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“No se debe cambiar de caballo mientras se está vadeando un río”, dicho por Joaquín Balaguer, parafraseando al presidente Abraham Lincoln, al justificar una de sus muchas reelecciones como Presidente de la República.

El 23 de mayo, las presiones norteamericanas alcanzaron su climax. Sentado tranquilamente ante su antiguo escritorio de caoba en el Palacio Nacional, el presidente Balaguer sopesaba las posibilidades. No le quedaban muchas. La manifiesta inquietud de Washington por el curso del proceso electoral dominicano indicaba con claridad hacia qué lado de la lucha política del país soplaban los aires del Potomac. Sus días como presidente parecían aproximarse a su fin. Después de todo eran ya doce años.

Balaguer levantó la vista del pequeño legajo de papeles sobre su escritorio y clavó sus apagados ojos cubiertos por una espesa montura en el silencioso personaje que acababa de entrar a su despacho. Era Rafael Bello Andino, su fiel subsecretario administrativo de la Presidencia y asistente personal, quien portaba la información de que minutos antes, en Washington, había comenzado la audiencia ante el Sub-Comité de Organizaciones Internacionales del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, que conocería las quejas de graves irregularidades en el proceso electoral dominicano. Balaguer no hizo ningún gesto visible. Escuchó pacientemente las breves notas transmitidas por su embajador ante la Casa Blanca y pasó a discutir otros asuntos con su secretario.

La audiencia congresional era una señal inequívoca de que los argumentos del gobierno habían encontrado poco eco en las altas esferas de decisión norteamericanas. Constituía también, y esto era lo que más parecía preocupar a Balaguer y a su gente, una evidencia fehaciente de la creciente influencia de sus adversarios políticos locales en los altos círculos del Congreso y del gobierno de los Estados Unidos. Era la confirmación de que las gestiones del doctor Peña Gómez, líder del PRD, estaban teniendo éxito y que el poder tendría que ser traspasado inevitablemente al candidato opositor Antonio Guzmán. El peso de los Estados Unidos en la vida de la nación era demasiado grande ; estaba por encima de su empecinamiento de mantenerse en el Palacio Nacional a despecho de los catastróficos resultados electorales, que los jefes militares habían tratado de anular por la vía de la fuerza.

El inicio de la audiencia sobre el caso dominicano ante un subcomité del Congreso norteamericano no era más que otra cuenta de un largo rosario de presiones y quejas que los Estados Unidos habían vertido sobre Balaguer, sin que éste , al parecer, midiera con exactitud sus consecuencias. Se remontaban a septiembre de 1977, a raíz de un viaje del presidente a Washington en ocasión de la firma del tratado por virtud del cual el gobierno de los Estados Unidos se comprometía formalmente a devolver el Canal de Panamá antes de que expirara el siglo.

Ese viaje había contribuido a levantar falsas expectativas al presidente y sus principales colaboradores con respecto a la posición que habría de asumir la administración Carter en cuanto al proceso electoral del país. Balaguer no había prestado demasiada atención a las advertencias de que su permanencia en el poder por otros cuatro años no era del agrado de sus antiguos aliados del norte, menos si pretendía quedarse por medio de la coacción o la fuerza, a través de unos comicios amañados, aspecto de las artes políticas en el que se le consideraba un virtuoso.

La presencia de Balaguer en Washington había despertado sentimientos muy diversos. La impresión inicial de un anciano ciego y tambaleante al caminar, ayudado por una de sus hermanas, Emma, que formaba parte de su séquito, había dado paso a una confusa mezcla de sentimientos encontrados. Era obvio que las evidencias físicas de debilidad que había mostrado Balaguer tendían a reforzar las opiniones de aquellos que entendían que un cambio era conveniente para la democracia dominicana. Pero no existían dudas de que Carter había quedado de algún modo impresionado por la presencia de esta figura pequeña y enjuta de voz queda y expresión taciturna. De todos modos, eran muy escasos los mandatarios presentes para la firma del tratado sobre el canal que podían enorgullecerse de sus credenciales democráticas. Omar Torrijos, el hombre fuerte de Panamá, a quien se entregaría el canal, no era precisamente un ejemplo de tolerancia, y muchos menos podían serlo los generales Augusto Pinochet, de Chile, y Jorge Videla, de Argentina. Por más que se le considerara un cesarista, Balaguer podía enarbolar frente a sus demás colegas latinoamericanos éxitos innegables en la marcha de su país hacia una democracia verdadera. Del extenso elenco de presidentes que habían acudido allí para firmar como testigos de tan histórico acontecimiento, sólo él, Carlos Andrés Pérez, de Venezuela ; Alfonso López Michelsen, de Colombia ; y Daniel Oduber, de Costa Rica, podían ser señalados como líderes de gobiernos democráticos en la tradición latinoamericana.

Nada tenía de extraño que bajo tales circunstancias, Carter se volcara en elogios sobre el presidente dominicano después de la entrevista que ambos sostuvieran en la Casa Blanca, el jueves 8 de septiembre. Las agencias internacionales de prensa se encargaron de difundirlos a todos los confines. Según el despacho de la AP, firmado por Ary Moleón, Carter reconoció los esfuerzos de Balaguer por transformar la República Dominicana en una democracia después de “años de gobiernos represivos”. Bajo su liderazgo, dijo, el país había logrado increíbles progresos y se encaminaba a elecciones el año siguiente que serían modelo para el hemisferio. El mérito de Balaguer consistía en haber propiciado el tránsito de su país del totalitarismo a una democracia. Según UPI, Carter había destacado también la dedicación de su colega dominicano a la causa de los derechos humanos, diciendo que ello le había servido a él de inspiración.

Estas expresiones bastaban para justificar la movilización de Balaguer a la capital norteamericana y constituían, incuestionablemente, un triunfo político como muy pocos. Pero contribuirían a enturbiar la percepción de su régimen respecto a los objetivos inmediatos de la política estadounidense hacia la República Dominicana. Los errores de juicio motivaron pasos que el presidente no pudo echar después atrás y que conducirían irremediablemente a las primeras confrontaciones serias con los Estados Unidos. El más costoso de todos fue el de intentar aprovecharse de las expresiones de Carter para impulsar una nueva candidatura reeleccionista . La reacción norteamericana no tardó en presentarse.

El 11 de noviembre, el congresista Donald M. Fraser, demócrata por el estado de Minnesota y presidente del Sub-Comité de Organizaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, dirigió una extensa misiva al presidente Carter protestando por el mal uso dado por Balaguer al encuentro de ambos en Washington y la aparición de graves irregularidades que podían comprometer la realización de elecciones libres en la República Dominicana. La iniciativa epistolar de Fraser tendría una profunda repercusión en la Casa Blanca y contribuiría con el paso de las semanas siguientes a modificar su política frente a los procesos electorales, no sólo de esa nación antillana, sino de toda la América Latina.

