La economía dominicana llega al sexto año del Gobierno de Luis Abinader mostrando señales de recuperación, pero también cargando vulnerabilidades que siguen condicionando la capacidad de crecimiento y, sobre todo, la percepción de bienestar de los hogares.
Esa fue una de las principales conclusiones que dejó el primer programa de Balance: 16 miradas para el 16, producción especial de CDN37 dedicada a examinar los seis años de gestión gubernamental, que reunió a los economistas Jaime Aristy Escuder, Alejandro Grisanti e Ysrael Abreu, en un programa que evaluó “la economía de lo grande” como la realidad cotidiana del bolsillo de los ciudadanos.
En claves
- Aristy calificó el desempeño económico entre 80 y 84 puntos; Grisanti lo situó alrededor de 9 sobre 10 y Abreu terminó bajándolo a 50.
- Los economistas reconocen una aceleración de la actividad económica, aunque discrepan sobre su alcance y sostenibilidad.
- El sector eléctrico surge como uno de los principales problemas estructurales.
- Inflación, salarios, informalidad y productividad explican buena parte de la brecha entre crecimiento y bolsillo.
- Deuda, reforma fiscal, gasto público y política cambiaria concentran varias de las mayores discrepancias.
Calificando al gobierno

Las diferencias aparecieron desde la primera pregunta. El economista Jaime Aristy Escuder situó la valoración económica entre 80 y 84 puntos, resaltando aspectos positivos y negativos acumulados durante el período. Aleandro Grisanti, por su parte, fue considerablemente más favorable y llegó a otorgar una calificación alrededor de 9 sobre 10, al considerar que el último año muestra una corrección respecto de errores anteriores y una recuperación apoyada por la inversión pública. Entretanto, Ysrael Abreu adoptó la postura más crítica: comenzó otorgando 60 puntos y al final del programa redujo su evaluación a 50, principalmente por la situación eléctrica y energética.
Aristy considera que la economía está acelerándose después de un período de crecimiento inferior al registrado antes de 2020. Explicó que entre 2012 y 2019 el país crecía alrededor de 5.5 % y entre 2020 y 2025 el promedio bajó a aproximadamente 3.2 %. En 2026 observa un nuevo impulso que atribuye fundamentalmente a la construcción. Según expuso, la flexibilización de la permisología permitió incrementar en alrededor de 80 % la cantidad de permisos durante los primeros seis meses y habría colocado más de RD$330,000 millones en inversiones vinculadas a nuevos proyectos. Advirtió, sin embargo, que sectores de gran peso laboral como comercio y manufactura continúan registrando variaciones menores.
Electricidad, salarios y deuda concentran las alertas

La distancia entre el crecimiento agregado y la economía doméstica atravesó buena parte del debate. Abreu sostuvo que la vía más efectiva para distribuir los beneficios del crecimiento es mediante empleo formal y adecuadamente remunerado, asociado a mayores niveles de productividad. A su juicio, esa estructura todavía presenta grandes distorsiones. Aristy coincidió en colocar la productividad en el centro del problema y relacionó directamente los bajos ingresos con deficiencias en educación y capital humano, mientras Grisanti llamó la atención sobre la desigualdad y la limitada capacidad de ahorro de una parte considerable de los hogares.
El sector eléctrico produjo uno de los mayores consensos del programa. Aristy calculó que el subsidio podría alcanzar este año aproximadamente US$2,000 millones y explicó que unos US$900 millones corresponderían a la diferencia entre las tarifas cobradas y los costos de generación, mientras otra parte se relacionaría con pérdidas asociadas a facturación y cobro. También defendió el aporte de Punta Catalina al sistema, estimando que genera unos US$250 millones de beneficios y alrededor de US$300 millones adicionales en ahorros anuales.
La deuda pública generó la mayor confrontación conceptual. Abreu afirmó que, de acuerdo con su interpretación de los estados oficiales de recaudación e inversión de las rentas, el Estado dominicano presenta una situación que calificó como “técnicamente quebrada”, citando obligaciones por unos RD$4.2 billones, activos cercanos a RD$2.8 billones y un patrimonio negativo de aproximadamente RD$1.3 billones.
También aseguró que la deuda pasó de alrededor de US$35,000 millones a US$61,000 millones entre finales de 2019 y 2025. Grisanti rechazó esa lectura y argumentó que los mercados financieros muestran una visión diferente, reflejada, según explicó, en un riesgo país situado cerca de niveles históricamente bajos y en la capacidad de la economía para mantener crecimiento.
Los retos pendientes

El balance terminó lejos de ofrecer una valoración única. Grisanti destacó la recuperación económica, el repunte de la inversión y la resiliencia demostrada por República Dominicana frente a choques externos; Aristy reconoció fortalezas, pero insistió en elevar la inversión pública, corregir el problema eléctrico y mejorar educación y productividad; mientras Abreu centró sus críticas en gasto, deuda, combustibles y empleo.
En el cierre, los tres volvieron a colocar entre las decisiones pendientes el control de las cuentas públicas y la reducción del déficit eléctrico, precisamente uno de los problemas que atraviesa prácticamente todas las demás variables económicas examinadas en esta primera entrega de Balance: 16 miradas para el 16.
