La formación financiera y el acompañamiento comunitario por parte del Estado le permitieron transformar su proyecto comercial en una fuente estable de ingresos para su hogar
A sus 45 años, María Altagracia Adames representa la fuerza de las mujeres emprendedoras que han sabido transformar una idea y un sueño en un proyecto económico sólido.
Oriunda de San Juan, casada y madre de tres hijos, encontró en el programa Mujeres SuperEmprendedoras de Supérate la plataforma que le permitió reorganizar su vida financiera y dar forma a un negocio que hoy crece con paso firme en su comunidad.
Su historia empresarial comenzó en circunstancias poco favorables. Estaba desempleada y con el dinero de una indemnización laboral pensó en emprender. Sin embargo, situaciones imprevistas la obligaron a gastar gran parte de ese capital y sus planes quedaron a medio camino. Fue entonces cuando aceptó la invitación de su hermana para integrarse al proyecto Mujeres SuperEmprendedoras. “Fui creyendo que se trataba solo de préstamos, pero descubrí que era mucho más”, recuerda.
Lo que encontró fue un espacio de formación y acompañamiento. Antes de llegar allí, según confiesa, no sabía cómo manejar un negocio ni mucho menos sus finanzas personales. “Era desordenada, no manejaba el estrés y no tenía dirección. Con la educación financiera aprendí a separar la vida personal de la laboral, y eso ha sido un cambio enorme”, dice la dama, en una conversación que conforme avanza se torna más interesante.



En su colmado, que al inicio funcionaba en condiciones precarias, aplicó las enseñanzas de los talleres.
Organizó cuentas, aprendió a manejar inventario y poco a poco empezó a ver resultados. Con esfuerzo logró construir un local propio, ampliarlo, adquirir nuevos equipos y diversificar la oferta.
Además de los abarrotes, hoy tiene un área destinada a la venta de ropa de segunda mano, lo que le ha permitido aumentar sus ingresos y atender a un público más amplio.
El impacto del proyecto no se limitó a lo económico. En el plano personal, María reconoce que las capacitaciones le ayudaron a sanar heridas emocionales y a mejorar la relación con su esposo e hijos. El taller de autoestima y familia fue decisivo: “Me ayudó a perdonar a mis padres y a romper patrones que me habían afectado durante años. Quise darles a mis hijos un hogar distinto, y empecé a poner en práctica lo aprendido”.
Esa transformación personal también la refleja en su comunidad. Su historia ha motivado a otras mujeres que la han visto crecer y que ahora se acercan para preguntarle cómo iniciar sus propios negocios. María no duda en animarlas a integrarse al programa, convencida de que, tal como le ocurrió a ella, la combinación de formación y acompañamiento puede abrir nuevas oportunidades.
Detrás de su empeño, desde aquella niñez marcada por la ausencia de sus padres ha sido una luchadora.
Fue criada por sus abuelos, quienes le transmitieron las primeras nociones de trabajo: su abuela con el negocio de fritura y su abuelo con la crianza de vacas. De esos años se quedó con tres sueños claros: tener un carro blanco, ser ingeniera y tener un colmado. Hoy ya logró dos de ellos, y aunque no se convirtió en ingeniera, está cursando la carrera de Educación Inicial, convencida de que la formación académica será otra herramienta para su crecimiento.
“Mi mayor enseñanza es aprender a quererme. Solo así he podido crecer como persona y como emprendedora. A mi yo del pasado le diría que buscara más información sobre Supérate y los proyectos que trabaja, porque realmente cambian la vida”, expresa con sinceridad.
Su visión de futuro es tan concreta como sus pasos anteriores. Aspira a consolidar aún más su negocio, expandir la venta de ropa de paca y terminar la universidad para graduarse de licenciada en Educación Inicial. Todo ello con la certeza de que sus hijos tendrán un ejemplo de esfuerzo, disciplina y superación.
En su comunidad ya no solo se la reconoce como comerciante, sino también como referente de organización, inspiración y capacidad de crecimiento. No requiere presentación.
En palabras de esta mujer SuperEmprendedora: “Gracias al curso de Educación Financiera pude organizarme y expandir mi negocio. Hoy me siento agradecida por todo lo aprendido y por la oportunidad de transformar mi vida”.