“Es sumamente importante”, advertía Fraser a Carter, “ que el gobierno de los Estados Unidos mantenga una posición de absoluta neutralidad entre los partidos políticos contendores. No debemos demostrar parcialidad partidaria hacia el gobierno actual ni hacia los partidos políticos de oposición. Por supuesto que todo gobierno debe observar tal principio, pero es particularmente importante que los Estados Unidos observe ese principio en vista de la fuerte influencia que hemos mantenido en la República Dominicana desde que dicho país fuera ocupado por nuestras fuerzas armadas en 1965”. Fraser se lamentaba de que Estados Unidos dejara de cumplir con ese principio en la República Dominicana “ y por consiguiente podrían estar obrando contra unas elecciones auténtica y abiertamente libres el año que viene”. Se quejaba de la existencia de “una parcialidad sin reservas hacia el régimen dominicano con el efecto de insinuar a ese pueblo que “en términos de relaciones de amistad con los Estados Unidos, sería preferible continuar con el gobierno del presidente Balaguer en vez de optar por la elección de uno de los partidos de oposición”.

Se refería específicamente a la declaración de Carter del 8 de septiembre y la reproducía en su carta a éste ,cuyo texto es como sigue : “ Mantenemos una relación extremadamente buena con la República Dominicana. El presidente Balaguer ha dado un ejemplo para todos los líderes en esta nación al distanciar a su propio país y a su propio pueblo de un antiguo gobierno totalitario hacia uno de una democracia cada vez más pura. Y el compromiso que ha demostrado en la preservación de los derechos humanos y al anticiparse a otras naciones en este esfuerzo me ha servido de inspiración. Hemos estado conversando con el presidente Balaguer acerca de las próximas elecciones del año que viene, que serán abiertas y libres, y creo que constituirán un modelo para todos de la universalidad del derecho de voto y la libre expresión de la voluntad del pueblo para seleccionar su propio gobierno”.

Esta declaración de Carter fue ampliamente difundida por las autoridades dominicanas. Fraser veía en ello un intento de manipulación para mantener al anciano presidente en el poder. El congresista avisaba a Carter que el gobierno de Santo Domingo había hecho publicar un brochure a color de múltiples páginas con el título “El presidente Balaguer en Washington”, copia del cual anexaba en su carta, repleto de fotografías de ambos, con una cita in extenso de las declaraciones del mandatario estadounidense. Según Fraser, este era un ejemplo de “interpretación extravagante” por cuanto se hacía entender a los dominicanos que su presidente era “el único líder latinoamericano” que había suscitado la admiración de Carter por la conducta ejemplar del gobierno, especialmente en lo que se refería a que Balaguer había servido de inspiración para el Presidente de los Estados Unidos. “Queda claro que este brochure será utilizado como un principal documento político para apoyar la cuarta elección del presidente Balaguer, después de doce años en la presidencia”, advertía en su carta.

Fraser se había tomado la molestia de hacer sus propias indagaciones. Informaba a Carter que dos miembros del personal del sub-comité visitaron la República Dominicana dos semanas antes, a finales de octubre, los cuales habían traído reportes de quejas del PRD respecto a los “efectos negativos” de las declaraciones del presidente norteamericano sobre el presidente dominicano. Aunque este era el partido que había sido derrocado del poder en 1963, después de ganar las primeras elecciones libres tras la caída de la tiranía de Rafael Trujillo, el PRD había logrado mantener y hasta aumentar su fuerza. “Existe la creencia generalizada”, puntualizaba el congresista, “ de que pudiera (el PRD) realizar una campaña vigorosa y efectiva con candidatos altamente respetados seleccionados de sus propias filas. Pero el PRD cree ahora que la declaración suya y la publicidad que el presidente Balaguer le dio podrían tener el efecto de convencer al pueblo dominicano de que deben elegir a un presidente que alegadamente haya ganado el favor suyo”.

Existía otro problema mucho más complejo relacionado con la historia dominicana de fraudes electorales. Fraser lo analizaba de esta manera en su correspondencia al inquilino de la Casa Blanca : “ Además del problema de la parcialidad norteamericana en las elecciones, no importa lo inesperado que fuera, los partidos de oposición se encuentran en desventaja debido a su historia de fraude electoral y de injusticia en la República Dominicana. Vale la pena notar que inmediatamente después de reunirse con usted el 8 de septiembre, el presidente Balaguer volvió a la embajada de la República Dominicana para un rueda de prensa. En la embajada, él declaró que aunque no le había mencionado el tema a usted, él se sentía obligado a decirle a los periodistas lo que ya se sabía—que las Fuerzas Armadas tradicionalmente han tenido una historia de intervención en el proceso electoral”. Balaguer también afirmaría que éste constituía uno de los “ vicios” de la política nacional de su país que él intentaba eliminar.

Fraser no concedía ninguna sinceridad a tales afirmaciones, al señalar que el historial de Balaguer no era bueno en este aspecto. Por ejemplo, mencionaba que a despecho del control que ejercía sobre el ejército—de unos 30,000 miembros—, en las elecciones presidenciales anteriores de 1970 y 1974, el PRD se había visto precisado a retirarse de ambas campañas
“ debido al hostigamiento , la intimidación y hasta asesinatos de miembros del PRD por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional”. Citaba como otra prueba , el que a principios de ese mismo año, el jefe del Ejército intentara evitar que el líder del PRD, José Francisco Peña Gómez, asistiera a una reunión de la Internacional Socialista en Roma al incoar una demanda en su contra bajo el cargo de difamar a las Fuerzas Armadas y a sus principales mandos.

Durante su visita a la República Dominicana, los miembros del personal del sub-comité habían observado el uso por Balaguer de los servicios del gobierno para hacer prosperar su próxima nominación presidencial. El presidente no era aún oficialmente candidato, pero pocos dudaban de sus intenciones. Fraser exponía a Carter detalles de las observaciones de su personal , como fue el caso de una demostración de mujeres en apoyo a Balaguer celebrada el 29 de octubre. En esa ocasión se había exigido la asistencia de empleados públicos mientras se le pagaba a otros para que acudieran. Un periódico local había publicado en primera plana una foto de un oficial militar distribuyendo afiches de Balaguer durante el acto. Los miembros del personal de Fraser también habían observado que una radioemisora que transmitía una reunión política de oposición había sido bloqueada, mientras otro periódico reportaba que un local del PRD fue incendiado de “manera misteriosa”. Todo eso hacía suponer que contrario a las esperanzas del presidente de Estados Unidos, el gobierno dominicano “ no está garantizando condiciones electorales equitativas”.

Como consecuencia de ello, la Casa Blanca debía tomar, según el congresista, acciones significativas y concretas que ayudaran a corregir la fuerte impresión, “aunque no fuera intencional, de que favorecemos al presidente Balaguer”. De no ser así, los dominicanos podrían criticar “con mucha justicia” a los Estados Unidos por intervenir e influir en las elecciones. Como parte de esas acciones, Fraser sugería una reunión de Carter con los líderes del PRD. “Dicha reunión les daría la oportunidad de explicar las dificultades y las perspectivas de celebrar una campaña electoral justa, y unas elecciones limpias en la República Dominicana”. Incluso recomendaba la utilidad de que una vez celebrada esa reunión, Carter reiterara públicamente el interés de su administración por el éxito y transparencia de ese proceso “y nuestra absoluta neutralidad frente a dichas elecciones”.

