Más de la mitad de los usuarios de redes dice que los creadores influyen en lo que compran. La creadora de contenido cubana Flor Danay Hernández explica por qué eso cambió su forma de trabajar.
Más del 50% de los usuarios afirma que los creadores de contenido influyen directamente en sus decisiones de compra, según la tercera edición del estudio Influencer Economy elaborado por IAB Spain y presentado en febrero de 2026. El mismo trabajo registra que el volumen de contenido patrocinado creció con fuerza durante el último año.
Ese porcentaje describe un poder. También describe una responsabilidad que casi nadie discute en voz alta.
Flor Danay Hernández la formula sin rodeos cuando se le pregunta qué cambió en su manera de trabajar durante los últimos dos años. Lo primero que menciona no es una técnica ni una herramienta. Es la responsabilidad con la que ve su influencia.
Hoy cuida mucho más lo que recomienda, la calidad de lo que muestra y la credibilidad que construyó con quienes la siguen. La razón que da es concreta y tiene forma de advertencia.
«Una comunidad puede tardar años en confiar en ti y puedes perder esa confianza muy rápido si empiezas a recomendar cualquier cosa simplemente porque te pagan.»
Es una frase que cualquiera del sector reconoce, y que pocos aplican con consecuencias reales, porque aplicarla significa decir que no.
Ella sostiene que ya no piensa solamente en crear contenido o vender. Piensa en aportar valor y en proteger la relación que construyó con las personas que la siguen. Suena a declaración de intenciones hasta que uno mira lo que implica en la práctica: revisar productos antes de mostrarlos, rechazar campañas que no encajan, sostener criterios que reducen ingresos en el corto plazo.
El sector va justamente en esa dirección, aunque llegó tarde.
Las agencias que trabajan con creadores ya no buscan simplemente aparecer en el perfil de alguien conocido, sino generar contenido que conecte de verdad con la audiencia y que esté alineado con sus valores. Lo explicaba Sergio Barreda, presidente de la Asociación Profesional de Influencia Digital de España, en declaraciones recogidas por elDiario.es en agosto de 2026. La medición dejó de ser solo de alcance y pasó a incluir objetivos concretos.
Ese giro tiene una explicación económica sencilla. Un creador cuya audiencia dejó de creerle no sirve para vender nada.
Hay algo en la trayectoria de Flor Danay Hernández que ayuda a entender por qué llegó a esa conclusión antes que muchos. Vendió durante casi dos décadas en Cuba, con productos físicos y clientes que estaban a un metro de distancia. En ese contexto, la reputación no es un concepto de marketing: es lo único que sostiene el negocio de la semana siguiente. Quien vende mal una vez en un barrio no vuelve a vender ahí.
«Vender es solucionar una necesidad», resume, y de ahí se desprende el resto.
Cuando está frente a una cámara no piensa solamente en el producto que tiene en las manos, sino en qué problema tiene la persona que está del otro lado y cómo eso podría resolvérselo. No intenta convencer a nadie de que necesita algo. Intenta mostrar por qué puede serle útil.
La diferencia entre las dos cosas parece de matiz. En el resultado no lo es.
Esa manera de entender la venta también explica su lectura del error más común entre quienes empiezan. Ve mucho miedo al rechazo y mucho intento de parecer perfecto frente a la cámara, cuando lo que hace que alguien conecte suele ser lo contrario.
«Una cámara amplifica muchas cosas, pero la autenticidad también.»
Hay una consecuencia de todo esto que Flor Danay Hernández menciona con menos entusiasmo. Desde que su trabajo empezó a tener reconocimiento, sabe que hay creadores estudiando lo que hace y marcas observando sus resultados. Eso, dice, obliga a evolucionar constantemente.
Y también obliga a no equivocarse en público con algo que recomendó por dinero.
