La no-escuelita de Montaner
La no-escuelita de Montaner

Deben estarse celebrando ya los cinco años de la no-escuelita de Ricardo Montaner. El artista, con casa en Arroyo Barril, quiso regalarle a los niños pobres de ese enclave cercano a Samaná una escuelita modelo.

La idea viene desde el gobierno pasado. De modo que han pasado dos presidentes, tres o cuatro ministros de Educación y por alguna razón desconocida Ricardo Montaner nunca pudo hacer su escuelita cuyo sistema pedagógico iba a ser experimental en el país, basado en la enseñanza desde las artes.

Recuerdo el rifirrafe del alcalde de Arroyo Barril que dijo que en los terrenos que Montaner proponía hacer la escuelita se haría el cementerio. Ganaron las tumbas sobre los pupitres.

“Por encima de mi cadáver”, decía, con toda la razón de quien se tiene que sentir respaldado por alguien mucho más grande que él. Porque esas cosas cuando el presidente lo ha santificado y supuestamente el ministro de Educación ha tomado como tarea suya, no hay santo que se meta en el medio. Pues hubo santo metido en el medio. ¡Vaya a saber Dios!

Lo triste es que han pasado cinco años y ya los niños de entonces son adolescentes, y crecieron con la pedagogía del dembow, en natural contraposición a la pedagogía de la decencia y el buen gusto, del sentido estético de la vida y de los intereses en otras cuestiones que no sean los carros de alta gama, las nalgas de las muchachonas con percings hasta en la vulva y la droga en las uñas largas.

Probablemente algún día se pueda saber por qué oscura razón ni el mismísimo presidente ha podido -si él dio la orden hace tres años- ayudar a hacer realidad de Ricardo Montaner. Porque cuando el artista vio que el lío eran las tierras para el cementerio, decidió comprar un lote para ese fin. Pero no ha podido hacer realidad la escuelita.

Cuando un gobierno no tiene en el centro la cultura del país, como demostraron el anterior y el actual, no hay modo que la no-escuelita del soñador Ricardo Montaner pueda ser la escuelita. Aunque cante Déjame llorar, mañana puede cantar Me va a extrañar, porque la gloria de Dios es el fin, y los malos no son eternos.

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