Vivir de prisa tiene un alto costo en la salud mental

Tristeza, culpa, vergüenza e irritabilidad son síntomas de que estamos viviendo muy acelerados

La vida acelerada se instala poco a poco, entre jornadas de trabajo cada vez más largas y una agenda en la que siempre parece haber algo pendiente. Hay personas que llegan a trabajar 12 y hasta 16 horas al día y, cuando por fin tienen un momento para descansar, sienten culpa por no estar haciendo algo productivo.

Para el psicólogo clínico y de la salud del Centro Vida y Familia, Luis Vásquez, detrás de esta dinámica también pueden existir creencias como “voy a poder con todo”, que llevan a convertir la productividad en una exigencia permanente y a dejar el bienestar en un segundo plano.

¿Por qué la prisa se ha convertido en una característica tan común de la vida actual?
La prisa es ese acompañante que busca resultados o recompensas rápidas sin medir las consecuencias. Hay quienes creen que a mayor ocupación, mejores estándares sociales. Imaginemos lo rápido que puede ir un atleta para ganar una carrera de 100 metros (9.58 segundos); es el récord de esa disciplina. De la misma manera, la prisa impulsa a la mente a ir a gran velocidad en la búsqueda de resultados ajenos a nuestras capacidades físicas y, al ver que todo ocurre tan rápido en aquel dispositivo digital que puede ponerse a velocidad 2.0, deseamos eso en la vida real, convirtiendo la prisa en una característica común de la vida acelerada actual. .

¿Qué factores están detrás de esa necesidad de estar siempre haciendo algo o estar tan ocupados?
Existen factores que determinan esa necesidad de llenar el miedo a no ser suficiente o no estar a la altura con más ocupación en estudios, cursos, diplomados, especialidades, posgrados y maestrías online que, por lo general, pueden vincularse a buscar crecimiento mediante la ocupación.

Al preguntar en la consulta, una de las respuestas frecuentes al motivo de estas conductas es que el mercado laboral dominicano es altamente competitivo y, a menudo, inestable, por lo que la situación financiera tiene influencia en sus acciones de tomar 2 trabajos o estudiar mientras trabajan a tiempo completo. He trabajado con pacientes cuya rutina no tiene espacios porque el trabajo, los estudios o el cumplimiento de las metas familiares no les permiten cuidar su salud y así viven hasta que el cuerpo, que tiene memoria, lo expresa con dolores en la espalda baja, estómago, tórax (pecho), cuello y la cabeza.

¿Cómo describiría la rutina de una persona sumergida en esta vida?
El caso conocido son aquellos compañeros que viven al límite la vida acelerada; revisan el teléfono mientras conversan, trabajan mientras almuerzan, responden mensajes en su horario de descanso, continúan laborando luego de cumplir su horario y leer un mensaje de un cliente o superior altera su estado de ánimo.

¿En qué momento estar tan ocupado deja de ser parte de la rutina y comienza a convertirse en un problema para la salud mental?
Inicia justo en el momento en que la tristeza, el miedo o el enojo por no cumplir la meta del día se sostienen durante semanas y las expectativas que cumplen un rol motivador se convierten en generadoras de ansiedad, estrés o síntomas depresivos que se reflejan en la pérdida de placer, apetito, sueño, intereses o relaciones. Y hay algo muy importante: cuando actúas en piloto automático, puedes acostarte, pero no descansar. Puedes estar en un lugar y tu mente acelerada en otro lugar, que por lo general es hacia el futuro, lo que no te ayuda a vivir en el tiempo presente y puede convertirse en un problema de salud mental.

¿Cómo puede afectar este ritmo acelerado?
La aparición de un dispositivo digital encendido fuera de la hora límite de su uso acordado puede relacionarse con estar en alerta y, entre notificación y notificación, perder el sueño, generar estrés, mantenerte irritado, perder la concentración o sentir agotamiento por ponerte en modo alerta y resolutor de urgencias.

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