Narradores que transmiten en vivo sin salir de su país, cámaras que persiguen la jugada sin que nadie las mueva y una señal que llega intacta a un continente entero al mismo tiempo, es lo que la empresa dominicana Sertelsa Televisión transmitió a la audiencia durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

Esta compañía, junto a la española Quality, innovó en este encuentro deportivo. Según su director, Charles Sánchez, se trata de tecnología que nunca se había usado en el país, y que ya tiene fecha para volver a utilizarse.
Para entender por qué esto es una novedad hay que pensar en cómo se hacían las cosas antes: equipos completos viajando de sede en sede, camarógrafos siguiendo cada jugada a pulso, narradores tomando un vuelo para poder comentar un partido en el extranjero.
Esa lógica cambió de raíz para este evento, y lo hizo con cuatro innovaciones que, combinadas, terminaron transformando por completo la forma en que República Dominicana transmitió un evento deportivo internacional.
El corazón de la operación fue un sistema de control remoto instalado en el Centro Olímpico, sobre tecnología REMI (producción remota), desde donde se manejó todo el contenido de las sedes. Gracias a eso, la empresa logró transmitir en vivo y de manera simultánea hasta 12 competiciones a la vez, algo que, según Sánchez, nunca antes había ocurrido en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe.
En la práctica, REMI elimina la necesidad de instalar una unidad de producción completa en cada sede. En vez de eso, la imagen de cada competencia viaja hasta un único punto de control en el Centro Olímpico, y es ahí donde se dirige, se mezcla y se pone al aire.
Es la diferencia entre montar doce pequeños estudios de televisión repartidos por la ciudad, o uno solo capaz de ver y manejar los doce de forma simultánea. Esa concentración es lo que permitió que se cubrieran tantas disciplinas a la vez sin multiplicar el equipo humano ni el equipo técnico en cada sede.
Para las disciplinas con mayor seguimiento internacional, se recurrió a la narración remota: comentaristas en Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador y México narraron sus disciplinas en tiempo real, con audio y video, sin moverse de sus países de origen. Además de ser una novedad operativa, la fórmula representó un ahorro directo en costos de traslado y logística para la producción.
El modelo tradicional hubiera implicado traer a cada narrador especializado hasta Santo Domingo, con vuelos, hospedaje y viáticos para cada uno. Al conectarlos de forma remota, se pudo tener voces reconocidas de cada país comentando la disciplina que mejor conocen, sin que el costo de esa especialización recayera sobre el presupuesto de producción de los Juegos. Es, además, un modelo que podría escalar fácilmente a otros idiomas o países en futuros eventos.
Otra pieza del rompecabezas: cámaras robóticas con inteligencia artificial capaces de seguir automáticamente el desarrollo de una jugada, sin operador ni camarógrafo detrás. Es la clase de recurso que hasta hace poco se asociaba solo a transmisiones de gran presupuesto, y que en esta cita deportiva operó de forma rutinaria.
Estas cámaras usan algoritmos de reconocimiento visual para identificar dónde está la acción —el balón, el atleta, el punto de la pista donde ocurre la jugada— y ajustan solas el encuadre y el movimiento para seguirla. Para disciplinas con poco presupuesto de transmisión, donde normalmente no alcanza para pagar un camarógrafo dedicado a cada ángulo, esto abre la puerta a una cobertura que antes era exclusiva de los deportes más grandes.
La distribución del contenido a los países participantes se hizo mediante el protocolo SRT, un estándar que permite enviar señal a través de servidores en la nube sin degradación, de forma simultánea a múltiples destinos. El resultado, en palabras de Sánchez, fue “la mayor difusión jamás lograda en unos centroamericanos”: todos los países participantes pudieron recibir todas las competiciones sin diferencia de horario.
Todo este engranaje es, en el fondo, invisible para quien está viendo la competencia desde casa, y esa es justamente la idea. El televidente promedio no supo que había un protocolo SRT distribuyendo la transmisión, ni que una cámara la manejaba un algoritmo en vez de una persona.
Lo que sí notó, aunque no supiera por qué, fue que pudo ver más disciplinas en vivo a la vez, con menos cortes y con comentaristas que sonaban tan naturales como si estuvieran en el estadio, aunque narraran desde otro continente. Esa es, al final, la prueba real de que funcionó: nadie tuvo que pensar en ella.
La prueba de que esto no se queda en un solo evento llegó antes de lo esperado: Venezuela, sede de los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe, ya solicitó a la compañía apoyo para replicar lo implementado en República Dominicana. En el plano local, Sertelsa confirmó que el mismo sistema se usará en el torneo de la Lidom que arranca en octubre, en el campeonato de baloncesto de Fedombal y en futuras transmisiones de fútbol.
Es, en otras palabras, el verdadero legado de esta edición para la industria audiovisual dominicana: no una donación de tecnología ajena, sino una capacidad propia que se queda y ya empezó a exportar. Y si el modelo que un país vecino pide replicar terminó naciendo en Santo Domingo, es una señal de que la conversación sobre estos Juegos no debería cerrarse solo con el medallero, sino con la pregunta de qué otra industria dominicana podría dar el mismo salto.
Esta compañía, junto a la española Quality, innovó en este encuentro deportivo. Según su director, Charles Sánchez, se trata de tecnología que nunca se había usado en el país, y que ya tiene fecha para volver a utilizarse.
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Todo este engranaje es, en el fondo, invisible para quien está viendo la competencia desde casa, y esa es justamente la idea. El televidente promedio no supo que había un protocolo SRT distribuyendo la transmisión, ni que una cámara la manejaba un algoritmo en vez de una persona.
