En esta tercera entrega mostraremos qué hacer en el entorno familiar cuando tenemos una situación de salud mental.
Las necesidades que dejan de ser cubiertas por la incapacidad del ser querido que sufre el trastorno afectan especialmente a los niños y adolescentes. Estos se sienten confundidos por los cambios de temperamento, pudiendo desarrollar ansiedad, sentimientos de culpa, al pensar que si se portaran mejor tal vez su padre o madre no estarían afectados.
Entonces, ¿qué puede hacer la familia para enfrentar una situación como esta?
Aunque el impacto sea muy fuerte las familias que lo superan comúnmente desarrollan resiliencia: la capacidad de ser funcional a pesar de la adversidad, adquiriendo formas saludables para manejar cada situación.
Educarse y aprender sobre la enfermedad especifica que incluye depresión, esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad, etc., es importante. Es el primer paso para entender, crear empatía y dejar de culpar.
La ayuda profesional y la terapia familiar resultan invaluables. A través de ese apoyo se puede desarrollar una mejor comunicación, estableciendo límites y procesando adecuadamente las emociones de los miembros.
Los “grupos de apoyo” para las familias permiten compartir experiencias con quienes viven una situación similar y al solidarizarse se sentirán menos solos.
También es importante resaltar que quien cuida, debe recibir cuidado, pues deberá priorizar su propia salud mental y física. Tomar descansos y desconectarse para distraerse con alguna afición es necesario para poder cuidar y eso no es ser egoísta.
Deberá haber una comunicación abierta y sin juicios. Crear ambientes donde todos puedan expresar sus miedos y frustraciones sin sentirse juzgados o criticados.
Aprender a establecer límites y decir “NO” cuando sea necesario, evitar asumir responsabilidades que corresponden a la persona que sufre el trastorno; ayudar no significa resolverle todo.
Hablar de salud mental dentro de la familia ayuda a normalizar la condición y releva del estigma al vínculo social.
