Londres. Keir Starmer anunció este lunes su dimisión como líder del Partido Laborista y primer ministro británico, tras perder el apoyo de su grupo parlamentario.
Starmer prometió que hará todo lo posible para conseguir una transición ordenada del Ejecutivo.
Al frente de un Gobierno laborista que, en algo menos de dos años, pasó de obtener la mayoría absoluta bajo la promesa de traer un cambio al país, a convertirse en tremendamente impopular entre los británicos.
Abogado de profesión, Starmer llegó el 4 de julio de 2024 a la residencia oficial del 10 de Downing Street con una victoria rotunda en las elecciones generales, tras 14 años de gobiernos conservadores.
Con un perfil serio y poco carismático -lejos de las excentricidades de Boris Johnson-, Starmer contaba a sus espaldas, no obstante, con una larga y exitosa trayectoria política y de gestión pública como principal baza.
Pero el mandato laborista de Starmer se ha caracterizado por su tibieza a la hora de posicionarse en temas controvertidos como el conflicto palestino-israelí, así como por algunas decisiones fiscales y políticas muy criticadas, como el recorte de ayudas a pensionistas o el nombramiento del exministro Peter Mandelson, con estrechos vínculos con el pederasta convicto estadounidense Jeffrey Epstein, como embajador en Washington.
Por otro lado, también abogó por restablecer las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE), dañadas tras el Brexit, en materia comercial, seguridad y de defensa -sin atreverse a abogar por una vuelta del país a la UE-.
Pero su forma de gobernar no convenció ni al electorado que le había apoyado en un inicio, que dio la espalda al Partido Laborista en las elecciones locales y regionales del pasado 7 de mayo; ni a sus propios correligionarios, que acabaron pidiendo por decenas su dimisión como primer ministro y líder de la formación.
