La ciudad colonial de Santo Domingo es un espacio que debemos cuidar y preservar. Su importancia cultural y turística es incuestionable. Es un tema que no entra en discusión.

Con sus edificios históricos y calles empedradas, es un tesoro que merece nuestra protección y cuidado. En días recientes, presenciamos con sorpresa cómo la icónica Calle El Conde se inundó, algo que nuestra imaginación no había contemplado antes o por lo menos no recuerda que haya ocurrido.

Este evento, resultado de las lluvias que la naturaleza nos regaló, a la vez nos conduce a reflexionar sobre la vital importancia del sistema fluvial en las ciudades. El agua, aunque es esencial para la vida, puede convertirse en una amenaza cuando no se gestiona adecuadamente, y es precisamente lo que ha venido ocurriendo en muchos espacios no solo de la capital, sino del país. Un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca la urgencia de implementar medidas frente al riesgo de inundaciones exacerbado por el cambio climático.

El informe, elaborado en colaboración con expertos locales y respaldado por el Gobierno dominicano, subraya la necesidad de sistemas urbanos de drenaje sostenible. Áreas críticas como la Calle El Conde y el Parque Colón están en riesgo, lo que pone en peligro no solo a la población, sino también al valioso patrimonio arquitectónico y cultural de la zona. Tomemos eso en cuenta.

Es imprescindible actuar con prontitud para evitar futuros desastres. Las inundaciones pluviales son el tipo más relevante para la Ciudad Colonial, generadas por eventos de precipitación extrema. Aunque las edificaciones no enfrentan una afectación considerable, las áreas públicas están en riesgo, lo que exige medidas de intervención.

Las soluciones propuestas incluyen el uso de sistemas urbanos de drenaje sostenible, como cisternas de almacenamiento de agua de escorrentía y pavimento permeable. Estas medidas no solo reducen el riesgo de inundaciones, sino que también contribuyen al desarrollo sostenible y al bienestar de la comunidad.

La implementación de estas medidas no solo protege la infraestructura, sino que también nos fortalece como sociedad. La colaboración entre el BID, el Gobierno dominicano y otros actores es crucial para abordar estos desafíos de manera efectiva.

Preservar la zona colonial de Santo Domingo va más allá de proteger edificios antiguos y monumentos históricos. Es proteger nuestra historia, cultura e identidad. Es un compromiso con las generaciones presentes y futuras. Sigamos con la atención en ella, sin distraernos.

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