Manuel Salvador Gautier: “Desde pequeño me gustaba la lectura”

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El Premio Nacional de Literatura 2018 cuenta que desde muy pequeño tuvo inclinación por la literatura.
Manuel Salvador Gautier comenzó a escribir a los 56 años, y debutó con la novela “Tiempo para héroes”, la que le hizo merecedor de varios premios

Su vida ha transcurrido entre la arquitectura y la escritura, sin embargo, es con este último oficio con el que más se identifica. Manuel Salvador Gautier, Premio Nacional de Literatura 2018, nos cuenta que desde muy pequeño sintió un apego especial por la literatura, y en su adolescencia ya había leído obras de importantes autores como Alejandro Dumas y Julio Verne, considerándose un “lector incansable”.

A la par, esas lecturas iban creando en él la necesidad de escribir, por lo que en varias ocasiones le llegó la inspiración de expresar sus ideas. Tras varios intentos fallidos, es a los 56 años cuando se compromete consigo mismo a emprender la aventura de escribir, decisión que más adelante le traería varios reconocimientos.
Su larga trayectoria como arquitecto también lo ha hecho merecedor de importantes premios, especialmente reconociendo sus aportes en la materia, como la utilización de paraboloides hiperbólicos.

1. Nacimiento
Nací el primero de agosto de 1930, en la calle La Trinitaria, la calle principal del barrio de San Carlos, en una casa de madera y zinc, con un cuarto de baño de bloques de cemento, alquilada por mis padres. Soy hijo del ingeniero Manuel Gautier, que trazó la frontera e hizo una serie de canales e importantes obras; y de Maricusa de Gautier, que nació en Santiago. Con una diferencia de 20 minutos, conmigo también nació mi mellizo, José, que fue el primero en salir del vientre de mi madre. Mis otras hermanas son Josefina y Milagros.

2. Familia
Mi padre es hijo del Dr. Salvador Bienvenido Gautier, nieto de Manuel María Gautier, quien murió siendo vicepresidente de la República, en el gobierno de Ulises Heureaux (Lilís). Mi padre se graduó de agrimensor en nuestra universidad, y después fue a estudiar ingeniería civil a Gantes, Bélgica. Trabajó primero en Puerto Rico; luego el presidente Horacio Vásquez lo llamó para que fuera el ingeniero que dirigiera los trabajos en el trazado de la frontera con Haití. Él continuó este trabajo durante el gobierno de Rafael Trujillo, hasta terminarlo. Luego Trujillo lo contrató para hacer puentes y canales, alcantarillados sanitarios y otras ocupaciones.

3. Infancia
Mi infancia transcurrió tranquilamente. Recuerdo vivir primero en una casa de madera que construyó mi padre, en un solar que le regaló mi abuelo. Originalmente este era una extensión del patio de la casa de mi abuelo en la calle 30 de Marzo, que llegaba hasta la calle Julio Verne, en Gascue. Al lado vivía mi tía Genoveva de Vásquez. De hecho, las tres familias, la de mi abuelo, mi tía y la nuestra, vivíamos patio con patio. Éramos tres hermanos y teníamos tres primas hermanas, más o menos de la misma edad. Todos jugábamos indistintamente en uno de los patios de las casas”.

4. Estudios
Fui primero inscrito en una escuelita para párvulos que quedaba a pocos pasos de mi casa. Luego, ya de 5 años, en 1935, me inscribieron en el Colegio Luis Muñoz Rivera, en la calle Dr. Báez de la ciudad. Allí hice el kindergarten y la primaria, que terminé en 1945. Ese año, mis padres nos enviaron a mi hermano y a mí a Nueva York, donde vivían mi abuela Teté, mi hermana Josefina y mi tía Genoveva; mi tía con su esposo Máximo Vásquez y sus hijas. Mi padre le había pedido a mi tío Máximo que localizara una escuela secundaria con internado, y él escogió The Peddie School, en Hisghstown, New Jersey, a una hora de Nueva York en autobús. Allí mi hermano y yo entramos a estudiar ese mismo verano de 1945, para aprender inglés. Yo terminé mis estudios cuatro años después, en 1949, y entré ese mismo año a la universidad de Cornell, en Ítaca, al norte del estado de Nueva York, para estudiar medicina. Hice el primer año de premédica, y comencé el segundo, pero me di cuenta que la medicina no era para mí. Decidí venir a la Universidad de Santo Domingo, a estudiar arquitectura. Entré allí en 1950 y terminé la carrera de ingeniero arquitecto en 1955. En 1956, conseguí una beca para estudiar restauración de monumentos en Roma, Italia. Terminé el doctorado en arquitectura en 1960”.