En otras palabras, la idea era la de aclarar que sin importar cuál de los partidos resultara ganador, los Estados Unidos mantendrán relaciones amistosas con la República Dominicana, siempre y cuando, por supuesto, esas elecciones se dieran limpias y de manera incuestionable. Fraser le recordaba a Carter la reafirmación de su compromiso con los derechos humanos y con la democracia. “ Creo que el compromiso de esta administración con los derechos humanos exige que corrijamos la impresión que se ha creado como resultado de nuestras declaraciones anteriores”, precisaba en su carta. “ Es importante que la presente administración no establezca el precedente de dar la apariencia de ejercer influencia ni tomar partida en las elecciones”.

La Casa Blanca no echaría al olvido estas observaciones y sugerencias. Menos de dos semanas después, el 23 de noviembre, Frank Moore, asistente del presidente para enlace con el Congreso, dirigió a solicitud de éste una breve comunicación a Fraser para informarle que sus comentarios “ estaban bajo consideración”. Tres días más tarde, el secretario ejecutivo del Departamento de Estado, Peter Tarnoff, envió un memorándum al consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, con un borrador anexo de respuesta a la carta de Fraser. En relación con la sugerencia de que el presidente se reuniera con dirigentes del PRD, el borrador de respuesta recomendaba que la iniciativa de dicha reunión partiera del PRD y que si llegara a recibirse dicha solicitud, entonces debía concertarse una reunión con un oficial de alto nivel del Departamento de Estado, nunca con el presidente.

Entretanto, Fraser seguía librando su propia batalla. El 29 de noviembre, escribió una escueta nota a Brzezinski anexándole copia del brochure “El presidente Balaguer en Washington” que había citado en su carta del 11 de ese mes al presidente Carter.

A comienzos de diciembre, podían ya palparse los resultados de sus esfuerzos con respecto a las elecciones de mediados del año siguiente en la pequeña república del Caribe. Para ese entonces, Brzezinski dirigió un memorándum al presidente Carter relativo a la carta de Fraser. “Aparentemente Balaguer está utilizando las declaraciones y las fotos tomadas durante su visita (a Washington), como una señal de su respaldo a su candidatura como presidente”, refería el consejero presidencial de Seguridad. “Siempre me impresiona saber cómo unos pocos comentarios en los Estados Unidos pueden tener un impacto tan enorme en un país pequeño. Aparentemente el partido de oposición, el PRD, que se había sentido especialmente cercano a usted, ahora siente que usted le ha prestado una ayuda injusta a Balaguer”. Brzezinski se mostraba opuesto a la sugerencia de Fraser de que Carter compensara ese gesto de “parcialidad” a través de una reunión con los líderes del PRD, señalando que en su opinión, y en la del Departamento de Estado, “ eso lo implicaría aún más en la política de la República Dominicana”. Sin embargo, entendía que la carta de Fraser presentaba en cambio la oportunidad, que él recomendaba, de fijar de “manera clara y firme, la posición del gobierno de los Estados Unidos en cuanto a las elecciones en Latinoamérica”. Esa posición tenía que ser de “neutralidad” con respecto a los partidos o candidatos particulares y de apoyo firme a las elecciones libres.

“Se espera que muchos países en América Latina celebren elecciones el año que viene, y ya hay candidatos que han hecho comentarios acerca de la parcialidad de los Estados Unidos hacia un candidato u otro (la mayoría de las veces, a favor de candidatos militares y conservadores). La carta que yo recomiendo que se envíe a Don Fraser, debe aclarar las cosas desde el principio y podría ayudarnos a evitar problemas adicionales. También se lo enviaremos por cable a nuestras embajadas para asegurarnos de que lo implementen”, proponía Brzezinski al presidente. El memorándum estaba sustentado en otro que en fecha 9 de diciembre Robert Pastor, del personal de la Casa Blanca, remitiera al consejero de Seguridad aconsejando una política de neutralidad con respecto a las elecciones en la América Latina. A sugerencia de Pastor, Brzezinski envió también un memorándum en diciembre al secretario de Estado, Cyrus Vance, recomendando , por instrucciones del presidente, que se instruyera a los embajadores acreditados en las naciones latinoamericanas “ para que se aseguren de que nuestras misiones apoyen esta política de elecciones de manera coherente y consistente”. Por alguna razón, hacía notar, “no se ha articulado una posición clara para nuestros embajadores, y a menos que se haga, temo que nos pueda causar muchos problemas el año que viene”.

El 7 de diciembre, Brzezinski escribió a Fraser. El texto era el siguiente :

“El presidente me ha pedido responder a tu carta del 11 de noviembre, y a los reportes de los dos miembros de tu personal acerca de su visita a Santo Domingo.

“Sé que él comparte tu deseo de que haya elecciones ‘auténtica y abiertamente libres’ el año que viene, no solamente en la República Dominicana sino también en toda Latinoamérica y el Caribe. Nuestros embajadores en esos países han recibido instrucciones de aclarar bien nuestra preferencia a favor de elecciones libres, pero también a mantener una neutralidad estricta con respecto a partidos o candidatos particulares.

“Sin embargo, temo que esta neutralidad podría parecer amenazada si el presidente acogiera tu sugerencia de reunirse con representantes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

“El presidente se reunió con el presidente Balaguer en su calidad de jefe de Estado, no como candidato potencial para una posición. Definitivamente nada de lo que dijo el presidente durante su visita debe ser interpretado como un respaldo de su candidatura.

“Por supuesto, nuestra embajada en Santo Domingo ya tiene amplios contactos con grupos de oposición. Pero si el PRD solicita una reunión en Washington, yo estaría complacido de hacer los arreglos para que se reúnan con un miembro de mi personal.

“Agradezco tus opiniones acerca de este asunto, y quiero que sepas que el presidente y yo compartimos tu dedicación al mantenimiento de los principios de la democracia, tanto aquí como en el extranjero”.

Ocho días después, el 15 de diciembre, Fraser volvió a la carga. Al agradecer a Brzezinski su respuesta a la comunicación que había dirigido a Carter el 11 de noviembre, le informaba que estaba solicitando al Departamento de Estado que “instruya a nuestra embajada en Santo Domingo para que presenten esta correspondencia al presidente Balaguer igual que al doctor José Francisco Peña (Pina en el original) Gómez, secretario general del Partido Revolucionario Dominicano, el principal partido de oposición”.

Esto último presentaba algunos inconvenientes de forma. El 21 de diciembre, Robert Pastor dirigió otro memorándum a Brzezinski para informarle de una conversación con John Salzburg, asistente de Fraser, a través de quien obtuvo la nueva de que el congresista había enviado ya copia de la carta que recibiera de Brzezinski y la original suya a Peña Gómez y que también pensaba enviarla a la embajada dominicana en Washington. Según Pastor, él había referido a Salzburg que “los puntos a que se hacían referencia en la carta que usted (Brzezinski) envió reflejaban la política del gobierno de los Estados Unidos, y que por lo tanto sería comunicada verbalmente a los correspondientes oficiales dominicanos”. Asimismo, le dijo que se trataba de una correspondencia personal y que “ no pensábamos que procedía comunicarla”.

