De la parcela al emprendimiento: la historia de Aída V. Caraballo

Esta emprendedora mujer convirtió la agricultura en motor de sustento y cambio personal; es una trabajadora acostumbrada a superar obstáculos

Aída Verónica Caraballo encontró en la tierra el camino para rehacer su vida. Con apenas 29 años, oriunda del distrito municipal El Puerto, en San Pedro de Macorís, ha transformado las experiencias de su infancia en un emprendimiento que hoy le permite generar ingresos, organizar sus finanzas y, sobre todo, sentirse dueña de su propio destino.

Su historia combina esfuerzo, aprendizaje y la oportunidad que le abrió el programa Supérate a través de su iniciativa SuperEmprendedoras.

De niña, Aída corría entre ganado y plantaciones de cacao junto a su padre. Eran años de juegos en los montes y de sueños que parecían lejanos, pero que plantaron en ella la semilla de servir y de ayudar a los demás. “Siempre quise formar una fundación, ayudar a quienes tuvieran menos. Eso estaba en mi corazón desde pequeña”, rememora, en una conversación con elCaribe.

El tiempo, sin embargo, la enfrentó a realidades complejas. Madre soltera de dos niños —uno de ellos con microcefalia, lo que le ha requerido cuidados y terapias permanentes—, su vida llegó a un punto en el que no encontraba rumbo. “Antes de Supérate estaba perdida emocionalmente, no sabía manejar mis finanzas ni mis emociones”, confiesa.

Ese cambio comenzó cuando recibió la invitación al proyecto SuperEmprendedoras, una iniciativa de Supérate diseñada para ofrecer formación, herramientas y acompañamiento a mujeres en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de convertirlas en protagonistas de su desarrollo económico y personal.
“Al llegar a los talleres fue como un giro radical. Cada sesión me enseñaba algo nuevo y me animaba a poner manos a la obra. Recuerdo que me fui a mi parcela, con machete en mano, decidida a empezar a cosechar mis sueños”, relata.

La parcela, que había recibido como donación, llevaba tiempo abandonada, cubierta de hierba y basura. Fue en ese espacio donde decidió comenzar de nuevo. La agricultura, que ya conocía por tradición familiar, se convirtió en su principal apuesta productiva.

El proyecto le permitió también ordenar su vida interna. Uno de los módulos, titulado “Conociéndome”, marcó un antes y un después. “Después de ese taller, mi vida cambió del cielo a la tierra”, asegura.
Descubrió el valor de la autoestima, el respeto a los demás y la disciplina financiera. Aprendió a diferenciar inversión de ganancia, a llevar registros de sus ingresos y gastos, y a ahorrar, algo que nunca había hecho.

Hoy, Aída lidera una pequeña empresa agropecuaria en la comunidad La Gina, donde produce rubros agrícolas que comercializa a nivel local. Ha diversificado su sustento con servicios de mototaxi y además coordina una sociedad de agricultores. Sus jornadas empiezan a las cinco de la mañana y transcurren entre el trabajo en el campo y la crianza de sus hijos, apoyada por su madre en el cuidado de ellos.

“Mis hijos también han recibido los beneficios de todo esto. Supérate me ha ayudado a ser mejor madre y mejor persona. Después que entré al proyecto pude conocerme, organizarme y hasta ayudar a otras personas”, comenta.

Reconoce la importancia de programas de acompañamiento como Supérate, cuya misión es promover la inclusión social y económica de las familias más vulnerables del país. A través de capacitaciones, acceso a recursos y proyectos como SuperEmprendedoras, se busca que mujeres como Aída puedan generar ingresos sostenibles y convertirse en agentes de cambio en sus comunidades.

No todo ha sido fácil. El cuidado de su hijo con necesidades especiales sigue siendo un reto diario. “Él tiene nueve años y necesita terapias para caminar. Eso ha sido muy duro, pero sigo adelante”, explica. Aun así, mantiene la determinación de continuar creciendo y alcanzar nuevas metas.

Los programas de apoyo estatal, vía Supérate, han servido de empuje a esta mujer.

Entre sus sueños está crear una fundación que brinde apoyo a personas de su comunidad que, como ella en algún momento, han necesitado una mano amiga. Su historia, dice, ha servido de inspiración para otras mujeres y hombres que la ven como ejemplo de que es posible salir adelante. “El que persevera triunfa”, les repite con convicción.

El agradecimiento es otra de las constantes en su relato. Menciona a Martina, la persona que la invitó al proyecto, y a Supérate por abrirle una puerta que cambió su vida. “Agradezco cada oportunidad, porque gracias a eso hoy puedo decir que soy emprendedora y que sigo tirando pa’lante”, afirma.

En la actualidad, Aída no solo cultiva productos para vender. Cultiva también confianza en sí misma, disciplina financiera y el deseo de que su historia impacte a otros. Su vida, que alguna vez parecía atrapada en la incertidumbre, hoy se proyecta como un testimonio de cómo la formación y el acompañamiento adecuados pueden transformar a una persona y, con ella, a toda una familia.

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