Germán de los Santos Rodríguez, del Apiario El Jaiquí, lleva más de tres décadas vinculado a la apicultura. Su primera colmena la instaló a finales de los años ochenta, cuando apenas contaba con seis. Poco después aumentó a diez y a partir de ahí no se detuvo.
“Comencé por ahí, por el año 1989 o en los noventa, con unas seis colmenas, después diez, y de ahí seguimos innovando”, recuerda. El interés creció, la actividad le fue gustando y con el paso de los años llegó a tener 400 colmenas en operación. Hoy comparte el proyecto con Claudio Vinicio Richetti Rodríguez, a quien en el mundo apícola se le conoce simplemente como Richetti.
La asociación nació por una razón generacional. Germán, con una larga trayectoria, admite que sus hijos tomaron otros caminos profesionales y él buscó en Richetti el relevo natural. “Ese es como el otro hijo que tengo”, comenta. Richetti, más joven, se ha encargado de involucrarse en los aspectos productivos y tecnológicos, y lleva la iniciativa hacia nuevas metas.
Ambos trabajan bajo el nombre de Apiario El Jaiquí, inspirado en la zona donde operan en Montecristi. La empresa se dedica a actividades que abarcan toda la cadena de valor de la apicultura, desde la producción hasta la comercialización y distribución de los productos.
La producción se distribuye entre dos ecosistemas: el bosque seco de esa provincia y el bosque semi húmedo de El Palo de Damajagua, en Valverde. En el primero, las abejas producen una miel clara, de mayor contenido de azúcares naturales, que cristaliza con rapidez y tiene gran aceptación en los mercados internacionales. En el segundo, la miel proviene de flores de árboles grandes como el cambrón o bejuco, lo que le aporta un matiz distinto en color y textura.
El volumen de producción varía según el año. En temporadas bajas, Germán y Richetti alcanzan 80 barricas de 300 kilos cada una, mientras que en un buen año pueden llegar a 125 mil o 130 mil kilos. El negocio, sin embargo, enfrenta altibajos en la comercialización. “A veces el mercado se pone muy bueno, pero en otras ocasiones se deprime”, comenta De los Santos. Para ellos, el factor que más incide en la caída de precios son los intermediarios. “El precio internacional siempre se mantiene. La miel es como el café o el cacao: ya desde el año anterior se fijan precios. Pero aquí, los intermediarios son los que deprimen el mercado”, explica Richetti.
Conscientes de la necesidad de dar un salto cualitativo, decidieron invertir en tecnología. Acaban de instalar una sala de extracción de miel totalmente automatizada, adquirida en Polonia. Según Richetti, podría ser la primera o segunda de su tipo en el país. Todo el equipo es de acero inoxidable, lo que garantiza inocuidad y trazabilidad en cada etapa del proceso. “Solamente nos falta la visita de la gente de inocuidad para completar la certificación. Estamos produciendo con toda la higiene posible, pensando en exportar”, subraya.

La meta inmediata es abrirse espacio en los mercados de Estados Unidos. Cuentan con el DUA, el documento único aduanero, y tienen clientes potenciales en carpeta: un mexicano y un estadounidense con quienes ya socializan propuestas. En el pasado exportaban vía un cliente dominicano que falleció, lo que les obligó a replantear la estrategia de comercialización.
El proceso productivo comienza en las colmenas ubicadas tanto en Montecristi como en Valverde. Allí las abejas trabajan en entornos libres de fumigación, lo que les permite afirmar que su miel es orgánica en esencia, aunque reconocen que para declararla formalmente necesitan la certificación oficial. “Nosotros estamos en un bosque virgen donde no hay fumigación. Lo único que nos falta es el aval de una certificadora”, puntualiza Germán.
La máquina polaca realiza tareas que antes eran manuales: desopercular los panales, centrifugar, extraer, colar y decantar la miel. El resultado es un producto uniforme, con estándares internacionales.
Actualmente producen dos tipos: miel de bosque seco y miel de bosque semi húmedo. Los clientes locales son pequeños y medianos compradores que adquieren desde cinco hasta diez tanques de miel para embotellar y vender en el mercado interno. En paralelo, los productores buscan consolidar un socio estable en el extranjero.

Un llamado al Banco Agrícola
El oficio, admiten, es costoso. Equipos, insumos y tecnología deben adquirirse en el exterior. Por eso consideran vital que el Estado apoye más a los apicultores, especialmente a los pequeños. Una de sus principales demandas es que se controle el uso de productos de banda roja en la agricultura, porque esos químicos resultan letales para las abejas. También piden que el Banco Agrícola flexibilice sus créditos para quienes inician en la apicultura, ya que muchos no logran acceso a financiamiento.
Apiario El Jaiquí mantiene sus operaciones en El Palo de Damajagua, Mao, Valverde, y en la cordillera de Montecristi, cerca del Morro. Desde allí buscan posicionar la miel dominicana en nuevos espacios de venta, aprovechando la diversidad de sabores y texturas que ofrecen los ecosistemas locales.
Quienes deseen conocer más o adquirir su miel pueden contactar directamente a los apicultores Claudio Vinicio Richetti Rodríguez, al 829-339-8659, y Germán de los Santos Rodríguez, al 809-853-7323.