Pastor le aclaró que había conversado con el Departamento de Estado “ y concuerdo en que sería un error enviar las cartas a Balaguer con nuestro embajador, porque parecería una retractación cuando no hay nada que lo justifique”. Sin embargo, insistía en dos puntos básicos : la reunión de Carter con Balaguer “no constituía un apoyo de su candidatura” y “nuestra posición en cuanto a las elecciones en la República Dominicana y en otros países debe ser de neutralidad con respecto a partidos y candidatos particulares, y debe ser positiva en cuanto al tema de elecciones libres”.

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Las presiones siguieron en aumento durante todo el resto de diciembre y las primeras semanas de enero de 1978, a medida que el PRD incrementaba sus denuncias acerca de irregularidades en el proceso electoral y abierta intervención militar en favor de la reelección del presidente. Los esfuerzos de Balaguer para atenuarlas naufragaban con celeridad. Un comunicado oficial del Partido Reformista de mediados de enero rechazando los cuestionamientos norteamericanos como presiones indebidas y franca injerencia en los asuntos domésticos del país, tendrían sobre el régimen el mismo efecto negativo que la impresión del brochure a color acerca de la visita del mandatario a la Casa Blanca, de cuya publicación, además, desvinculaban a Balaguer.

La posición del gobierno dominicano frente a Washington descendía a una velocidad pasmosa. Todo aquello quedaba claro con la nueva aparición de Fraser en el escenario. El 26 de enero, el congresista escribió una extensa carta a Brzezinski enumerando una amplia lista de conflictos en torno a las próximas elecciones en el país caribeño. Esta nueva iniciativa epistolar tendría el efecto de una bomba en los círculos más liberales de la administración demócrata, donde las acciones de Balaguer valían, en efecto, muy poco.

El texto de esta comunicación ayuda a comprender los sentimientos dominantes en esos círculos en aquella época y la actitud que el gobierno de Carter asumiría meses después al estallar la crisis electoral dominicana. Fraser se dirigió a Brzezinski en los términos siguientes :

“Te escribo con relación a los recientes acontecimientos referentes a la campaña presidencial en la República Dominicana. Tu recordarás que el día 11 de noviembre le escribí al presidente Carter con referencia a la declaración que él hizo el 8 de septiembre después de reunirse con el presidente Balaguer. En dicha carta yo indiqué que el presidente Balaguer estaba utilizando las declaraciones del presidente Carter para indicar que nosotros habíamos demostrado alguna parcialidad con respecto a las próximas elecciones presidenciales en mayo de este año. También indiqué que basado en una reciente visita de personal a la República Dominicana, ya había indicios de irregularidades en la campaña.

“Tal como yo te indiqué en una carta anterior, mi comunicación al presidente Carter y tu respuesta a la misma fueron enviadas al gobierno de la República Dominicana igual que al principal partido de oposición, el Revolucionario Dominicano (PRD). El Partido Reformista del presidente Balaguer publicó un anuncio de página completa que criticaba fuertemente mis posiciones acerca de la situación, e interpretaba con gran libertad el significado de tu respuesta. Anexo te envío copia de dicho anuncio y una traducción al inglés. La declaración insinúa que de acuerdo a tu carta, el presidente Carter considera que mi carta constituyó una injerencia abierta en asuntos que competen exclusivamente a la jurisdicción dominicana, y que constituye un desconocimiento arbitrario de la realidad política que existe en ese país desde que el presidente Balaguer llegó al poder , quien ‘sin duda alguna introdujo el estado más brillante y respetuoso de libertades públicas y derechos humanos’ .

“También el comunicado alega que tú declaraste que el presidente Balaguer fue elegido libremente en elecciones abiertas en las cuales la mayoría del pueblo le entregó su mandato para permitir que él siguiera encabezando el país por el camino hacia el progreso, la libertad y la paz. Ciertamente no encuentro nada en tu carta del 7 de diciembre que insinúe dichas afirmaciones. Además, parecería contradecir el principio que tú has establecido en tu carta en el sentido de que los Estados Unidos deben mantener una ‘neutralidad estricta’ con respecto a partidos y candidatos particulares”.

La comunicación anexaba también algunos recortes de prensa procedentes de la República Dominicana, referentes a irregularidades en el registro de votantes. Uno de ellos informaba de la comprobación por la Junta Central Electoral de 15,000 casos de electores con más de un carnet de registro. Otro daba cuenta de una denuncia de un ex – empleado del organismo de que en la oficina donde él laboraba se expedían documentos para votar a miembros de las Fuerzas Armadas, a quienes la Constitución no les permite ejercer el sufragio. Un tercer recorte acusaba a la Cruzada del Amor, organización presidida por Emma , la hermana más cercana del presidente, de emitir carnets del registro electoral, una facultad que la ley sólo permitía a la Junta. También había recortes de publicaciones en las que el PRD alegaba que más de 100,000 ciudadanos pobres, con edad para votar, no habían podido registrarse por carecer de dinero para comprar la tarjeta. “ Reconozco”, decía Fraser a Brzezinski en esta nueva carta, “ que el gobierno rechaza algunas de estas alegaciones y afirma que con respecto a otras, se están haciendo esfuerzos por eliminarlas. No sabemos con seguridad cuál es la verdad. Sin embargo, las alegaciones sí provocan serios cuestionamientos acerca de la posibilidad de que las elecciones en la República Dominicana sean libres y auténticas, tal como todos esperamos que sean”.

Todos estos incidentes, sin embrago, no tenían la gravedad que Fraser creía ver en la actitud de los más altos jerarcas militares del país. El ejemplo más inquietante lo daba una declaración pública del mayor general Enrique Pérez y Pérez, comandante de la Primera Brigada del Ejército.Fraser llamaba la atención del consejero de Seguridad de Carter respecto a la decisiva injerencia de este oficial en campañas anteriores en beneficio de la candidatura de Balaguer. “Se dice que el señor Pérez”, relataba el congresista norteamericano, “ha declarado que el PRD y los partidos de oposición no deben hacerse ilusiones en cuanto a la posibilidad de derrotar al Partido Reformista y al presidente Balaguer el 16 de mayo del presente año. Lo citan diciendo que el PRD no va a ganar las elecciones. Además, dicen que declaró que nadie va a ganarle al doctor Balaguer. La nación ‘ lo requiere. Es la única salvación’.”

Las conclusiones de Fraser favorecían, de hecho, un endurecimiento de la política hacia el gobierno balaguerista. “Tanto las declaraciones atribuidas a ti en la prensa dominicana ”, señalaba en su carta a Brzezinski , “ como los reportes de irregularidades de campaña que han surgido durante los últimos meses subrayan la necesidad de que los Estados Unidos vuelvan a enfatizar nuestro interés en la celebración de elecciones real y abiertamente libres y que reiteremos nuestras intenciones de mantener una neutralidad estricta. Me han informado al respecto que el PRD enviará una comisión compuesta de sus líderes a los Estados Unidos el 6 y 7 de febrero. El candidato presidencial, Antonio Guzmán, no formará parte de la comisión. Dicho grupo incluirá al presidente y al secretario general del partido y al candidato a la vicepresidencia. Creo que sería muy deseable que usted se reuniera con esta comisión durante su estadía en los Estados Unidos. La reunión te daría la oportunidad de recibir de primera mano las alegaciones de irregularidades de campaña que han sucedido en ese país. También te daría la oportunidad de reiterar la preocupación del presidente de que las elecciones se celebren de manera auténtica y abiertamente libres, y que los Estados Unidos se mantienen estrictamente neutrales. En términos de precedencia, el presidente Carter se reunió con el líder del Partido Socialista de Francia durante su reciente viaje al extranjero. Espero que tengas la oportunidad de reunirte con la delegación del PRD”.

