Desde tiendas y cafeterías hasta la producción agrícola y servicios, las iniciativas locales tuvieron peso en economía
En el año 2025, el emprendimiento mantuvo una presencia activa y diversa en la economía dominicana, especialmente en comunidades donde pequeños negocios se han convertido en fuente principal de ingresos, organización financiera y provisión de bienes y servicios esenciales.
Lejos de concentrarse en las grandes capitales, esta dinámica se sostuvo en iniciativas locales encabezadas, en su mayoría, por mujeres que transformaron experiencias personales, los oficios aprendidos y necesidades del entorno en proyectos económicos concretos.
En Salcedo, provincia Hermanas Mirabal, por ejemplo, Soranyi Castro Orozco, de 27 años, psicóloga y madre, administra una tienda de ropa que nació en la terraza de su casa. El negocio surgió mientras aún cursaba la universidad, cuando rifas y ventas informales le permitieron costear sus estudios. Con el tiempo, vender ropa dejó de ser un apoyo temporal y se convirtió en una actividad estable que hoy forma parte de su vida profesional.
En Santo Domingo Este, específicamente en el sector San Luis, Brígida Tejada Mejía produce y comercializa sazones artesanales bajo la marca Sazones Naturales Bricaaya. Desde su hogar, abastece a vecinos y puntos cercanos, luego de aprender a organizar su producción y sus finanzas. Su incorporación al proyecto Mujeres SuperEmprendedoras, del programa Supérate, marcó un antes y un después en la gestión de su negocio.
Una experiencia similar vivió María Altagracia Adames, de 45 años, oriunda de San Juan. Desempleada y con recursos limitados tras una indemnización laboral, encontró en el emprendimiento una alternativa viable. A través de SuperEmprendedoras, aprendió a separar las finanzas personales de las del negocio, manejar el estrés y establecer una dirección clara para su proyecto, que hoy opera con mayor estabilidad en su comunidad. En San Pedro de Macorís, Aída Verónica Caraballo, de 29 años, ha desarrollado un emprendimiento vinculado a la tierra, que retoma conocimientos adquiridos en su infancia rural. Madre soltera de dos niños, uno de ellos con microcefalia, encontró en el trabajo agrícola una forma de generar ingresos y reorganizar su vida financiera. Su paso por SuperEmprendedoras le permitió convertir una idea dispersa en una actividad productiva con objetivos definidos.





En San Juan, en el sector El Güerito, Yazmín Ramírez Rodríguez administra un centro de uñas que comenzó con prácticas gratuitas y hoy se diversifica con otros productos.
En el ámbito productivo rural, Germán de los Santos Rodríguez y Claudio Vinicio Richetti Rodríguez mantienen activo el Apiario El Jaiquí, en Montecristi. El comercio ambulante y de cercanía también ha tenido peso en 2025. En San Pedro de Macorís, Cristina de los Santos combina una tienda física con ventas a domicilio, mientras utiliza un motor como medio de distribución.
En Hato Mayor del Rey, Ignolia Mota Santos, de 33 años, dirige D’Ignolia Variedades, una tienda que ofrece ropa, bisutería y artículos del hogar.
En Santiago, Dinorah Almonte gestiona “De Lola Productos”, dedicada a la fabricación de artículos de limpieza y cuidado capilar. Desde Palmar Arriba, atiende a sus clientes y coordina pedidos semanales, luego de haber iniciado con pruebas caseras y ventas entre vecinas. La capacitación recibida a través de SuperEmprendedoras contribuyó a formalizar su proceso productivo. Otro caso en Santiago es el de Clara Eliza Ureña Mora, de 54 años, propietaria de “De Clara Cafetería”, en el sector Pekín. En Pantoja, Margaret Estebanía Ricart, de 22 años, administra Papelería Net, un negocio que cubre servicios de internet, impresiones y útiles escolares.
