Las enseñanzas de la “marcha verde”

A finales de enero del 2017 escribí que la “marcha verde” de protesta realiza días antes dejaba dos elementos dignos de valorarse. El primero se refiere a la actividad misma, con la cual se derribó la añeja creencia de que las demostraciones pacíficas no sirven para nada ni promueven cambios de actitudes. El segundo se relaciona con la actitud asumida por el gobierno de entonces, al reconocer el derecho a la protesta pacífica.
En resumen, cuando se aprende a vivir en democracia, el gobierno alcanza a entender la importancia de aceptar la crítica y los reclamos con la tolerancia debida, aun cuando provienen de adversarios reacios a reconocer sus aportes al bien común. De manera que esa marcha constituyó una demostración de civismo y respeto mutuo por ambas partes, por más que haya habido estridencia y voces desbocadas en fatal y estéril búsqueda de protagonismo.

Lo importante es que la marcha se dio, como se había programado. Y más todavía que se diera sin incidentes, lo que sienta un precedente muy positivo de actuación policial, permitiendo así que los manifestantes regresaran a sus casas con la sensación de haber cumplido con un deber ciudadano y el gobierno con la seguridad de haber garantizado un derecho consagrado en la Constitución y las leyes dominicanas.

Cuatro años después, queda esperar una reflexión nacional sobre esa experiencia para extraer las enseñanzas que ayuden al país a resolver sus graves problemas, sin confrontaciones que no sean las propias de una discusión franca y abierta. No hacerlo sería un grave error, porque las razones de aquella demostración reflejaban un real sentimiento ciudadano, por mucho que se la haya aprovechado con fines partidistas por parte de dirigentes incapaces de promoverla.

Celebremos pues ese gran día de tolerancia. Y garanticemos que los cambios políticos no nieguen a los ciudadanos modelos idénticos de protesta.

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