Fraser demandaba de Brzezinski “una respuesta del Departamento de Estado con sus comentarios” acerca de las denuncias de irregularidades en la campaña dominicana, incluyendo las declaraciones del general Pérez y Pérez. El gobierno que sentía el peso de todas estas gestiones comenzaba a entender que pisaba sobre tierra movediza. El candidato vicepresidencial del PRD, Jacobo Majluta, calificaba , entretanto, de “ infortunada, irrespetuosa e inconstitucional” las declaraciones del alto oficial, advirtiendo que su partido derrotaría a Balaguer en las elecciones, que nada impediría el traspaso del poder y que en el país “ se mantendrá la institucionalidad, y la nación definitivamente será conducida por el camino de una democracia real y justa”. El Servicio Congresional de Investigación tradujo esta declaración de Majluta y la envió a la Biblioteca del Congreso.

La Casa Blanca no tomó a la ligera las nuevas observaciones de Fraser. El 3 de febrero, la secretaria de personal de la Casa Blanca, Christine Dodson, envió un memorándum al secretario ejecutivo del Departamento de Estado, Peter Tarnoff, haciendo mención de la carta del congresista y pidiendo, para más tardar el 6 de febrero, fecha en que estaba prevista la llegada de la delegación del PRD a Washington, un breve informe evaluativo de las denuncias de irregularidades en el proceso dominicano para el uso de Fraser y el Consejero de Seguridad Nacional, Brzezinski.

El curso de la política dominicana estaba acaparando una atención inusual en las altas esferas del gobierno norteamericano. Pero no todas las opiniones parecían desfavorables a Balaguer. Algunos funcionarios del más alto nivel como Robert Pastor, creían que el caso no ameritaba la importancia que otros estaban prestándole. En un memorándum del 3 de febrero a Brzezinski, Pastor, le comentaba : “ Don Fraser y su asistente John Salzberg parecen estar obsesionados con las elecciones dominicanas. Esta es la tercera carta en menos de dos meses. Esta carta señala varias irregularidades y luego sugiere que usted siga la estrategia de Miterrand, y que se reúna con un grupo de líderes del PRD, la oposición dominicana. En vista del calor de las elecciones en ese país, creo que dicha reunión sería innecesariamente provocadora. Creo que procede que los Estados Unidos se distancien más de las elecciones, y estoy de acuerdo con las personas del Departamento de Estado en el sentido de que mi presencia en una reunión con (Warren) Christopher sería adecuado. Salzberg acaba de llamar e informarme que el grupo del PRD estará aquí el lunes y martes, los días 6 y 7 de febrero, y que urge responder a Fraser antes de esa fecha”.

Pastor añadió un post data informando a Brzezinski que su carta del 7 de diciembre se envió antes de que él decidiera que su correspondencia no se usará para fijar una política. “Desgraciadamente, es la única declaración clara y pública y al mismo tiempo breve por parte de un oficial del gobierno norteamericano acerca de nuestras políticas frente a las elecciones en Latinoamérica”. Pastor agregó que muchos periódicos latinoamericanos se habían referido a ella y que tal como le señalara Fraser en su carta más reciente, Balaguer obtuvo una copia “ y aparentemente ha estado malinterpretándola en los periódicos que él controla”.

También le informaba que estaba recibiendo llamadas del Capitolio y de embajadas latinoamericanas solicitando copias de la carta “ y mientras me he estado negando a suministrarlas, estuve pensando más acerca del asunto y creo que debemos emitir una declaración de política en tu carta o de alguna otra manera”. Pastor entendía que una correspondencia de Brzezinski sería la vía más rápida, pero que existía la alternativa de hacerlo a través de una declaración del secretario de Estado, Cyrus Vance, de su asistente Christopher, o del mismo consejero de Seguridad, y que, asimismo, podrían bastar para el caso sencillamente algunas orientaciones para la prensa.

Días antes de que los delegados del PRD pisaran la capital norteamericana, Brzezinski respondió la carta de Fraser del 26 de enero. “ Sigo creyendo que no sería útil para el proceso democrático en la República Dominicana si el presidente o yo nos reuniéramos con la comisión del PRD que viene a los Estados Unidos. Claro que lamento que mis cartas dirigidas a ti fueran objeto de distorsión, pero no creo que sea necesario compensar por estas aparentes irregularidades”. El consejero de Seguridad le prometía al congresista que tal como le había escrito el 7 de diciembre “ el personal de mi oficina está complacido de reunirse con líderes del PRD. Entiendo que el secretario adjunto Warren Christopher también está preparado para reunirse con ellos, y tal vez Bob Pastor podría asistir a esa reunión en el Departamento de Estado”.

La ocasión parecía propicia para reiterar los fundamentos de la actitud hacia los países al sur de sus fronteras. “ Nuestra política frente a elecciones permanece igual : una neutralidad con respecto a los candidatos al mismo tiempo de declarar de manera firme nuestra preferencia por la celebración de elecciones libres. Nuestro embajador (en Santo Domingo) está consciente de esa política, y está haciendo lo mejor que puede para que sea implementada”.

Por instrucciones de la Casa Blanca, el Departamento de Estado respondió el 14 de febrero las exigencias de Fraser respecto a las irregularidades reportadas en la campaña electoral dominicana. En carta suscrita por el secretario adjunto para relaciones con el Congreso, Douglas J. Bennet, Jr., se atendían punto por punto las inquietudes del legislador. “ Con respecto a las alegadas irregularidades en el registro de votantes que menciona su carta, nuestra embajada en Santo Domingo informa que la Junta Central Electoral ha establecido que en 15,000 casos los votantes tenían posesión de más de un certificado de registro electoral. Cuando la denuncia de este doble registro fue hecha por un líder político de la oposición , la Junta Central Electoral reportó que estaba consciente del asunto y que lo tenía bajo consideración. Parecería que el sistema computarizado de registro de la Junta detectó dichas irregularidades y, según la Junta, eliminaría dichos registros, duplicados o múltiples”.

Con referencia a la denuncia de que se había dotado de esos carnets de votación a militares, la embajada informó que “no les sorprendería si se hicieran algunos intentos de inscribir personal militar, lo cual es ilegal en la República Dominicana. Hasta la fecha, la embajada no tiene evidencia suficiente para determinar si esto ha sucedido o quién podría ser el responsable. La Junta Electoral ha informado a nuestra embajada que se mantiene alerta a las posibilidades de esto y de otros esfuerzos para violentar las leyes electorales”.

