Estados Unidos reunió a más de 25 gobiernos aliados para coordinar la carrera por las redes 6G y evitar que China domine la próxima generación de telecomunicaciones móviles.
La iniciativa, denominada Call to Action for 6G Leadership and Security, fue impulsada por la Administración Nacional de Telecomunicaciones e Información, del Departamento de Comercio de EE. UU., junto a países socios. El objetivo es fortalecer cadenas de suministro digitales, acelerar la innovación y ampliar la cooperación multilateral en tecnología inalámbrica.
La convocatoria busca que las futuras redes 6G sean abiertas, interoperables, seguras, resilientes, eficientes y apoyadas por inteligencia artificial. El lenguaje diplomático evita mencionar directamente a China, pero la composición del bloque y sus prioridades reflejan la disputa estratégica por los estándares y la infraestructura del futuro.
En claves
- Estados Unidos lanzó una alianza internacional para coordinar liderazgo, seguridad y estándares del 6G.
- Más de 25 gobiernos participan en la iniciativa, incluidos Reino Unido, Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur, Suecia y Finlandia.
- La batalla por el 6G será tecnológica, industrial y geopolítica, porque definirá quién controla la infraestructura de datos de la próxima década.
- Washington conserva una posición formidable en software, inteligencia artificial y semiconductores, pero arrastra una debilidad incómoda: carece de un gran fabricante nacional de antenas y redes móviles.
- China llega a esta carrera con Huawei y ZTE, una cadena de proveedores nacionales, un enorme mercado interior y una política industrial coordinada desde el Estado.
- La próxima gran cita será la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2027, que se celebrará en Shanghái entre el 18 de octubre y el 12 de noviembre.
Una alianza de “naciones afines”
Entre los participantes figuran Albania, Canadá, Costa Rica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Honduras, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Noruega, Panamá, Paraguay, Filipinas, Corea del Sur, Rumanía, Suecia, Reino Unido y Australia. China no está incluida en el grupo.
La iniciativa prevé que los gobiernos designen puntos de contacto nacionales, consulten con la industria de telecomunicaciones y comiencen a coordinar estrategias sobre estándares, seguridad, espectro y cadenas de suministro.
La administradora de la NTIA, Arielle Roth, afirmó que el 6G será “dramáticamente diferente” al 5G y que el liderazgo de Estados Unidos y sus aliados requiere un enfoque distinto, basado en trabajo temprano con socios confiables.
El movimiento llega cuando Washington intenta evitar que se repita parte de la experiencia del 5G. Estados Unidos conserva una posición dominante en software, inteligencia artificial, nube, diseño de chips y servicios digitales, pero no cuenta con un gran fabricante nacional de infraestructura móvil capaz de competir globalmente con Huawei, ZTE, Ericsson, Nokia o Samsung.
La factura industrial del 5G
Estados Unidos no perdió por completo la carrera del 5G, pero sí quedó expuesto en una parte crítica: la fabricación de equipos de red (antenas).
Huawei consolidó una presencia global en infraestructura, mientras Washington terminó dependiendo en gran medida de las europeas Ericsson, Nokia y, en algunos contratos, Samsung para desplegar redes móviles. Esa dependencia no es menor. Las antenas, estaciones base y sistemas de acceso radioeléctrico son la capa física por donde pasa el tráfico digital de gobiernos, empresas, hospitales, puertos, aeropuertos y servicios públicos.
Ericsson afirma que su fábrica de Lewisville, Texas, es actualmente la única instalación que produce equipamiento de telecomunicaciones a escala en Estados Unidos. La empresa ha invertido más de US$150 millones en la planta y sostiene allí más de 550 empleos.
La capacidad existe en territorio estadounidense, pero pertenece a una compañía sueca. Ese detalle resume el problema industrial de Washington: puede diseñar chips, dominar software y liderar inteligencia artificial, pero no controla por sí solo toda la cadena de fabricación de redes móviles.
Mucho más que velocidad
El 6G no será simplemente un 5G más rápido. Las futuras redes están llamadas a integrar comunicaciones, inteligencia artificial, sensores, computación en la nube, redes satelitales, robots, vehículos autónomos y sistemas industriales. La propia declaración de principios sobre 6G respaldada por gobiernos aliados plantea redes seguras, abiertas, resilientes y capaces de integrar redes no terrestres como satélites y plataformas de gran altitud.
Ericsson ya realizó en Texas una prueba preestándar de 6G usando espectro cercano a los 7 GHz, con 400 MHz de ancho de banda, para procesar robótica con inteligencia artificial y video en tiempo real.
La consecuencia estratégica es clara: las redes 6G no solo transportarán datos. También podrán detectar movimiento, localizar objetos, coordinar máquinas, alimentar algoritmos y conectar infraestructuras críticas. Quien controle esa capa física tendrá una posición privilegiada en la economía digital y en la seguridad nacional.
Shanghái repartirá parte del futuro
La próxima gran cita será la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2027, organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
El encuentro se celebrará en Shanghái, China, del 18 de octubre al 12 de noviembre de 2027. Allí se revisarán reglas internacionales sobre espectro radioeléctrico y usos orbitales que condicionarán durante décadas el despliegue de redes móviles, satélites y nuevos servicios digitales.
El contraste es inevitable: Occidente intenta contener la influencia china sobre el 6G, pero una parte esencial de la negociación internacional sobre frecuencias tendrá lugar precisamente en China.
Ese escenario explica la urgencia de Washington. En telecomunicaciones, ganar no significa solo inventar una tecnología. Significa fabricar millones de componentes, reducir costos, asegurar proveedores, influir en organismos de estándares, obtener contratos internacionales y lograr que otros países adopten el mismo ecosistema.
China llega a esa carrera con Huawei, ZTE, un mercado interno gigantesco, financiación estatal, proveedores nacionales y una política industrial coordinada. Estados Unidos responde con alianzas, software, chips, inteligencia artificial y presión diplomática. Europa, por su parte, conserva dos piezas esenciales: Ericsson y Nokia, dos de los pocos fabricantes occidentales capaces de suministrar redes completas.
La batalla por el 6G será, por tanto, una disputa por la arquitectura profunda del poder digital. El software procesa los datos, pero el hierro los recibe primero. Y Washington acaba de reconocer que no quiere volver a llegar tarde a la infraestructura que moverá el futuro.
