El Gobierno de EE.UU. reforzó durante el fin de semana la presión política que lleva a cabo para que los países de América Latina suspendan los contratos o proyectos con empresas chinas.
La estrategia consistió en que sus embajadas y funcionarios diplomáticos en la región repitieran en sus redes sociales un mensaje del subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, en el que justifica el interés de EE.UU. de desplazar por completo los intereses comerciales de China en la región.
“Las tecnologías de alto riesgo de empresas chinas como Huawei, ZTE, Hikvision, Hytera, Dahua y DJI están, en última instancia, sujetas a los designios del gobierno comunista chino”, afirmó el texto, forma parte de una política estadounidense de seguridad tecnológica que lleva años desarrollándose. La Comisión Federal de Comunicaciones mantiene equipos y servicios de varias de esas compañías en su lista de tecnologías consideradas un riesgo para la seguridad nacional estadounidense.
.@WHAAsstSecty: Las tecnologías de alto riesgo de empresas chinas como Huawei, ZTE, Hikvision, Hytera, Dahua y DJI están, en última instancia, sujetas a los intereses del gobierno comunista chino. La legislación china obliga a estos proveedores a cooperar con los servicios de… https://t.co/Cz0pqgXWIf
— EmbajadaUSAenRD (@EmbajadaUSAenRD) August 22, 2026
El choque llega a Santo Domingo
La orden llegó del departamento de Estado llegó a República Dominicana, donde la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana reprodujo en sus redes sociales la advertencia, provocando una reacción extraordinariamente dura de la representación china en el país que, en un comunicado en su portal oficial, calificó las acusaciones como una “pura invención”, denunció una “mentalidad de Guerra Fría” y describió la ofensiva estadounidense como “intimidación tecnológica y coacción unilateral”. Beijing aseguró que sus compañías cumplen las legislaciones nacionales y defendió el derecho de cada Estado a escoger sus socios comerciales y tecnológicos.
Hay, además, un dato que vuelve especialmente interesante el caso dominicano: la disputa tecnológica llegó apenas días después de otro frente de presión comercial estadounidense sobre República Dominicana relacionado con China. En agosto, un informe de la Casa Blanca sobre presunto transbordo para evadir aranceles ubicó al país entre más de 40 jurisdicciones consideradas vulnerables a operaciones de triangulación y llegó a identificar el corredor Caucedo-Haina en su mapa de riesgos. El MICM respondió que el documento no demostraba que las exportaciones dominicanas fueran producto de triangulación ilícita, no cuantificaba un volumen atribuible al país y no imponía sanciones.
Así, República Dominicana ya no aparece solamente entre EE.UU. y China por diplomacia o comercio, sino que entra simultáneamente en las tres geografías de la rivalidad: cadenas de suministro, infraestructura logística y tecnología.
El intercambio de bienes entre Estados Unidos y República Dominicana alcanzó unos US$20,500 millones en 2025, mientras el comercio de servicios sumó otros US$13,900 millones, dentro de una relación económica estructurada además por el DR-CAFTA. China, entretanto, se ha convertido en uno de los principales abastecedores del mercado dominicano. Datos de la Dirección General de Aduanas (DGA) apuntan que, durante enero-junio de este año, EE.UU originó el 38.30 % de las importaciones dominicanas bajo el régimen de despacho a consumo y China el 19.27 %, sumando entre ambos el 57.56 %. Por el momento, el Gobierno dominicano no ha fijado públicamente posición sobre el intercambio entre sus dos importantes socios.
Presión regional
La disputa entre EE.UU y China cuenta con varios capítulos regionales. Argentina ofrece el caso más explícito de presión: la cooperativa eléctrica CALF, la mayor distribuidora de energía de la Patagonia, denunció que funcionarios estadounidenses advirtieron sobre posibles restricciones o revocaciones de visas a directivos vinculados a un proyecto con Huawei. China acusó a Washington de interferir en la cooperación comercial y violar principios de soberanía y libre mercado. El episodio es todavía más significativo porque ocurre en Neuquén, corazón del yacimiento Vaca Muerta, y mientras el Gobierno de Javier Milei, políticamente muy próximo a Washington, mantiene al mismo tiempo vínculos económicos cruciales con Beijing. China y Argentina renovaron este mes un swap bilateral de 130,000 millones de yuanes, unos US$19,300 millones.
Las tecnologías de alto riesgo de empresas chinas como Huawei, ZTE, Hikvision, Hytera, Dahua y DJI están, en última instancia, sujetas a los designios del gobierno comunista chino. La legislación china obliga a estos proveedores a cooperar con los servicios de inteligencia de… https://t.co/4etbYIzUvw
— Embajador Peter Lamelas (@USAmbassadorARG) August 22, 2026
🇨🇳 Declaración de Portavoz de la Embajada de China en Argentina sobre la arbitraria obstrucción de la cooperación entre China y Argentina por parte de Estados Unidos pic.twitter.com/ewuaK94Bp8
— Embajada de China en Argentina (@ChinaEmbArg) August 6, 2026
Brasil, por su parte, está ensayando la estrategia contraria: negarse a elegir. El 20 de agosto, prácticamente en vísperas de la ofensiva comunicacional estadounidense, el gigante suramericano anunció inversiones por unos 2,300 millones de reales en inteligencia artificial. Un proyecto de 1,300 millones contempla cooperación con Huawei e iFlytek; otro, de aproximadamente 1,000 millones, deberá adjudicarse mediante licitación y funcionarios esperan que Nvidia sea el proveedor. La declaración del Gobierno de Lula fue casi una definición doctrinal: no depender de una sola empresa, tecnología o país y fortalecer la soberanía sobre los datos. Otros casos en Panamá y Perú extienden la disputa al frente de los puertos y la infraestructura estratégica.
Este último, el caso Brasil ofrece una imagen que se repite en la región: China es su mayor socio comercial mientras Estados Unidos sigue siendo su principal fuente de inversión extranjera; el Gobierno brasileño compra tecnología de ambos y define esa diversificación como autonomía estratégica.
Las amenazas estadounidenses pueden elevar el costo político de contratar determinadas empresas chinas, pero no eliminan las razones económicas que originaron la relación con China. Y cuanto más Washington recurra exclusivamente a aranceles, restricciones, amenazas de visas o advertencias de seguridad sin acompañarlas de alternativas competitivas de financiación, mercado e infraestructura, mayor será el incentivo de algunos gobiernos para diversificar relaciones.