El Departamento de Estado informaba también a Fraser que según el organismo electoral, la Cruzada del Amor, encabezada por la hermana del presidente Balaguer, carece de autoridad para expedir los carnets de identidad que constituyen un requisito para votar. Aunque los directivos de la Cruzada negaban haber expedido carnets del registro sí , en cambio, estaban dispuestos, cuando fuera necesario, asumir el pago de la cuota de un peso (alrededor de un dólar) que exige la ley para los carnets del registro, a fin de garantizar que sus seguidores queden inscritos, práctica que no se estima ilegal. Con referencia al reporte de que 100,000 dominicanos pobres en edad apta para el sufragio no han podido obtener el registro, por lo que se verán impedidos de votar, la embajada informaba que “muchos dominicanos, sobre todo entre los más pobres de las zonas rurales, probablemente no puedan darse el lujo de pagar la cuota de un peso por concepto de registro. Sin embargo, la Junta Electoral cuestiona la precisión del número de votantes no registrados que reclama el señor (Jacobo) Majluta, candidato a la vicepresidencia por el PRD. La Junta cree que el número de no registrados se acerca más al 10,000 que al 100,000”.

En lo referente a las denuncias de intervención militar en la campaña, la comunicación expresaba :“ El Departamento de Estado comparte su preocupación por la declaración hecha por el mayor general Enrique Pérez y Pérez, comandante de la Primera Brigada del Ejército, en el sentido de que el partido de oposición PRD no va a ganar las elecciones del 16 de mayo. Según nuestra embajada, Pérez hizo esta declaración cuando fue cuestionado por periodistas el día 11 de enero, y fue criticado por la prensa local, por círculos políticos dominicanos, y por su superior, el teniente general Juan René Beauchamps Javier, secretario de Estado de las Fuerzas Armadas. El día 16 de enero, el teniente general Beauchamps, sin mencionar a Pérez, repitió su declaración pública anterior de que constituye una violación de la Constitución dominicana el que los militares se hayan involucrado en asuntos políticos”.

El informe del Departamento de Estado a Fraser terminaba diciendo : “A medida que se desarrolla la campaña electoral en la República Dominicana, el Departamento y nuestra embajada en Santo Domingo seguirán la situación de manera estrecha, sobre todo en cuanto a cualquier irregularidad electoral de gravedad. Nuestra embajada en Santo Domingo se ha mantenido en comunicación continua con representantes de los principales partidos, con el gobierno dominicano, y con oficiales militares, así como con representantes de otros importantes sectores de la sociedad dominicana, para enfatizarles el deseo de que se celebren elecciones libres y abiertas, y reiterar la completa neutralidad de los Estados Unidos con respecto a los candidatos en dichas elecciones. Miembros de nuestra Oficina de Asuntos Caribeños estarán complacidos de mantenerse en estrecho contacto con miembros de tu personal acerca de nuevos acontecimientos en la campaña. Al mismo tiempo debo enfatizar que los dominicanos, como nosotros, se sienten muy sensibles a cualquier injerencia en su proceso electoral. También como hemos vistos en experiencias recientes, grupos dentro de la República Dominicana han distorsionado porciones de algunas cartas y declaraciones norteamericanas para acomodarlas a sus propios fines políticos”. Para evitar ese tipo de distorsión o denuncias de injerencia norteamericana en la campaña dominicana, el Departamento de Estado solicitaba a Fraser que el contenido de esa carta fuera mantenida en “ estricta confidencialidad”.

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La visita de los delegados del PRD y sus reuniones con funcionarios del Departamento de Estado, las continuas denuncias de violaciones a las leyes electorales y la abierta participación militar en actividades en favor de la reelección del presidente Balaguer, mantuvieron vivo el debate sobre el proceso dominicano en Washington durante todo el resto del período. Los meses de febrero, marzo y abril estuvieron caracterizados por informes de irregularidades que contribuyeron a recrudecer más las confrontaciones políticas y a reforzar la decisión norteamericana de que Balaguer debía terminar sus días como presidente al expirar el presente mandato.

Fue en esos días que el presidente Carter dio uno de sus más atrevidos pasos. Maurice Ferré, alcalde de Miami, visitó el país para cumplir un encargo no oficial de la Casa Blanca. La selección de este funcionario no era antojadiza. De ascendencia puertorriqueña, podía hablarle a Balaguer en su propio idioma sin necesidad de un intérprete. Le unían, además, lazos de afecto con el mandatario. Su tío, Luis Ferré, gobernador del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, era amigo del presidente dominicano, quien había tenido la oportunidad de agasajarlo en ocasión de una de sus visitas al país. El mismo Maurice Ferré conocía personalmente a Balaguer y tenía una alta opinión de su gestión como presidente.

Su misión era secreta y a su visita se le dio un carácter privado. Le fue a recibir al aeropuerto su amigo Salomón Sanz, quien gozaba de buenas influencias en el gobierno a pesar de no desempeñar ninguna función oficial. Del aeropuerto se dirigieron directamente al Palacio Nacional donde Balaguer los recibió casi inmediatamente. Ferré pasó de las formalidades al propósito de su visita. Era portador del mensaje de que el presidente debía desistir de su reelección y aceptar la conveniencia de un pronto retiro. Su permanencia en el cargo, por otro mandato, podía constituirse en un elemento de fricción y dificultar la buena marcha de las relaciones bilaterales. El rostro de Balaguer se endureció a medida que su visitante le exponía las razones de su presencia. Su tez, normalmente pálida, adquirió un tono rojizo y estalló en cólera. Dando un puñetazo sobre el escritorio protestó diciendo que no podía aceptar ese tipo de imposición por parte de una potencia extranjera, por constituir una flagrante injerencia en los asuntos domésticos de una nación , pequeña y pobre, pero soberana, como lo era la dominicana. No hubo otros intentos como este durante el resto de la campaña.

Estos eran los antecedentes que habían motorizado el interés del Congreso de los Estados Unidos por el proceso electoral dominicano. La interrupción abrupta del conteo de los votos y la amenaza de un golpe militar para desconocer los resultados legítimos de las votaciones del 16 de mayo, habían preparado el camino para la audiencia que el Sub – Comité de Organizaciones Internacionales del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes se aprestaba a iniciar ese 23 de mayo en Washington, mientras la tensión política seguía en aumento en la República Dominicana.

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Los últimos informes procedentes de Santo Domingo mantenían intranquilos a los funcionarios de la Casa Blanca y el Departamento de Estado. La amenaza de un estallido social incontrolable se paseaba como un fantasma, a pesar de los esfuerzos del presidente Balaguer para evitar el caos mediante el ofrecimiento de garantías de absoluto respeto a la voluntad popular expresada en las urnas. Los militares habían abandonado la sede de la Junta Electoral y el escrutinio de las votaciones continuaba aparentemente de manera normal. Pero la lentitud de la operación en nada contribuía a tranquilizar los ánimos.

