El terremoto de Haití: 200,000 muertes y millones sin hogar

Puerto Príncipe. El 12 de enero de 2010 un sismo afectó el país ubicado al oeste de la isla caribeña La Española. Hubo más de 200000 muertos y dos millones de personas perdieron sus viviendas

El sismo duró apenas segundos pero arrasó con miles de vidas y buena parte de la construcción de la capital haitiana.

Emmanuel Buso dijo: “Sentí la casa tambaleándose. No sabía si estaba boca arriba o boca abajo”. El joven explicó que se desmayó entre los escombros y en sueños oyó los gritos de su madre. No tenía nada que comer y bebió su propia orina para no deshidratarse. “Estoy hoy aquí porque Dios lo quiere”, aseguró.

“Dejé a mis cinco hijos en casa. El pánico se apoderó de mí. La casa de dos pisos se había derrumbado. Pensé que estaban todos muertos”, dijo la madre de Mendji. Ayudada por sus vecinos, continuó con la búsqueda de su hija Mendji, pese a haber encontrado el cadáver de su hijo de cinco años. La mujer explicó cómo escuchó a un vecino gritar: “He oído a tu hija, ha pedido ayuda”. “No lo creía, pero me apresuré, los vecinos empezaron a cavar, ella estaba con vida y la sacaron. Me habló y me pidió leche y cereales, y luego se desmayó”, relató.

Bendji Bahina Sanon que en 2010 tenía apenas 11 años fue rescatada de entre los escombros de su casa ocho días después de que la tierra se sacudiera como nunca en Haití. Emmanuel Baso, que por entonces tenía 20 años fue rescatado cuatro días más tarde del terremoto. Ellos fueron dos de los sobrevivientes de una tragedia que hace 16 años enlutó al mundo entero.

El 12 de enero de 2010 la capital de Haití quedó bajo los escombros. En pocos segundos, un movimiento sísmico de 7 grados en la escala de Richter dejó el 65% de las construcciones en la zona metropolitana de Puerto Príncipe-Pétionville totalmente colapsadas o con un alto grado de destrucción.

Más de 200,000 personas perdieron la vida y más de dos millones quedaron en la calle. El centro de comando de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah) también colapsó, dejando sin cabeza a la fuerza de militares de múltiples banderas que operaba en el país con la intención de mantener la Paz.

Por aquel entonces se estimó que los muertos eran 200,000 sin contar las víctimas que habían quedado enterradas bajo los escombros ni a las que las familias habían dado sepultura por su cuenta y riesgo. Y todo esto en un país de nueve millones de habitantes.

El presidente, René Préval, vio cómo el Palacio de Gobierno, para muchos emblema de la añorada belleza que un día tuvo la ciudad, se hundía de repente. El primer ministro, Jean-Max Bellerive, salió a recorrer la ciudad para evaluar el daño subido a un mototaxi, con el que fue a buscar a los funcionarios del gobierno para iniciar las tareas de coordinación de la crisis.

El Palacio de los Ministros colapsó, las oficinas de la Protección Civil quedaron inservibles y su personal fue privado de los mínimos medios de coordinación, igual que los alcaldes de las comunas afectadas y los responsables locales de defensa civil. Por la hora del sismo (se produjo poco antes de las cinco de la tarde), una gran cantidad de funcionarios importantes se encontraba aún en sus oficinas de modo tal que muchos perdieron la vida.

Por entonces, la comunidad internacional tardó en reaccionar para ayudar de forma coordinada a los haitianos. El temblor fue tan fuerte y su capacidad de destrucción tan expansiva que dos días después de la tragedia los aeropuertos aún seguían cerrados, lo que provocó que el país caribeño permaneciera aislado del resto del mundo.

Dos millones de personas dezplazadas

Analistas señalan que el verdadero desastre en Haití no fue el movimiento sísmico, algo que por ejemplo se produjo nuevamente en 2021. Aseguraron entonces que la catástrofe son los dos millones de personas que deambulaban por las plazas y calles y que vivían en espacios precarios superpoblados, con escasos medios de protección contra la intemperie.

Y el medio millón de desplazados internos, que no se sabía adónde y en qué condiciones estaban.
El desastre que acompañó el sismo en Haití, reafirman, es una población mayoritariamente pobre que luego del temblor arrasador se encontraba en las peores condiciones de inseguridad, condiciones que antes del sismo caracterizaban sobre todo las zonas de exclusión más violenta de los asentamientos precarios.

En enero de 2010 miles de personas que pugnaban por alejarse de esa realidad espantosa fueron sumidas, por el terremoto en la marginalización extrema, la insalubridad y la intemperie. Tocaron el fondo del fondo.

El sufrimiento de la gente, las muertes y la situación de incertidumbre de la población que padecía hambre centraron toda la atención por aquellos días de luto y desesperación en Haití.

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