Movimiento, disciplina y contacto con la naturaleza son pilares del bienestar en la edad madura
En la cultura popular persiste la idea de que, después de los 40 años, la vida comienza a desacelerarse. Que lo natural es quedarse en casa viendo televisión, navegando en redes sociales y aceptar que los grandes retos ya pasaron. Así lo explicó a elCaribe el senderista y psicólogo Ramón Tejeda, quien advierte que esos mitos y miedos frenan a muchas personas a vivir experiencias como el senderismo, especialmente después de los 50 años.

Para Tejeda, quien además es mercadólogo, el senderismo es una verdadera escuela de vida. Lo que comenzó como un desafío personal evolucionó hasta convertirse en una filosofía de bienestar físico, mental y emocional.
Su primera gran lección llegó con la escala al Pico Duarte en 2021. Aunque caminaba con frecuencia, subestimó la montaña. “Yo dije: al Pico le voy a dar para allá”, recuerda. La realidad fue distinta. “Lo subestimé y pagué por eso. Lo que hoy me toma seis horas, en ese momento me tomó doce porque no hubo una planificación previa”.

Entrenamiento
Desde entonces volvió varias veces y entendió que la diferencia estaba en el entrenamiento. “En la medida en que me preparaba mejor, era mucho más fácil. Cuando se une la preparación y la oportunidad, el éxito viene”, destaca Tejeda.
A partir de ahí amplió sus horizontes. En 2022 hizo cumbre en el Kilimanjaro, la montaña independiente más alta de África. “Creo que la ignorancia muchas veces es madre de las intenciones”, admite, reconociendo que no dimensionaba completamente el reto de pasar de montañas de 3,000 metros a casi 5,900. Esa experiencia le abrió un nuevo mundo. Luego enfrentó el Aconcagua en Argentina, una prueba física y mental exigente, y más recientemente caminó hasta el campo base del Everest.
¿Cómo empezar?
Sin embargo, insiste en que el senderismo no es exclusivo de grandes cumbres. “No hay que ir al Pico Duarte ni al Kilimanjaro para empezar. Es un tema de proponérselo y hacerlo despacio, un paso a la vez”, comenta. Asimismo, recomienda comenzar con rutas cortas, caminatas en el vecindario o en el mirador más cercano. “El paso más pequeño que tú te atrevas a dar, ahí está la clave”, indica el senderista.

Para él, el movimiento transforma la mente. “Cuando tú te mueves, tu mente se ordena… Si tú no le pones voluntad y disciplina, lo más fácil es quedarte en el celular tres horas sin darte cuenta”, dice.
El senderismo, asegura, combate directamente el sedentarismo, uno de los principales factores de riesgo de múltiples enfermedades. “La vida que quiero en los 70 y en los 80 tengo que empezar a construirla desde ahora”, puntualiza.
Sobre el vínculo entre naturaleza y bienestar, no tiene dudas. “Cuando voy al Pico me desconecto totalmente. No hay señal en algunos lugares, y eso es necesario”. Asegura que caminar en entornos naturales tiene un efecto directo sobre la ansiedad. “No hay manera de sostener la ansiedad cuando tú estás caminando en la naturaleza. Respiras mejor, sientes que tus vías respiratorias se limpian”,señala.
El senderismo también le ha ofrecido comunidad. Cuenta que después de hacer el Camino de Santiago (ruta espiritual que inició en España) conoció a ocho personas que hoy son amigos cercanos. “Cada uno fue solo, y hoy somos grandes amigos”. En el Pico Duarte ha integrado incluso a compañeros de trabajo, promoviendo una cultura de bienestar.
Eso sí, insiste en la preparación responsable como chequeos médicos previos, entrenamiento progresivo y respeto por los límites personales. “No es un tema de edad. Conozco jóvenes que no pueden subir. Cada quien requiere preparación y conciencia”, comparte.
Para Tejeda:“El disfrute no está en llegar a la montaña. El disfrute está en el camino. El camino es la verdadera meta”, concluye.
En la búsqueda de un estilo de vida activa
Cada vez más personas se están incorporando al senderismo, asegura Ramón Tejeda. A su juicio, la pandemia marcó un punto de inflexión en esa búsqueda de estilos de vida más activos y conectados con la naturaleza. “Increíblemente, cada vez más personas se están sumando. Creo que la pandemia aceleró mucho esa búsqueda”, afirma. Explica que el Pico Duarte, que antes concentraba la mayor afluencia de visitantes entre finales de diciembre y los meses de enero y febrero, hoy recibe excursionistas durante todo el año. Sobre cómo hacer hábito, recomienda el libro “Hábitos Atómicos” y la regla de los dos minutos. “Si quiero empezar algo, empiezo con dos minutos”, puntualiza el también mercadólogo.
Paralelamente, la montaña se convirtió en una escuela fundamental en su vida. Ha realizado ascensos y travesías de alta exigencia física y mental, incluyendo el Kilimanjaro, el Aconcagua, la Malinche, el Pico Duarte en múltiples ocasiones, y más recientemente el Campo Base del Everest y Kala Patthar. «Cada ascenso me ha enseñado sobre preparación, humildad, constancia y respeto por los propios límites. La montaña me mostró que reconocer los límites no es una debilidad, sino una forma de inteligencia», expresó.
Añadió que: «Hoy, ya superados los 60 años, puedo decir con claridad que me encuentro en la etapa más productiva de mi vida. No porque ignore los límites del cuerpo o del tiempo, sino porque he aprendido a escucharlos, a respetarlos y a trabajar con ellos. Vivo una experiencia fantástica de reinvención consciente, con mayor claridad mental, energía enfocada y un compromiso profundo de mejorar cada día».
Esta etapa no la vive como un cierre, sino como una integración: experiencia, conocimiento, errores, disciplina, cuerpo y propósito. «Creo firmemente que la madurez bien asumida permite tomar mejores decisiones, liderar con más humanidad y vivir con mayor equilibrio. Desde este lugar, sigo aprendiendo, creciendo y aportando, convencido de que el desarrollo personal y profesional no tiene fecha de vencimiento», puntualiza.
