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Conferencia Cámara de Comercio San Juan de la Maguana (1 de 2)

Quiero agradecer la gentil invitación que me hacen para estar en este día con ustedes. Como resultado de mi vida pública, que nunca busqué, he dado múltiples conferencias, pero ninguna es tan significativa como esta de hoy.

Quiero agradecer la gentil invitación que me hacen para estar en este día con ustedes. Como resultado de mi vida pública, que nunca busqué, he dado múltiples conferencias, pero ninguna es tan significativa como esta de hoy.La inauguración del local de esta activa cámara y el reconocimiento a sus pasados presidentes, el honor de recordar a mi abuelo Constantino Marranzini, que fue el primer presidente en el periodo 1941 al 1943, es algo que mi familia y yo agradecemos profundamente.

En el 1898 mi bisabuelo Liberato Marranzini y mi bisabuela Conceeta Amore, llegaron con sus hijos Mariucha, Pascuale y Constantino, desde un pequeño pueblo del sur de Italia, Santa Lucia di Serino. Mi bisabuelo tuvo fuera del matrimonio a Vitalia Piña, a quien recuerdo con mucho afecto, porque Dios le permitió vivir cien años.

Los Marranzini y los Marra formaron parte de esta bella provincia al llegar vía Haití, en momentos que Europa atravesaba por enormes dificultades económicas y muchos emigraron del viejo mundo hacia las Américas buscando mejores condiciones de vida.

En Azua conoció a mi abuela Amelia Risk, vivieron aquí en San Juan de la Maguana hasta casi finales de los años cuarenta, cuando mi papá Constantino y mi tío José del Carmen empezaron sus vidas de universitarios.

Mi abuelo fue un gran comerciante, apoyado sin dudas por la habilidad de mi abuela, que siempre hizo honor a su sangre libanesa y la recuerdo negociando precios de forma impresionante. De ella aprendí el arte del regateo y encontrarme todo caro y gastar siempre menos de lo que se cobra.

Ser empresario es un trabajo difícil, más aún lo es sobrevivir. A mis hijos y colaboradores les digo todos los días que los negocios tienen la propensión de quebrar todos los días, que sólo el trabajo tesonero y recordar que es mucho más fácil gastar mil pesos que cobrar cien y que una venta no está realizada hasta que se cobra, es lo que determina la sobrevivencia de los negocios grandes, medianos o pequeños.

Una empresa es un hijo, se sueña, se planifica, se ve crecer, se sufre, se disfruta, es un conjunto de retos donde no sólo se es responsable del sustento de nuestras familias, sino de los que nos acompañan y colaboran día tras día.

El negocio de hoy enfrenta muchos retos, muchos más de los que debió enfrentar la generación de mis antepasados. El mundo se ha convertido en una aldea, las comunicaciones simplifican todo y la reputación de una empresa puede fácilmente irse a pique por una mala decisión, porque todo corre en las redes con una velocidad tan rápida como nunca hubiésemos imaginado.

Debemos enfrentar una competencia feroz, el sector agrícola se ve afectado por cuotas de importación de países con capacidad y tecnología mejor que la nuestra. El sector industrial enfrenta el reto de los tratados de libre comercio, de los cuales el país no se ha beneficiado en absoluto. El sector decrece, se pierden empleos y cada vez los productos importados tienen mayor presencia que los nacionales.

El sector comercial enfrenta el reto de las compras por internet, las famosas modalidades del tanque y de la paca, el no pagar impuestos por compras hasta 200USd, que normalmente llegan subvaluadas y compite con negocios que pagan un 20% de arancel, un 18% de ITBIS, alquileres en locales costosos, energía eléctrica, salarios, impuesto a la renta y los activos.

Hablamos de un pacto eléctrico y fiscal que aún no se concretan, las excepciones al ITBIS crean vasos comunicantes, ya los negocios son de múltiples productos y podemos ver vender medicinas, perfumes, ropa, comida en un mismo establecimiento, que afectan al que paga ITBIS y las recaudaciones del fisco.

La enorme carga social, entre el seguro, la póliza de accidentes de trabajo, plan de pensiones y prestaciones, le crean a las empresas dificultades de tal magnitud, que muchas deciden irse a la informalidad antes que desaparecer.

Recientemente se acordó un importante aumento salarial, necesario porque el mínimo en nuestro país choca frente a las riquezas que se estrujan en la cara a los que no les alcanza el salario para las más mínimas necesidades, o peor aún para los que no tienen nada, que resulta ser una parte muy importante de nuestra población.

Este último aumento fue importante, un 13% con el compromiso de que en pocos meses se aumentará un 7% adicional, lo que permitirá devolver poder de compra real, ya que la inflación acumulada de los últimos dos años no alcanza el 5%.

El Ministerio de Trabajo tiene pendiente la reclasificación de las empresas, compromiso que no ha cumplido a pesar de haberse acordado, ya que una empresa pequeña se considera la que vende o tiene inventarios de dos millones y cualquier paletera cumple con esos parámetros, creando a las pequeñas y medianas empresas serios riesgos de no poder sostener los niveles de salario y tener que despedir personal.

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