El apoyo de Donald Trump al presidente argentino Javier Milei fue mucho más que un gesto político. En una reunión en la Casa Blanca el 14 de octubre, el líder republicano dejó claro que la ayuda económica de Estados Unidos incluido un “swap” de divisas por USD 20 000 millones dependía directamente de los resultados de las elecciones legislativas del 26 de octubre.
“Si Milei no gana, no seremos igual de generosos con Argentina”, advirtió Trump ante la prensa, según reportó el periodico El País.

Dos semanas antes de los comicios, Trump ya había vinculado su respaldo a la continuidad del proyecto ultraliberal de Milei, elogiando su gestión y calificando su liderazgo como “una oportunidad para el éxito de Argentina”.
En sus palabras, el presidente norteamericano afirmó que “si un socialista o comunista gana, los inversores se sienten distintos”, una frase que fue interpretada como un mensaje directo al electorado argentino.
Desde Washington, la apuesta no era solo económica. El acercamiento de la Casa Blanca busca frenar el avance de China en América del Sur, en especial sobre sectores estratégicos como el litio, la energía y la infraestructura.
Trump pidió a Milei tomar distancia del gigante asiático y abrir la economía a corporaciones estadounidenses, en una nueva fase de competencia geopolítica regional.
Para Milei, la ayuda de Trump fue un salvavidas político y diplomático. Con el Banco Central sin reservas y una inflación que devoraba el salario real, el respaldo de Estados Unidos permitió calmar los mercados y evitar una crisis cambiaria en plena campaña.
“Con esta línea de crédito demostramos que las ideas de libertad funcionan”, declaró el mandatario argentino tras su encuentro con el líder republicano.
Sostener a Milei
El analista Carlos Germano explicó a AFP que “la irrupción de la ayuda norteamericana impidió que explotara el dólar” y contribuyó a sostener la gobernabilidad de Milei en medio de una sociedad “agotada, desilusionada y con poca energía”.
Pese a las críticas por injerencia externa, otro sector del electorado consideró la intervención de Washington como una señal de estabilidad.
El trasfondo diplomático, sin embargo, es más complejo. La Casa Blanca espera concesiones concretas: distanciamiento de China, apertura a inversiones estadounidenses y alineamiento político con la estrategia hemisférica de Washington.
Milei, por su parte, prometió que Argentina sería “un aliado estratégico de Occidente” y aseguró que “habrá una avalancha de dólares”.
Analistas coinciden en que el apoyo de Trump a Milei no fue un gesto simbólico, sino un movimiento calculado dentro del tablero regional.
En momentos en que América Latina vive un reacomodo de fuerzas, la alianza entre Buenos Aires y Washington redefine el equilibrio entre las potencias, dejando entrever una nueva etapa de rivalidad con Pekín.
