Esos amores...

Esta semana se celebrará el Día del amor y la amistad o Día de San Valentín. Por eso muchos la han bautizado como Semana del Amor.

Desde el recién pasado fin de semana y estos tres días que anteceden a la fecha marcada en el calendario, cientos de personas alcanzadas por las flechas de Cupido acuden a las tiendas a comprar un obsequio para el ser amado.

Se afanan por encontrar el presente ideal. A veces es la excusa perfecta para pedir perdón por alguna “falta grave” o para tratar de borrar algún mal rato.

San Valentín es el día en que muchos celebran el amor, es el tiempo para decirles a las personas de nuestros afectos, cuánto las amamos, lo mucho que valoramos su presencia en nuestras vidas y lo feliz que nos hacen.

En estos días, las tiendas se ven adornadas con objetos alusivos a esta celebración, predominan el rojo y el blanco, las ofertas de tiendas y restaurantes son todas para dos. Se respira amor.
Nada de eso está mal, al contrario, impregna alegría en las personas y en el ambiente. Es una buena excusa para desconectarse de la cotidianidad.

Sin embargo, para mí, el Día del Amor comienza desde el momento en que dos almas se encuentran y se entregan sin prejuicios, sin medidas ni reservas.

San Valentín inicia cuando nace un nuevo amor. Su día es cada día juntos, no hay un mejor regalo, pues cada beso, cada palabra de amor, cada vez que se toma de la mano a quien se ama, cada abrazo, cada entrega, todo gesto de ternura y la pasión más intensa, son regalos invaluables que se obsequian el uno al otro.

Creo en ese amor de todos los días. Ese que se intensifica con el tiempo y que es aún más fuerte, cálido y cercano en la más inclemente distancia.

Creo en ese amor que se celebra con cada beso, en cada gesto. Creo en ese amor que es aún más dulce tras cada reconciliación, que sale airoso tras cada prueba.

Creo en el amor que no teme a herir con la verdad. Ese amor que es fuerte para proteger e infinitamente tierno para amar, que tiene carácter y firmeza para ponerme los pies sobre la tierra, pero tierno y apasionado para llevarme de paseo por las nubes. Para un amor así hace falta más que un día. No basta una vida.

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