Hay figuras cuya influencia pertenece a una época concreta y otras que terminan trascendiendo décadas, generaciones y tendencias. Marilyn Monroe pertenece claramente al segundo grupo.
Cien años después de su nacimiento, su imagen continúa siendo una de las más reconocibles de la cultura popular: el vestido blanco levantándose sobre una rejilla del metro, los labios rojos perfectamente delineados, el pelo platino ondulado o aquel vestido cubierto de cristales con el que cantó «Happy Birthday» a John F. Kennedy siguen formando parte del imaginario colectivo de la moda y Hollywood.
Pero detrás de ese personaje hiperglamuroso existía una mujer mucho más compleja y contradictoria de lo que durante años quiso mostrar la industria.
Nacida como Norma Jeane Mortenson en 1926, Marilyn Monroe tuvo una infancia difícil marcada por la inestabilidad familiar y varios años pasando por hogares de acogida. Mucho antes de convertirse en el gran símbolo sexual del Hollywood de los cincuenta, fue una joven que entendió rápidamente el poder de la imagen y aprendió a construir cuidadosamente el personaje que el mundo terminaría conociendo como Marilyn Monroe.
Estudió maquillaje, fotografía, actuación, movimiento corporal y estilismo para construir una identidad visual absolutamente reconocible. Entendió antes que muchas otras celebridades cómo utilizar la moda y la presentación pública para construir un mito.
Marilyn Monroe y la construcción de la primera gran «imagen viral» de Hollywood
Mucho antes de la era de Instagram o las Influencers, Marilyn Monroe ya comprendía el valor de generar imágenes memorables. Cada vestido, cada aparición pública y cada fotografía parecían pensados para permanecer en la memoria colectiva.
Ahí nacieron algunos de los looks más importantes de la historia de la moda y el cine: el vestido halter blanco de The Seven Year Itch, el diseño fucsia satinado de Gentlemen Prefer Blondes o el famoso vestido nude cubierto de cristales firmado por Jean Louis que llevó para cantar «Happy Birthday» a JFK en 1962.
Más que simples vestuarios, aquellas prendas terminaron convirtiéndose en fenómenos culturales. Y lo interesante es que Marilyn era plenamente consciente del efecto que producían. Historiadores de moda y expertos en Hollywood coinciden en que utilizó la ropa como una herramienta estratégica para controlar la narrativa mediática alrededor de su figura y generar conversación pública mucho antes de que eso fuera habitual dentro de la cultura celebrity.
Su influencia llega hasta hoy. Madonna reinterpretó su estética durante la era Blonde Ambition, mientras que figuras contemporáneas como Kim Kardashian, Gwen Stefani, Billie Eilish o incluso Anna Nicole Smith han construido parte de su imaginario visual tomando referencias directas de Marilyn.
Su verdadero estilo personal era mucho más sencillo de lo que el mundo imaginaba
Lo curioso es que, fuera de cámaras, Marilyn Monroe vestía de una manera completamente distinta a la imagen sofisticada y teatral que Hollywood ayudó a construir. Mientras el público la asociaba a vestidos ceñidos, escotes imposibles y glamour extremo, en su vida privada prefería pantalones rectos, jerseys de cuello alto, camisas amplias, prendas de algodón, denim y siluetas cómodas en tonos neutros como beige, blanco o negro.
Muchas de las piezas conservadas de su armario personal muestran incluso señales evidentes de uso frecuente, algo poco habitual dentro de los archivos de grandes estrellas de Hollywood. Le interesaba la comodidad mucho más de lo que la narrativa pública hizo creer durante décadas.
También evitaba el exceso de joyería en su día a día y apostaba por una estética mucho más limpia y minimalista. En cierto sentido, esa dualidad entre Norma Jeane y Marilyn Monroe terminó siendo una de las partes más fascinantes de su legado: por un lado, el personaje más glamuroso de Hollywood; por el otro, una mujer que prefería prendas simples, funcionales y fáciles de habitar.
Por qué Marilyn Monroe sigue definiendo la idea de glamour cien años después
La influencia de Marilyn Monroe en la moda no se limita únicamente a sus vestidos más famosos. Tiene que ver también con una manera muy concreta de entender la feminidad, la sensualidad y la construcción de una estilo.
Ella logró algo extremadamente difícil: convertirse en un icono reconocible incluso a través de pequeños detalles. Además, su legado sigue resultando relevante porque muchas de las conversaciones actuales alrededor de la imagen femenina ya estaban presentes en su historia. Por ejemplo, la presión mediática, el control sobre el cuerpo, la sexualización y el uso estratégico de la moda como herramienta de poder.
Detrás de una de las imágenes más reproducidas de la historia existía una mujer mucho más inteligente, estratégica y compleja de lo que Hollywood estuvo dispuesto a reconocer en su momento. Y quizás por eso Marilyn siga tan presente, cien años después.
Hoy resulta imposible pensar en el glamour americano sin nombrarla a ella.