5. Primer trabajo
Mis primeros trabajos relacionados con la arquitectura fueron en construcción. Mientras era todavía estudiante, más o menos en 1953, fui el supervisor de unas casitas prefabricadas que construyó la Secretaría de Agricultura en Azua, para los inmigrantes españoles que venían huyendo de la guerra civil. También fui listero en la construcción de unos de los edificios en el aeropuerto de San Isidro. Ya graduado de arquitecto, pasé a dirigir el Departamento de Reparación y Construcción de la Administración de Bienes Nacionales, donde estuve por un año hasta conseguir la beca para ir a Roma”.

6. Primera novela
Comencé a escribir cuando ya tenía 56 años. Para redactar mi primera novela, me encerré en mi habitación, pues consideraba que esto era un acto íntimo que no me atrevía a compartir con otros. Solo cuando la completé, sentí otra necesidad, la de constatar si lo que había escrito tenía valor literario. De ahí que le solicitara al cuentista Virgilio Díaz Grullón, amigo de la familia, que la leyera. Le entregué un legajo de unas 1,800 páginas, que Díaz Grullón miró de reojo. Al cabo de unos días me llamó para darme su opinión. “La novela es muy larga; tienes que reducirla lo más que tú puedas. No te voy a decir dónde; eso lo tienes que decidir tú”. Tampoco me dijo si consideraba que la novela tenía valor literario, pero yo asumí que, con sus indicaciones, me estimulaba a seguir escribiéndola. La novela trata sobre la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en 1959, que se armó para deponer al dictador Rafael Trujillo. El historiador Emilio Cordero, cuyo hermano José murió en esa expedición, supo que yo estaba por publicar una obra sobre el tema, y me mandó a decir que quería leerla, porque si no servía, me lo iba a hacer saber. Le envié un ejemplar. La leyó. Recibí entonces otro mensaje de él, donde me recomendaba que la inscribiera en el Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván, de la Secretaría de Educación. Fue, en realidad, el primer reconocimiento del valor literario de mi obra. Inscribí la obra y gané el premio, como predijo Cordero”.

7. Dificultad
El momento más duro en mi vida fue cuando decidí abandonar la carrera de medicina, sin saber realmente a qué me quería dedicar. El primer año de premédica que hice en la carrera lo pasé entretenido. Lo difícil fue tomar la decisión de abandonarla, sabiendo que decepcionaría a mis padres y a toda mi familia. Fue algo que me abrumó un tanto, hasta que, ya terminado el mes de diciembre de 1950, cuando nos íbamos de vacaciones de Navidad, tomé el toro por los cuernos e informé a mis padres mi decisión. El resultado fue que cambié a la carrera de arquitectura”.

8. Literatura
La carrera de arquitectura fue la que tomé al abandonar la medicina. En cuanto a la literatura, desde pequeño me gustaba mucho la lectura. Al principio, solo leía novelitas de vaqueros y de detectives, pero entonces ocurrió algo que cambió totalmente esta inclinación. Al llegar al sexto o séptimo grado de la primaria, tuve una maestra de español llamada Zeneida de Polanco, que nos ponía a leer novelas de más envergadura, como María, de Jorge Isaac, o El capitán Veneno, de Pedro de Alarcón, lo cual me llevó a interesarme en buscar otras novelas del mismo tenor. Me leí todas las de Alejandro Dumas y Julio Verne, y otras más. Era un lector incansable”.

9. Frutos
Durante toda mi vida, no he perdido mi deseo de escribir narrativa. De vez en cuando, mientras ejercía mi carrera de arquitectura, me disponía a redactar una novela, pero no la seguía. Hasta que en 1986, en un momento en que había poco trabajo en mi oficina, comencé una. Cuando llegó trabajo, no la pude dejar. El resultado es una obra literaria con alrededor de 20 publicaciones, entre novelas y ensayos, que ha ganado varios premios literarios”.