Alarmados por el giro que la interrupción del proceso había dado a los acontecimientos, Carter atendió en la mañana del 17 de mayo una llamada de Fraser luego de ordenar que Madeleine Albright instruyera a Curtis Cutter, del Departamento de Estado, para que preparara los puntos de discusión para esa conferencia telefónica. Y minutos después, el secretario de Estado, Cyrus Vance, intentó en vano comunicarse telefónicamente con el mandatario dominicano. Vance telegrafió, vía la embajada norteamericana, un breve pero contundente mensaje de dos párrafos a Balaguer, advirtiéndole de las consecuencias de una interrupción del proceso por parte de los militares y en el que quedaba clara la intención de Washington de adoptar medidas contra esa posibilidad. Inevitablemente, las relaciones entre los dos países quedarían seriamente afectadas, decía Vance, quien se quejaba al presidente de su vano esfuerzo por hablarle esa misma mañana, e insistiendo en la importancia de que “yo hable con usted sobre este asunto el cual es de la más extrema importancia para nuestras relaciones”.

El mensaje era demasiado directo y claro como para que el gobierno persistiera en ignorarlo. A las 10 :30 p.m. del mismo día, Balaguer cablegrafió a Vance garantizándole que la normalidad quedaría restablecida rápidamente. Y le informaba que el “organismo competente” (la JCE) había manifestado horas antes su disposición de reanudar al día siguiente los cómputos, señalando que la interrupción no se debía a una “interferencia militar”, sino a “rumores propalados (por) sectores antidemocráticos acerca (de) un supuesto golpe de estado”.

El día 19, el congresista Fraser volvió a dirigirse por escrito directamente al presidente Carter para advertirle de la gravedad de la situación. “Desde que hablamos el miércoles”, dijo en su carta, “los acontecimientos en la República Dominicana no han mejorado de manera significativa, y en algunos aspectos se han deteriorado”. El creciente malestar se debía, según el relato del legislador, a que posterior al retiro militar, unidades castrenses ocuparon varias mesas electorales e impusieron medidas de coerción para obligar a los oficiales electorales a que falsifiquen el conteo de los votos. En adición, la Junta Electoral ha advertido que podría tomarse entre diez y quince días para terminar el escrutinio de los votos.

Entre muchos indicios dignos de preocupación Fraser citaba el hecho de que en su discurso de la noche del día 18, Balaguer no mencionara la intervención militar para detener la contabilidad de los votos y, en su lugar, se refiriera “al problema de intervención extranjera”. En base a esto no estaba claro si el presidente dominicano y las fuerzas militares y policiales se proponían permitir que concluyera la tarea de contar la totalidad de los votos ni mucho menos “permitir que el ganador asuma la presidencia”. Tras considerar como muy grave la situación, Fraser recomendaba que la Casa Blanca contemplara “seriamente la suspensión de la ayuda militar y venta de equipos militares “hasta tanto se produjeran cambios “ y estemos satisfechos de que se haya respetado la integridad del proceso electoral”.

No fue esa la única gestión personal de ese día del congresista relacionada con la crisis dominicana. En horas de la tarde, Fraser y el senador Edward Kennedy, demócrata por Massachusetts, telegrafiaron a Balaguer una protesta en términos muy severos para expresarle “nuestra profunda preocupación por la intervención de las Fuerzas Armadas en el proceso electoral celebrado en su país. Celebramos y nos sentimos alentados por sus garantías al presidente Carter y al mundo de que se celebrarían unas elecciones abiertas y libres en la República Dominicana, y por su invitación a la Organización de Estados Americanos para que observaran dichas elecciones. Sin embargo, nos preocupamos al saber que las Fuerzas Armadas habían ocupado las oficinas de la Junta Electoral e interrumpido el conteo de los votos. Le exhortamos a que cumpla con sus garantías y que imparta las instrucciones a las Fuerzas Armadas para que entreguen completamente su control del proceso electoral, y que permitan que la Junta Electoral siga un escrutinio preciso y limpio de los votos. Mientras las Fuerzas Armadas sigan impidiendo el proceso democrático en la República Dominicana, las relaciones entre nuestras naciones corren el riesgo de ser gravemente socavadas. Nuestros dos países tienen un compromiso demasiado importante con la democracia en este hemisferio como para que permitamos que ocurra esta tragedia”.

La jornada del viernes 19 traería todavía otras angustias al presidente dominicano. Al caer la tarde, el vocero de la Casa Blanca, Tom Reston, anunció, según despachos internacionales de prensa fechados en Washington, que se daría a conocer en breve una declaración sobre la situación en la república del Caribe. Reston , según la AFP, reiteró la preocupación del Departamento de Estado ante la intervención militar en el proceso electoral y dijo que Estados Unidos sólo apoyaba elecciones libres y honestas. La declaración no tardó en producirse.

En la tarde del mismo día 19, Carter hizo público un mensaje dirigido a Balaguer en el que advertía que el apoyo de los Estados Unidos al gobierno dominicano “dependerá de la honestidad” en el recuento de los votos de las elecciones recién pasadas. “Estoy seriamente preocupado por los acontecimientos que rodean las elecciones en la República Dominicana”, dijo, al señalar que estaba en contacto con los gobernantes de varios países de la región y con el secretario general de la OEA en relación con la situación en ese país. Y manifestaba su creencia de que ambos “ compartimos una preocupación común por la integridad de los procesos democráticos”. Conservo la esperanza, continuaba, que “las autoridades electorales legalmente constituidas , estén en condiciones de cumplir sus responsabilidades sin interferencia, y que el resultado de las elecciones sea respetado por todos”. Carter revelaba que los Estados Unidos estudiarían el informe presentado por los tres prominentes observadores invitados a presenciar el certamen. “El grado de apoyo de nuestro país al gobierno dominicano dependerá de la integridad del proceso electoral”, dijo enfáticamente.

Mientras la Casa Blanca daba a conocer el texto del mensaje de Carter a los periodistas en Washington, el embajador Robert L. Yost entregaba en Santo Domingo al canciller, vicealmirante Ramón Emilio Jiménez, el texto oficial en inglés del mismo. Carter remitió ocho días después un segundo mensaje, está vez privado, al presidente dominicano en términos más blandos que el primero.

En sus memorias, Balaguer califica este nuevo mensaje como “un gesto espontáneo” y “una señal de desagravio” por parte del presidente norteamericano.

El texto de dicho mensaje es el siguiente:

“Acabo de conocer los resultados de las elecciones presidenciales en la República Dominicana, y quiero expresar mi profunda admiración por la calidad de hombre de Estado que ha demostrado usted durante este periodo de tanta importancia para el pueblo dominicano. Su larga e ilustre carrera de servicios al pueblo dominicano asegura que su nombre vivirá entre los ciudadanos de su país y nuestro hemisferio. Recuerdo nuestra reunión en Washington, el pasado septiembre, cuando usted me habló del compromiso de su gobierno con la democracia, y con unas elecciones verdaderamente libres. La Junta Central Electoral, la cual usted ayudó a establecer, actuó valerosa e independientemente para llevar a cabo su compromiso. Al pasar usted el peso de responsabilidad a su sucesor electo estoy seguro que la historia recordará su contribución al establecimiento de una verdadera democracia en la República Dominicana, como uno de sus más bellos logros. Deseo asegurarle que mi gobierno desea cooperar con el suyo en todas formas, tanto durante el periodo de transición como después que su sucesor tome posesión para promover el continuo progreso democrático y bienestar del pueblo dominicano”.

