El sector privado en Cuba comienza a importar combustible en medio del asedio petrolero de EE.UU.

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La Habana.- Pequeñas empresas privadas cubanas han comenzado a importar directamente combustible en pleno asedio petrolero de Estados Unidos, mientras firmas internacionales establecidas en la isla exploran esta alternativa, según ha podido confirmar EFE.

Esta opción representa un alivio ante la asfixia energética atribuida a Washington. No obstante, enfrenta dos desafíos clave: la compleja y lenta burocracia cubana, con múltiples requisitos y demoras, y la incertidumbre derivada de las sanciones estadounidenses.

Los volúmenes actualmente contratados están destinados exclusivamente a cubrir necesidades empresariales específicas. En ningún caso podrían suplir la demanda energética nacional, estimada en unos 110.000 barriles diarios, de los cuales aproximadamente 40.000 proceden de producción local.

Fuentes consultadas señalaron que el Gobierno cubano ha sostenido en los últimos días reuniones con empresarios extranjeros y emprendedores locales para explicar los procedimientos necesarios, en un contexto de creciente parálisis económica y social en la isla.

La medida da seguimiento al anuncio realizado en noviembre pasado por el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva, quien indicó que “en breve” se permitiría a empresas extranjeras y mixtas importar su propio combustible “cuando sea necesario”.

Hasta ahora, el Estado cubano mantenía el monopolio de la importación de petróleo y combustibles —principalmente mediante tanqueros propios o arrendados— así como de la comercialización minorista de productos refinados en el país.

Según participantes en los encuentros oficiales, la importación de combustible en depósitos transportados dentro de buques cargueros seguiría un procedimiento similar al de otros productos adquiridos en el exterior, canalizado a través de una importadora estatal, lo que suele implicar plazos prolongados.

Adicionalmente, se exigirían requisitos específicos de seguridad, dada la naturaleza peligrosa del material, y la certificación de instalaciones adecuadas para su almacenamiento, ya sea en ubicaciones privadas autorizadas o en empresas estatales acondicionadas.

Las autoridades han subrayado que el combustible importado por particulares será exclusivamente para autoconsumo y no podrá destinarse a la reventa.

De acuerdo con empresarios interesados, la importación se realizaría mediante depósitos cilíndricos de acero inoxidable tipo isotanque T11, con capacidad de entre 21.000 y 26.000 litros. Estos contenedores pueden transportarse en buques de carga estándar al estar integrados en estructuras metálicas de dimensiones homologadas.

Varias compañías con sede en Estados Unidos cuentan con licencias específicas para exportar diésel en isotanques a Cuba, exclusivamente para clientes privados. Paralelamente, empresarios en la isla evalúan opciones de compra en otros países de la región.


La incertidumbre arancelaria

No está claro si la importación de combustible por parte del sector privado en Cuba queda incluida en la orden ejecutiva firmada el 29 de enero por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El texto contempla la imposición de aranceles “a los bienes importados a Estados Unidos que sean productos de cualquier país que directa o indirectamente venda o provea de alguna forma petróleo a Cuba”.

EFE solicitó a la Embajada de Estados Unidos en Cuba una aclaración formal para confirmar si la expresión “a Cuba” incluye también a empresas privadas —locales o internacionales establecidas en la isla— que no estén controladas por el Estado cubano o su red empresarial. La legación diplomática remitió como respuesta al texto original de la orden ejecutiva.

Fuentes involucradas en este comercio aseguran haber recibido “señales” de que la administración estadounidense estaría dispuesta a tolerar estos envíos.

En este contexto, el semanario británico The Economist señaló en su última edición que la administración estadounidense contempla permitir la entrada a la isla de un volumen limitado de combustibles destinados a cubrir necesidades básicas.

La presión de Estados Unidos se produce en un momento en que la economía cubana atraviesa su peor crisis en décadas. En los últimos cinco años, el país ha perdido alrededor del 15 % de su producto interno bruto (PIB) y más del 20 % de su población. La desigualdad y la pobreza han aumentado significativamente.

Ante este escenario, el Gobierno cubano ha activado un plan de contingencia para operar con niveles mínimos de combustible importado, una situación difícilmente sostenible a medio plazo. Actualmente, los hospitales funcionan con servicios reducidos, el transporte público se encuentra severamente limitado y el combustible permanece fuertemente racionado.

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