Patricia: una arquitecta y decoradora enfocada en crear memorias inolvidables

Tiene una historia de disciplina, de creatividad y de entrega que convirtió un proyecto familiar en una marca reconocida

Santiago, RD.- La magia del diseño y la organización de eventos forman parte de Patricia Pichardo, una joven arquitecta y planificadora que durante ocho años ha logrado marcar su sello en la industria gracias a la empatía, dedicación y pasión inyectada a su trabajo. Es una emprendedora de prueba superada.

Lo que empezó de manera informal hace diez años, cuando organizó los 15 años de su hermana menor, hoy lleva a recordar con mucho orgullo las sonrisas provocadas y el sentimiento único vivido. “Ser cómplice de uno de los días más felices en la vida de las personas es un privilegio para mí y desde entonces supe que quería dedicarme a crear memorias inolvidables. Ese es el legado que deseo dejar”, comentó, en una conversación con el periódico elCaribe.

Patricia ha sabido combinar magistralmente la arquitectura y la organización de bodas como una forma hermosa de crear espacios y momentos que la gente recuerda con emoción.

Cada diseño y evento lleva una parte de ella y de su historia, con las que busca concebir experiencias que puedan perdurar más allá del momento.

“Aunque parecen mundos distintos, en realidad se complementan perfectamente: la arquitectura me da estructura, visión y técnica, mientras que la organización de eventos me conecta con la emoción, la estética y los detalles que hacen que todo cobre vida”, detalló.

En ambas áreas -según explica- hay planificación, creatividad y el deseo de materializar ideas. Gracias a la disciplina y el apoyo de su equipo ha aprendido a disfrutar las dos facetas y dar lo mejor de sí en cada proyecto.

“Cada Event Planner tiene su propio estilo y forma de conectar con las personas. En mi caso, lo que me define es la entrega total. Mi equipo y yo damos más del 110%, sin importar hora, distancia o idioma. No hacemos un evento solo por cumplir, sino con empatía, dedicación y pasión, como si cada uno fuera el nuestro”, asegura la visionaria.

A través de Real Event y PP Arquitectura los detalles lo son todo, aquellos toques que transforman algo bueno en inolvidable, tanto una actividad como en un espacio arquitectónico.

Lo que ha aprendido

En sus emprendimientos, Patricia cultiva la escucha activa a las personas, sus ideas, sueños y expectativas; para luego ir a su oficina, poner música, servirse una copa de vino e imaginarse dentro del lugar, recorriendo cada espacio.

A partir de esa visualización, lo plasma en papel y por último crea un muro de ideas que les presenta a los clientes.

“Creo que mantener la serenidad y buscar soluciones con una sonrisa hace toda la diferencia. En este trabajo, la empatía, la atención al detalle y mantenerse al día con las tendencias son esenciales para que cada experiencia sea positiva”, asegura.

A romper obstáculos

El camino seguido por Patricia no ha sido color de rosa; al principio pasó seis meses sin trabajo y con mucho miedo de lanzarse en este mundo nuevo, cobraba poco por sus servicios y trataba de generar confianza para adquirir más experiencia.

Rememora que debió transformarse en una especie de pulpo, buscar colaboradores y terminar haciéndolo todo sola, para quedar física y mentalmente agotada.

Gracias a ese esfuerzo, el apoyo familiar y la confianza en Dios ha logrado obtener la fortaleza de hoy en día.

“Una vez quise renunciar. Recuerdo que mi hermana, que es mi gran apoyo, me habló con firmeza y me dijo: ‘Si vas a rendirte por algo tan pequeño, nunca alcanzarás tus sueños’. Esa frase me marcó. Desde ese día aprendí que los errores y los fracasos también son parte del camino, y que se deben abrazar con la misma gratitud que los éxitos”, recuerda con amor.

Con el tiempo, Patricia Pichardo entendió que poner límites también es una forma de cuidar su profesión y resultados, mediante la combinación de firmeza con empatía.

En ocho años Patricia ha logrado marcar su sello en la industria gracias al trabajo.

Lecciones valiosas

A sus 31 años, cada día es un aprendizaje constante y cada cliente un mundo distinto que siempre enseña algo nuevo, ayudándola a descubrir sus capacidades y resiliencia.

“Lo más importante es creer en uno mismo y tener fe en Dios. Empecé sin dinero, vehículo, ni recursos para responder ante un imprevisto, y en este tipo de trabajo eso se siente el doble. No fue fácil, pero esa etapa me enseñó a ser más creativa y a confiar en que con fe, esfuerzo y propósito, todo se puede lograr”, añadió.

Patricia espera seguir creciendo, aprendiendo y hacer felices a las personas a través de lo que hace. Con el paso de los años sueña con continuar trabajando con la misma pasión.

Para ella, emprender ha sido una manera de asegurarse de que su trabajo e ideas queden en la memoria, y una prueba de que en definitiva, sí se puede.

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