Balaguer tardaría dos días en responderle éste último. El 29 de mayo, dirigió una carta al embajador Yost anexando el texto oficial de su respuesta a Carter “y sobre lo que el suscrito ha hecho modestamente para contribuir a mantener entre los dominicanos, sin distingo de ideas políticas, un clima de verdadera convivencia civilizada”. El mensaje eludía, a todas luces, el terreno de las confrontaciones y estaba cuidadosamente redactado para evitar irritaciones o malos entendidos en la Casa Blanca.

El texto era como sigue :

“Tengo la honra referirme al noble mensaje que Vuestra Excelencia se dignó dirigirme el día 27 del mes de mayo en el cual alude a las elecciones recientemente celebradas en nuestro país para señalar ese hecho como un hermoso logro de la democracia dominicana. Aprecio profundamente los hermosos conceptos que Vuestra Excelencia se dignó emitir en ese mensaje acerca de mi modesta participación en la lucha que el pueblo dominicano ha librado en los últimos años para la restauración de sus instituciones democráticas y para rodear de garantías efectivas el respeto a los derechos humanos en una nación que ha pasado por largas vicisitudes políticas y cuyos problemas no han sido justamente comprendidos por la opinión pública extranjera. Aprecio y agradezco igualmente a Vuestra Excelencia y al gobierno de los Estados Unidos la cooperación que siempre he recibido durante mi gestión al frente de los destinos de mi país y por el sentido altamente democrático con que Vuestra Excelencia se ha esforzado en mantener nuestras relaciones sobre un plano de mutuo respeto y de recíproca consideración. Reciba Vuestra Excelencia, conjuntamente con los sentimientos de mi más alta estima personal, las seguridades del respeto y admiración de todo el pueblo y el gobierno de la República Dominicana. Joaquín Balaguer”.

El tono moderado de este intercambio epistolar no reflejaba necesariamente el nivel de las relaciones. El 31 de mayo, la Cancillería envió al presidente Balaguer un memorándum urgente informándole de la queja presentada ese mismo día por el ministro consejero de la embajada de los Estados Unidos, Philip Axerold, quién había telefoneado al subsecretario Pedro Padilla Tonos “para expresar la honda preocupación y desagrado que había producido “ a esa misión diplomática “la actitud de la Policía Nacional al enviar pocos agentes policiales cuando le fue solicitada protección a la embajada con motivo de estarse efectuando una manifestación hostil contra la representación diplomática norteamericana”.

Según la Cancillería, Axerold dijo que la embajada tenía conocimiento de que empleados de una empresa estatal del grupo CORDE, “ estaban participando en la manifestación”. La embajada entendía que “ esa manifestación había sido organizada y preparada previamente”.

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Los Estados Unidos no creían en las protestas de inocencia de Balaguer respecto a los hechos de la madrugada del 17 de mayo. Si bien carecían de elementos para afirmar que él había promovido el intento de golpe, estaban convencidos de que en cambio había impartido “ su bendición” a los militares. Un artículo analítico sobre el cual la oficina del diputado Fraser basó muchas de sus apreciaciones de la situación dominicana en ese momento, sostenía que Balaguer “no ejerció su compromiso ostensible con la democracia, al permanecer callado cuando las tropas se apoderaron de las mesas electorales”.

Enviado por la oficina de Fraser al presidente Carter y al Departamento de Estado, como sustento de sus reclamos de aciones enérgicas contra el gobierno dominicano, este análisis era, en esencia, una radiografía cruda de los últimos sucesos políticos del país. El triunfo de Guzmán había sido una “sorpresa”, decía, puesto que Balaguer, al igual que observadores diplomáticos norteamericanos, “ estaba seguro de la victoria”, debido a que ha sido siempre muy difícil derrotar a un presidente en ejercicio “ sobre todo cuando tiene el respaldo de los militares”. Los acontecimientos dominicanos representaron un golpe embarazoso para la administración , sostenía. No sólo se estaba socavando el proceso democrático, sino que Carter había elogiado a Balaguer públicamente como “un paladín” del sistema. Esto explicaba la rapidez con que la administración se movilizó.

El mismo 17 de mayo, el Departamento de Estado estableció un grupo de trabajo especial en la República Dominicana y el embajador Yost, quien apenas había presentado credenciales en vísperas de las elecciones, recibió instrucciones de visitar a Balaguer para expresar la preocupación de los Estados Unidos por estos sucesos. Todo esto era parte de los planes de contingencia permanentes en el Departamento. Sin embargo, Balaguer se negó a recibir a Yost, una actitud que mantendría durante las dos semanas siguientes. Yost pasó horas sentado en la marquesina de la residencia presidencial esperando en vano que lo recibieran. El presidente también, de acuerdo con el referido análisis, se negó a recibir una llamada telefónica del secretario de Estado Vance.

Después que los presidentes de Venezuela, Costa Rica, Colombia y Panamá, condenaron públicamente el comportamiento del gobierno dominicano, el día 18, el Departamento de Estado entabló consultas urgentes con varios gobiernos latinoamericanos para considerar una acción internacional. Laborando en secreto, Estados Unidos y Venezuela decidieron convocar, días después, una reunión urgente de los ministros de Relaciones Exteriores del hemisferio, sobre la base de que el irrespeto a los resultados de las elecciones dominicanas podía constituir “una amenaza a la paz” regional.

La posibilidad de llevar a efecto esta acción en el marco de la OEA era remota, pero el énfasis del esfuerzo norteamericano se centró en promover un incremento de la presión internacional, con un éxito inmediato. Los amarres internacionales del PRD con la Internacional Socialista, especialmente con los gobiernos social demócratas de Alemania y Portugal, facilitaron la causa, forzando a Balaguer a reanudar el conteo de los votos. El presidente Pérez había amenazado, por su parte, con un corte de las ventas subsidiadas de petróleo venezolano, vitales para la economía dominicana de entonces.

Los Estados Unidos llegaron a considerar acciones directas. Molestos por los desaires del presidente Balaguer a la visita de Yost y a la llamada de Vance, contemplaron la posibilidad del retiro de su embajador y los tres oficiales que componían la oficina de ayuda para la seguridad militar, conocido por MAAG. Esto hubiera significado también la suspensión de la venta de equipos militares por un millón de dólares. Finalmente, el teniente general Dennis P. McAuliffe, jefe del Comando Sur, con sede en Panamá, estableció un contacto directo descrito por el análisis como “altamente efectivo” con el general Beauchamps Javier. Ambos se conocían y McAuliffe no encontró dificultades en convencerle de las consecuencias de un golpe de estado.

Durante los primeros días de la crisis, Carter se mantuvo informado de los acontecimientos a través de los apuntes de “lectura nocturna” que el secretario Vance le enviaba diariamente, obviando a veces al personal del Consejo de Seguridad. Aunque Carter no lo dijo, el condicionamiento de su apoyo al gobierno dominicano al respeto a los resultados electorales, en su enérgica declaración del 19 de mayo, comprometía los 21 millones de dólares de ayuda estadounidense programada para ese año. Todos esos elementos se conjugaron para doblegar la resistencia de Balaguer.

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