El reportaje explora cómo mujeres sostuvieron sus carreras marcadas por sacrificios, incertidumbre y resiliencia
Detrás de las historias de éxito hay duelos, renuncias y riesgos invisibles. Este reportaje conecta las trayectorias de mujeres que no solo cambiaron de rumbo, sino que pagaron el costo de hacerlo.
Sale de una terapia médica y, horas después, está en un escenario. No hay pausa. No hay discurso. Solo decisión.
Fefita La Grande lo dijo sin rodeos cuando recibió el diagnóstico de cáncer de mama: “Pues cúrame”. Y siguió trabajando. Ese es el tipo de historia que no siempre se suele contar.
Durante los últimos años, las trayectorias de mujeres dominicanas en las industrias creativas han sido celebradas como relatos de éxito. Pero vistas en conjunto, revelan otra narrativa: la de todo lo que tuvieron que sostener para llegar ahí. Para algunas, el cambio no fue una decisión estratégica. Fue una respuesta a la ruptura.
Julia Álvarez creció entre dos países y dos lenguas, marcada por un exilio que la obligó a reconstruirse desde cero. La escritura no fue solo vocación: fue refugio.
En otra dimensión, Evelyn Betancourt convirtió una incomodidad en proyecto. La forma en que el país era percibido desde fuera la empujó a crear una narrativa distinta. Apostar por eso implicó riesgo, dudas y empezar sin garantías. Aun así, insistió: “Tú verás que nos va a ir bien”. Aquí, el cambio no nace de la certeza. Nace de la necesidad.
El costo, muchas veces, no se mide en cifras. Fefita La Grande construyó su carrera en paralelo a la maternidad, con una tensión constante entre el escenario y el hogar. La decisión de seguir implicaba también cargar con esa contradicción.
Algo similar atraviesa la historia de Giannina Azar, quien levantó su marca mientras criaba a sus hijos dentro del mismo ritmo exigente de su oficio. Su vida personal y profesional nunca estuvieron separadas: crecieron juntas, muchas veces al límite.
Hay trayectorias donde el cambio no fue progresivo, sino absoluto. Para Helen de la Rosa, no había margen para tomar medias decisiones. Apostar por su carrera significó asumir el riesgo completo: “Era eso o nada”.
Ese tipo de salto también aparece en el recorrido de Edilenia Tactuk, quien asumió retos para los que, en teoría, no estaba lista. Aun así, dijo que sí. “Yo no tenía idea de cómo hacerlo”, recuerda, pero avanzó igual.
No todas las historias parten de cero. Algunas comienzan desde la herencia. Joarla Caridad creció rodeada de tradición, pero necesitó distancia para reinterpretarla. Encontró en la joyería una forma de narrar, de transformar materiales en significado. Su proceso no fue romper con lo anterior, sino darle una nueva lectura.
Si algo une las trayectorias de estas y otras 20 mujeres, narradas en el libro “Dominicanas que hicieron el Switch en las Industrias Creativas”, es que ninguna se define por un solo cambio.

Las crisis —personales, económicas o globales— las obligaron a ajustar el rumbo una y otra vez. Reinventarse deja de ser un evento y se convierte en práctica.
Como plantea el propio proyecto que recoge estas historias, el cambio no es un momento aislado, sino una decisión constante de crear, persistir y volver a empezar.
Quizás por eso el valor de estas historias no está únicamente en lo que lograron. Está en lo que sostuvieron: la incertidumbre, las pérdidas y las veces que tuvieron que empezar otra vez.
Porque hacer el “switch” no es solo atreverse. Es quedarse cuando ya no hay garantías. Y en esa insistencia —silenciosa, imperfecta— es donde realmente ocurre la transformación.
