Colombia celebrará este domingo una de las elecciones más dividas de su historia reciente, con una segunda vuelta presidencial que enfrenta dos proyectos políticos antagónicos: el del izquierdista Iván Cepeda, heredero político del presidente Gustavo Petro, y el del ultraderechista Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario que ha capitalizado el descontento con el Gobierno y llega como favorito según la mayoría de las encuestas.
Más de 41 millones de colombianos están llamados a decidir quién gobernará el país entre 2026 y 2030, en una contienda que trasciende las fronteras nacionales y es observada con atención en toda América Latina por su potencial para redefinir el equilibrio político regional.
Dos candidatos, dos modelos de país
Cepeda, senador y figura histórica de la izquierda colombiana, representa la continuidad del proyecto político impulsado por Petro. Su programa plantea profundizar las reformas sociales, fortalecer el papel del Estado en sectores estratégicos, acelerar la transición energética, ampliar la protección ambiental y consolidar la implementación de los acuerdos de paz.
Su campaña ha defendido la necesidad de reducir la desigualdad y mantener el enfoque de «potencia mundial de la vida» promovido por el actual Gobierno.
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Del otro lado está De la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria, quien se presenta como un «outsider» político. Su propuesta combina reducción del gasto público, desregulación económica, incentivos a la inversión privada, endurecimiento de la política de seguridad y una estrategia de «mano dura» contra el narcotráfico y el crimen organizado.
También ha prometido modernizar la administración pública mediante herramientas tecnológicas y revisar algunas de las reformas impulsadas por el actual Gobierno.
La primera vuelta reflejó la división del electorado. De la Espriella obtuvo cerca del 44 % de los votos frente al 41 % de Cepeda, mientras que las encuestas publicadas en los últimos días mantienen una ventaja para el candidato opositor, aunque dentro de márgenes que aún dejan espacio para una disputa cerrada.
¿Qué está en juego para Colombia?
La elección definirá si Colombia continúa el experimento progresista iniciado en 2022 con Gustavo Petro o si gira hacia una agenda de derecha marcada por la seguridad, la liberalización económica y una relación más estrecha con sectores conservadores nacionales e internacionales.
En materia económica, los dos candidatos proponen caminos distintos. Mientras Cepeda apuesta por una mayor intervención estatal y la profundización de reformas sociales, De la Espriella defiende una estrategia orientada al mercado, con énfasis en la inversión privada y la reducción de cargas tributarias para estimular el crecimiento.
También está en juego el futuro de la política de paz. Un eventual Gobierno de Cepeda buscaría continuar los diálogos con grupos armados y profundizar los mecanismos de justicia transicional, mientras que De la Espriella ha defendido una postura mucho más severa frente a las organizaciones ilegales y ha cuestionado algunas de las instituciones creadas tras el acuerdo con las FARC.
La campaña se ha desarrollado además en un ambiente de alta polarización. Analistas y medios internacionales han descrito estos comicios como una de las elecciones más divididas de los últimos años en América Latina, reflejo de tensiones acumuladas por problemas de seguridad, desigualdad económica y desconfianza institucional.
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Impacto más allá de las fronteras
El resultado tendrá repercusiones regionales. Una victoria de Cepeda sería interpretada como la continuidad de uno de los principales gobiernos de izquierda de Sudamérica y reforzaría la presencia de fuerzas progresistas en la región.
Por el contrario, un triunfo de De la Espriella consolidaría el avance de liderazgos conservadores y de derecha en América Latina, en un contexto marcado por debates sobre seguridad, migración y relaciones con Estados Unidos.
Su cercanía ideológica con figuras como Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele ha sido señalada por analistas como un factor que podría modificar la política exterior colombiana y sus alianzas regionales.
La relevancia de Colombia —la cuarta economía de América Latina y aliado estratégico de Washington— explica por qué diversos observadores consideran esta elección una de las más importantes del año en la región. Lo que ocurra este domingo podría influir en debates sobre seguridad, integración regional, transición energética y gobernabilidad democrática en todo el continente.
Con dos visiones opuestas sobre el futuro del país, los colombianos acudirán a las urnas para decidir no solo quién sucederá a Petro, sino también qué rumbo tomará una nación que llega a la cita electoral profundamente dividida y en busca de respuestas a sus principales desafíos económicos, sociales y de seguridad.