10. Su obra predilecta
La obra que más me identifica es la novela “La fascinación de la rosa”. No es una autobiografía. Es una historia inventada sobre varios elementos que he experimentado y sobre los cuales creo. En algún sitio leí que la Trinidad, Dios, Jesús y el Espíritu Santo, tenían su contrapartida en Amor, Acción y Espiritualidad. Se me ocurrió que podía escribir una novela que estuviera dividida en esos tres tiempos, con un personaje que, a través de estos tres elementos, buscara un fin. Se me ocurrió tener un personaje en mis condiciones, a punto de retirarme después de un trabajo profesional exitoso. A eso le añadí su inconformidad con la vida, pues había llegado a viejo solo y sin amor”.

Vivió cinco años en los Estados Unidos

“Pasé un período de cinco años en los Estados Unidos, de 1945 a 1950. Durante ese tiempo aprendí lo que era una democracia operativa, con partidos organizados para establecer políticas que se discutían con la gente. Me simpatizó más el Partido Demócrata, por ser el que defendía con mayor énfasis los intereses de la gente común. Durante mi estancia, hubo las elecciones que ganó Harry Truman. En The Peddie School organizaron un viaje a Princeton para que, los que quisieran, asistieran a uno de los mítines de este partido; y yo, a pesar de que no era norteamericano, me enlisté para ir. Junto con una cantidad de partidarios demócratas, oí hablar a Truman y a varios más de los cabecillas del partido. Ya en mi país, simpaticé con el PRD, y no dejaba de asistir a los mítines que se daban en la ciudad. Estados Unidos significó también estar rodeado de informaciones culturales que solo había que tomar para conocerlas. Como me interesaba la lectura, leía el periódico New York Times de los domingos y buscaba las columnas donde aparecían las críticas que se hacían a los libros que se acababan de publicar, lo cual agudizó mi sentido del análisis de cualquier obra que leía. Sin embargo, los recuerdos más vivos que tengo de esa estancia tienen que ver con las fiestas de dominicanos que se hacían en el apartamento de mi tío Máximo y tía Genoveva, donde se bailaba merengue y el último ritmo cubano de moda, el cha cha cha, y mambo. También las incursiones que hacía el grupo de compañeros latinos de The Peddie School, que nos instalábamos en el mismo hotel para salir juntos de parranda por las calles de Nueva York. En definitiva, me gusta la cultura, y la diversión”.

Premio Nacional de Literatura

José Alcántara Almánzar, Emilia Pereira, Pedro Vergés, Manuel Salvador Gautier, Luis Manuel (Pepín) Corripio, Niní Cáffaro y Jorge Tena.

El escritor Manuel Salvador Gautier Castellón recibió el pasado martes el certificado y la partida económica del Premio Nacional de Literatura 2018 que conceden la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura. El ministro de Cultura, Pedro Vergés, y el empresario José Luis Corripio Estrada encabezaron la ceremonia de entrega en la sala Carlos Piantini, del Teatro Nacional, junto a José Alcántara Almánzar, Emilia Pereyra, Niní Cáffaro y Jorge Tena Reyes. “En estos 32 años en los cuales me he dedicado a escribir, he publicado 16 novelas, cuatro ensayos y un libro de cuentos. He sido incansable en mi producción literaria y he sido recompensado con una serie de premios literarios”, expresó Manuel Salvador Gautier en su discurso de agradecimiento, el cual provocó extensos aplausos de sus familiares, escritores, funcionarios, empresarios, diplomáticos y políticos, entre otras personalidades.

Club literario
“Cuando ya estaba en la secundaria, en los Estados Unidos, me inscribí en el Club de Literatura, donde hacía cuentos y poemas (en inglés). En esa época me leí La guerra y la paz, de León Tolstoi, que me marcó”.

En Suiza
“Mi vida profesional la hice ejerciendo la carrera de arquitectura. Me gradué en 1955 de ingeniero arquitecto, y en 1960 de doctor en arquitectura. Mi primer empleo cuando terminé en 1960, fue en Suiza”.

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