor me ha enseñado que mientras haya una sola persona dispuesta a hacer el bien, hay esperanza. Y si esa persona soy yo, seguiré adelante… aunque sea con el alma rota, pero el corazón encendido.
