El Parque Nacional Iguazú atraviesa una de las crecidas más imponentes de los últimos tiempos debido a las intensas y continuas precipitaciones registradas en la cuenca alta del río Iguazú. Impulsado por las alteraciones climáticas del fenómeno de «El Niño», el caudal de los saltos experimentó un aumento descomunal que superó los 12.000 metros cúbicos por segundo, una cifra que representa casi diez veces el volumen promedio habitual de este atractivo natural, obligando a las autoridades de Argentina y Brasil a activar protocolos de emergencia para resguardar la seguridad de los turistas.
Esta maravilla natural se encuentra ubicada en la frontera entre Argentina y Brasil, en pleno corazón de la selva paranaense en América del Sur. Geográficamente, está conformada por 275 saltos sobre el río Iguazú, repartiéndose entre el extremo norte de la provincia de Misiones (Argentina), donde se asienta el Parque Nacional de Iguazú y la ciudad base de Puerto Iguazú, y el extremo oeste del estado de Paraná (Brasil), protegido por el Parque Nacional do Iguaçu junto a la localidad de Foz do Iguaçu. Si bien el 80% de los saltos pertenece al territorio argentino, el sector brasileño ofrece las postales panorámicas más frontales del complejo.
Ante la magnitud del evento hidrológico, el área protegida del lado argentino implementó una reapertura parcial y condicionada tras haber permanecido cerrada de manera total y preventiva. En la actualidad, los visitantes pueden ingresar al predio para recorrer los circuitos Superior e Inferior, los cuales se encuentran habilitados bajo un estricto monitoreo de los guardaparques. No obstante, las excursiones náuticas y los senderos secundarios de la selva sufren suspensiones intermitentes según las condiciones del terreno.
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La peor parte de la crecida se la llevó el balcón más famoso del mundo, ya que el acceso a la Garganta del Diablo permanece cerrado por tiempo indefinido. El pronóstico de lluvias continuas en la región obliga a mantener clausurada la pasarela que conduce al emblemático salto para evitar accidentes. Las autoridades técnicas evalúan de forma constante el comportamiento del río, previendo que las restricciones en este sector específico se extiendan debido a la persistencia del mal tiempo.
Por su parte, el Parque Nacional do Iguaçu, en el lado brasileño, mantiene sus puertas abiertas y permite la visualización de los saltos desde los miradores altos, aunque con restricciones severas en su infraestructura clave. El personal de seguridad civil debió desmontar las barandas metálicas de la pasarela principal que conduce a las caídas de agua. Esta medida técnica busca reducir la resistencia de la estructura ante la violenta presión del río y prevenir que el arrastre de grandes troncos y escombros provoque daños estructurales irreparables.
El consorcio administrador y la Administración de Parques Nacionales advirtieron que la situación es extremadamente dinámica y no se descartan nuevos cierres totales e imprevistos si el caudal vuelve a sobrepasar los límites de seguridad. Se solicita a las agencias de turismo y a los visitantes particulares consultar los canales oficiales deambos parques antes de trasladarse al área de las cataratas, ya que los niveles de alerta se actualizan hora a hora en función de la evolución meteorológica.
