Autor: Bernardo Adán de la Cruz
Anteriormente habíamos citado a Hobbes para quien la ley o contrato entre los iguales, busca que la libertad sea ejercida y disfrutada, sin perjudicar a los demás.
Entonces la ley busca garantizar la no desigualdad entre los iguales. Es decir, nadie menos igual que los demás, y busca alcanzar un estado de armonía en la colectividad.
Y como somos “el demás de los demás” como dice Joan Manuel Serrat, la regla o ley plantea garantizar que todos tengamos el mismo régimen de igualdad y limitaciones.
Sin reglas prevalece la anarquía y no es posible la existencia de ningún grupo humano.
Todas las instituciones que han permanecido en el tiempo se deben a la existencia de leyes o reglas y que las mismas se aplican.
Cuando observamos las religiones, todas predican que las personas puedan alcanzar un estado de libertad y plenitud, pero sustentado en reglas. Todas tienen como ejes transversales las reglas. En el caso de las religiones cristianas, encontramos amplias muestras de la importancia de las reglas y escogemos un versículo que lo sintetiza: “porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7: 13, 14.). Y en el mismo versículo dice que ancha es la puerta que lleva a la perdición. Es decir, se refiere al uso de la libertad con límites y la razón de bien común.
En el campo social, cuando vemos los países que han alcanzado pleno desarrollo, se debe a la existencia de reglas o leyes que se aplican a todos por igual, sin importar coyuntura, posición social, económico o político.
Aquellos países sumergidos en la pobreza tienen como constante la violación de la ley. Entonces, en ese tipo de sociedades se imponen la fuerza y el interés de pocos que dejan como legado a las grandes mayorías la miseria e indignidad en sus condiciones de vida de vida.
