Las remesas se han consolidado en la última década como uno de los pilares económicos más estables para Centroamérica y República Dominicana. En varios países de la región, estos flujos de divisas superan con creces el ingreso por exportaciones o la inversión extranjera directa, lo que convierte cualquier variación en sus determinantes en un tema de alto impacto macroeconómico.
De hecho, El Salvador, Honduras y Nicaragua registran niveles que rondan el 27% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras en Guatemala alcanzan un 19%, que sitúa a las remesas como la principal fuente de divisas y un soporte esencial para la estabilidad de sus economías.
El comportamiento de las remesas en la región
Un análisis del Consejo Monetario Centroamericano (CMCA), elaborado por Evelyn C. Badilla Barrantes y Juan F. Izaguirre Silva desde la Secretaría Ejecutiva en San José, Costa Rica, examina el comportamiento de las remesas hacia El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana en el periodo comprendido entre el primer trimestre de 2011 y el primero de 2025.
La investigación se concentra en el impacto del costo de envío a través de canales formales y en otros factores como el PIB per cápita de Estados Unidos, el tipo de cambio nominal de los países receptores, el desempleo hispano y el stock de migrantes. Los resultados permiten dimensionar cómo la dinámica migratoria, la política económica de Estados Unidos y los cambios en los costos de envío configuran la magnitud de los recursos que llegan a millones de hogares en la región.
El estudio evidencia que las remesas son relativamente inelásticas al costo de envío. En el corto plazo, un aumento del 1% en el costo de transferir recursos desde Estados Unidos provoca una caída de apenas 0.37% en el flujo.
Sin embargo, en el largo plazo, el efecto acumulado alcanza el 1.21%, lo que muestra que, aunque los migrantes priorizan el envío por motivos de necesidad familiar o altruismo, los costos sí terminan erosionando el volumen total. Este hallazgo tiene un fuerte componente económico: cada punto porcentual adicional en los costos representa millones de dólares que no llegan a las economías receptoras.
Punto clave: el costo del envío
La tendencia en la última década ha sido favorable, con costos de envío en descenso, aunque persisten diferencias entre corredores. El análisis del CMCA muestra que El Salvador y Honduras mantienen los costos promedio más bajos, mientras República Dominicana exhibe consistentemente los más altos, fenómeno asociado a la reducción de canales formales disponibles en su caso. Esta disparidad, aunque no determina por completo los volúmenes recibidos, influye en la competitividad de los mercados de remesas y en el acceso de los hogares a recursos.
El 4 de julio de 2025, Estados Unidos promulgó la ley conocida como The One Big Beautiful Bill Act. Su principal novedad en materia económica para la región es la introducción de un impuesto del 1% sobre las remesas enviadas por remitentes que no sean ciudadanos estadounidenses. El gravamen entrará en vigor el 1 de enero de 2026 y se aplicará a transferencias realizadas en efectivo o mediante métodos similares, excluidas aquellas originadas desde cuentas bancarias o con tarjetas de crédito y débito emitidas en territorio estadounidense.
El peso del nuevo impuesto recae directamente sobre el remitente, que deberá pagarlo en el momento de efectuar la transferencia.
En la práctica, impactará a millones de migrantes, incluso a residentes permanentes y personas con visados temporales que no han adquirido la ciudadanía. Para los países receptores, el riesgo no radica tanto en la reducción del monto enviado por cada operación, sino en la posible acumulación de menores transferencias en un contexto donde la mayoría de los recursos se destinan a consumo básico. El rol económico de las remesas en la región es indiscutible.
Uso de las remesas
Según datos del Banco Central de Reserva de El Salvador, en 2024 el 98.7% de estos ingresos se destinó al consumo, mientras solo el 1.3% fue a inversión. En Guatemala, la situación presenta mayor diversificación, de acuerdo con una encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM): el 58.4% se dirigió al consumo, un 29.3% a inversión y ahorro, y un 12.3% a salud y educación. En Honduras, el 76.4% se utilizó en manutención y porcentajes muy bajos en educación, ahorro e inversión productiva.
Estos patrones reflejan cómo las remesas sostienen el consumo inmediato de millones de hogares y, al mismo tiempo, dinamizan sectores como comercio y construcción. En economías con limitada capacidad de generar empleo formal, la dependencia de estas transferencias se vuelve estructural. Por ello, cualquier variación en sus determinantes puede trasladarse de manera directa a la actividad económica.
El CMCA utilizó un panel de datos trimestrales entre 2011 y 2025, con regresiones lineales robustas y correcciones para capturar la estacionalidad propia de los flujos. El análisis identificó tres determinantes principales con impacto significativo: el stock de migrantes, el PIB de Estados Unidos y el tipo de cambio. En contraste, el costo de envío, aunque influyente, mostró un efecto de menor magnitud.
Particularidades
La elasticidad de las remesas respecto al PIB de Estados Unidos resalta la interdependencia económica: mayores ingresos de los migrantes se traducen casi de inmediato en mayores transferencias. El tipo de cambio, por su parte, desempeña un papel determinante: una depreciación de la moneda local en los países receptores incentiva mayores envíos para mantener el poder adquisitivo de las familias. El desempleo hispano en Estados Unidos también figura como variable de control importante, debido a que esta población concentra la mayoría de migrantes que envían remesas a Centroamérica y República Dominicana. El análisis confirma que picos de desempleo reducen los flujos, aunque con rezagos temporales.
La relación particular que mantiene este país
El estudio del CMCA indica que aunque no figura entre los países con mayor dependencia relativa, República Dominicana mantiene una relación particular con las remesas. Estas representaron el 9% del PIB en 2024, según cifras del Banco Central dominicano. El país, a diferencia de El Salvador o Honduras, presenta costos más altos en el corredor con Estados Unidos, lo que podría intensificarse con el impuesto previsto para 2026.
Además, la diáspora dominicana es más diversificada geográficamente, con presencia en España y Puerto Rico, lo que atenúa parcialmente el impacto de políticas estadounidenses.
