Fallece histórico corresponsal de elCaribe Gerónimo Rosario García en Hato Mayor

Ejerció el periodismo, fue deportista, encargado del Registro Civil y la Junta Municipal Electoral

HATO MAYOR.-Gerónimo Rosario García, conocido y venerado por su pueblo como «Sijo Patón», fue un hombre que caminó por la historia de Hato Mayor del Rey dejando una huella imborrable de dignidad, valentía y rectitud. Su vida, tejida entre la pasión por el deporte, el compromiso civil y el peligroso ejercicio del periodismo en tiempos de opresión, lo convirtió en una leyenda viviente y, tras su partida, en un referente ético de la sociedad hatomayorense.

Fue paladín de la verdad en los años de plomo y cuando la dictadura de Balaguer hacia torcer a cualquier mortal.

Durante las difíciles y convulsas décadas de 1960 y 1970, bajo el régimen de los «12 años» de Joaquín Balaguer, ejercer el periodismo en la República Dominicana era un acto de supremo coraje.

Sijo Patón asumió ese riesgo como corresponsal del influyente noticiario Noti-Tiempo (de Radio Cadena Comercial) y del periódico El Caribe.

Su voz y su pluma no se doblegaron ante el miedo. A él le tocó la dolorosa y valiente tarea de informar al país sobre uno de los episodios más oscuros de la represión política en la región: el secuestro y triple asesinato de los hermanos Serafín y Malé, junto a su amigo Juan Zorrilla.

Sijo no solo reportó la tragedia, sino que guio la información nacional cuando los cadáveres de los tres jóvenes revolucionarios fueron hallados en unos matorrales a tres kilómetros de la carretera Sabana de la Mar-Miches.

En un tiempo donde el silencio era refugio, él eligió la verdad.

Guardián de la democracia y la fe civil

Más allá de la crónica periodística, Gerónimo Rosario García fue el rostro de la confianza pública.

Durante muchos años se desempeñó como encargado de la Junta Municipal Electoral de Hato Mayor.

Sin poseer grandes títulos académicos, su inteligencia natural y su dedicación lo convirtieron en un erudito del registro civil y la legislación electoral.

En un contexto histórico donde los procesos electorales solían estar bajo la sombra de la sospecha, la figura de Sijo Patón se alzaba como una garantía de transparencia.

Su rectitud al accionar y su incapacidad para torcer su compromiso le ganaron el respeto de todos los sectores políticos.

Su oficina no era solo un espacio burocrático, sino un templo de imparcialidad donde cosechó «amigos a borbollones».

La pasión por el deporte y el amor compartido

El pulso de su vida también se midió en los terrenos de juego. Sijo fue un deportista de corazón y un respetado árbitro y anotador de béisbol y sóftbol en su amada provincia.

En el terreno, al igual que en la vida pública, aplicaba la misma justicia estricta: las reglas se respetaban y las decisiones se tomaban con autoridad y decoro.

En el plano personal, compartió su vida con la educadora Melania Peguero, otra figura respetable de la comunidad que falleció poco antes que él.

Aunque la unión no procreó hijos, ambos adoptaron a Hato Mayor como su gran familia, sembrando conocimientos, valores y afectos en generaciones de jóvenes.

El legado de una leyenda

Sijo Patón fue un hombre culto por intuición, un trabajador social sin parangón y un ciudadano inquebrantable.

Su fallecimiento, ocurrido un domingo que enlutó a la provincia, no fue el final de su historia, sino el inicio de su inmortalidad en la tradición ancestral de Hato Mayor.

Hoy, su nombre es un referente obligatorio.

Se le recuerda con nostalgia y orgullo cada vez que se canta un «out» en el play, cada vez que el pueblo acude a las urnas a depositar un voto, y cada vez que se habla de la dignidad periodística en la República Dominicana.

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