“Geopolítica, Rusia, China y el desafío de Occidente”

Rusia no puede analizarse como un actor aislado, sino como parte de una larga narrativa histórica

Nelson Espinal Báez combina el rigor académico con la experiencia práctica en negociación internacional.
Sus análisis recuerdan que la geopolítica no es una cuestión de improvisación, sino de estrategia, visión de largo plazo y comprensión profunda de la historia.

Es Associate del MIT-Harvard Public Disputes Program at Harvard Law School y presidente de Cambridge International Consulting, con operaciones en toda América Latina y oficinas en Boston, Santo Domingo, Caracas y Lima.

Espinal Báez, usted ha escrito extensamente sobre Rusia. ¿Cuál es la clave para entender el momento actual?
Rusia no puede analizarse como un actor aislado, sino como parte de una larga narrativa histórica. Tras la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, hubo una oportunidad única de integrar a Rusia en el sistema democrático occidental. Sin embargo, como recordaba Andrei Grachev, portavoz de Gorbachov, los líderes occidentales vieron el fin de la Guerra Fría como una victoria militar. Ese error estratégico selló décadas de desconfianza y abrió la puerta al resurgimiento de un Kremlin decidido a recuperar influencia.

Pregunta. En sus artículos ha subrayado el rol de la OTAN y la diplomacia fallida. ¿Qué enseñanzas nos deja ese proceso?
El error fue convertir la expansión de la OTAN en un fin en sí mismo. Desde Moscú se percibió como humillación y amenaza. En la lógica de la negociación internacional, nunca se debe dejar a un adversario sin una salida honorable. No se trataba de “ganar la Guerra Fría”, sino de diseñar un nuevo orden mundial inclusivo. El fracaso de esa visión no solo fue político-militar: fue un fracaso de negociación tridimensional, porque no se pensó en cómo crear valor para todas las partes ni en cómo construir coaliciones sostenibles. Ese vacío explica buena parte de la tensión actual.

Pregunta . ¿Y qué papel juega China en este tablero?
Mientras Occidente se enredaba en sus propios conflictos, China avanzaba silenciosamente. Como he escrito en “China, la gran ganadora silenciosa”, Pekín se convirtió en la gran beneficiaria de las divisiones de sus rivales. Invirtió en infraestructuras, lidera la transición verde, media en conflictos de Medio Oriente y fortalece su influencia en América Latina. China no necesita gritar: gana en silencio, aprovechando el ruido ajeno.

Pregunta. Usted cita con frecuencia a Henry Kissinger. ¿Qué enseñanzas ofrece su legado?
Kissinger entendió que la diplomacia triangular era clave: mantener a Rusia y China separadas. Para él, era imperativo evitar que ambas potencias se alinearan contra Occidente. Hoy estamos viendo justo lo contrario: un eje Moscú–Pekín que redefine el equilibrio global. Esto no es casualidad: es el resultado de décadas de errores estratégicos de Washington y Bruselas. Kissinger era un realista: sabía que las alianzas se administran, no se improvisan.

¿Cómo debería responder Occidente?
Con inteligencia estratégica, no con reacción táctica. Occidente debe volver a pensar en grande: reconstruir alianzas, defender valores democráticos sin caer en la arrogancia, y sobre todo, cultivar relaciones diferenciadas con cada potencia. El mundo multipolar no se gestiona con trincheras, sino con negociación tridimensional: visión estratégica, coaliciones flexibles y creación de valor más allá del conflicto inmediato. Países como India, Brasil o Turquía —que no se alinean automáticamente con ningún bloque— son ejemplo de que la política internacional se juega hoy en los márgenes, no en las trincheras tradicionales.

¿Y cuáles son las lecciones que extrae la República Dominicana de este panorama?
Que un país pequeño no es irrelevante. Al contrario, en la diplomacia contemporánea, las naciones medianas y pequeñas pueden convertirse en power houses regionales si entienden el valor de la estrategia. La clave está en la diplomacia inteligente: usar el turismo, la diáspora y la posición geográfica como instrumentos de soft power. Hoy esos recursos existen de facto, pero falta institucionalizarlos en una estrategia nacional. No podemos cambiar la geopolítica mundial, pero sí podemos negociar nuestro lugar en ella.

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