De la distancia

Cuando escuchamos la palabra distancia, de inmediato nuestro cerebro lo asocia a espacio físico. Comenzamos a contar los pasos que hay entre nuestra ubicación y la de ese lugar que queremos visitar, el punto en que se encuentra ese alguien con quien nos gustaría tener una conversación cercana.
En algunos casos esa distancia hace referencia al antes y al ahora.

Muchas veces traducimos el tiempo en distancia y viceversa.

Nos ubicamos en un día de un año y de inmediato comenzamos a ver la distancia entre el tiempo pasado y el tiempo actual.

En este caso, pensamos en el tramo recorrido desde entonces hasta ahora. Es entonces como los años se vuelven largos tramos recorridos.

La distancia, cualquiera que sea el motivo por el cual se mencione, siempre produce una sensación de separación, de tristeza y profunda nostalgia.

Ella, aunque resulte paradójico, nos enseña a valorar y apreciar la cercanía, lo maravilloso que es tener a tu lado a aquellos que amas.

La distancia nos hace lamentar el tiempo que desperdiciamos echando a perder los que pudieron ser momentos hermosos.

Ella nos castiga cada vez que quisiéramos regresar a ese punto sin retorno para tratar de corregir lo que ya no tiene solución.

En nuestras vidas, en determinados momentos y por distintas razones, hemos tenido que poner distancia con personas y lugares. Unas son tremendamente dolorosas, otras aunque dolorosas, han sido necesarias y algunas simplemente han sido una bendición y nos han devuelto la anhelada tranquilidad.

Algo que si es un error es creer que solo podemos estar donde estamos físicamente. No es cierto que miles de kilómetros de lejanía signifiquen realmente que estamos distantes de quienes amamos y de los lugares donde nos sentimos realmente felices.

La real distancia es aquella que vivimos cuando estamos rodeados de muchas personas con las que no tenemos nada en común. La distancia más dolorosa es la indiferencia que mostramos a aquellos que nos aman.

Estar cerca de quien amamos, vivir en ese lugar en el que siempre hemos vivido y sentir que ya no encajamos es la más larga e insalvable de las distancias.

No siempre estamos donde está nuestro cuerpo. En realidad estamos donde están nuestros pensamientos. Estamos en todo momento en los lugares donde hemos sido felices y más cerca de aquellos que amamos, aun cuando físicamente nos separen mares y océanos.

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