Durante décadas, Jair Bolsonaro transitó por la vida política sin pena ni gloria. Hasta que se convirtió en el primer líder de extrema derecha elegido en Brasil, y tras un mandato convulso se dice seguro de su reelección.

Este excapitán del ejército nostálgico de la dictadura militar (1964-1985), de 67 años, intentará este domingo imponerse en un balotaje ante el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que venció la primera vuelta (48% a 43%) y continúa como favorito en los sondeos, aunque por poco.

Bolsonaro ha planteado los comicios como una batalla entre “el bien y el mal”.

Tras casi cuatro años en el poder, mantiene su gusto por los exabruptos, los desafíos a las instituciones y la polarización de la sociedad brasileña.

Admirador del expresidente estadounidense Donald Trump, Bolsonaro sigue contando con el apoyo de buena parte de quienes le auparon en 2018: los influyentes ‘lobbies’ de las armas, el agronegocio y el vasto electorado evangélico.

Tras advertir durante meses que podría estar gestándose un fraude -alegando sin pruebas fallas en el sistema electrónico de votación-, en la recta final de la campaña dio a entender que aceptaría una eventual derrota. “Si la comisión de transparencia, en la que también participan las Fuerzas Armadas, no presenta nada de anormal, no hay por qué dudar del resultado de las elecciones”, dijo Bolsonaro en una entrevista televisiva.

Un “outsider” controvertido

Jair Messias Bolsonaro nació en 1955 en Glicério, un pequeño pueblo en el interior de Sao Paulo, en una familia de origen italiano.

Aprendió a pescar y buscar oro con su padre, Percy Geraldo Bolsonaro, ‘garimpeiro’ en la selva de Pará durante los años 1980.

Estudió en la academia militar en Rio de Janeiro y entró a la vida castrense, salpicada de episodios de insubordinación, como cuando publicó un artículo en la prensa criticando los bajos salarios de los militares.

Estas acciones lo empujaron a la política.

En 27 años como diputado en Brasilia, fue autor de solo dos proyectos de ley aprobados.

Llamaba la atención sobre todo por sus exabruptos, como cuando dijo a una diputada en 2014 que era “demasiado fea” para ser “violada”.

Pese a su larga carrera política, Bolsonaro llegó al poder presentándose como un “outsider”, con un fuerte discurso anticorrupción.

Este hombre de ojos azules y sintaxis simple, a menudo vestido con una camisa por fuera del pantalón, sedujo en 2018 al 55% de los brasileños, a pesar de sus declaraciones racistas, misóginas y homófobas.

“El bolsonarismo es un movimiento que expresa el conservadurismo brasileño, que estaba sin dueño”, dijo a la AFP Jairo Nicolau, politólogo de la Fundación Getulio Vargas.

Su gobierno, sujeto a múltiples remodelaciones, recayó en manos de varios militares, como el vicepresidente, Hamilton Mourao.

Su mandato estuvo marcado por crisis, empezando por la pandemia del covid-19, que definió de “gripecita”.

Tras oponerse a las medidas de prevención y cuestionar la eficacia de las vacunas, Bolsonaro aseguró no ser “culpable de nada”, pese a que una comisión de investigación parlamentaria recomendó su inculpación por “crímenes de lesa humanidad”. A día de hoy, 688.000 personas murieron en Brasil por covid.

Su alianza con un grupo de partidos tradicionales le aseguró apoyo suficiente para frenar las cerca de 140 solicitudes de juicio político presentadas en el Parlamento.

Bolsonaro también es objeto de varias investigaciones en el Supremo Tribunal Federal, en particular por desinformación.

Por este motivo, atacó frontalmente a la justicia, hasta el punto de amenazar con dejar de acatar las decisiones de la máxima corte y tildar a sus jueces de “canallas”.

Desdeñando los medios tradicionales, Bolsonaro se comunica directamente con sus millones de suscriptores en las redes sociales.

En el plano internacional se mostró “neutral” sobre la invasión de Ucrania ordenada por el presidente ruso, Vladimir Putin.

Una de las polémicas más violentas la protagonizó con el presidente francés, Emmanuel Macron, en 2019, por la deforestación del Amazonas, que aumentó más de 70% durante el mandato de Bolsonaro, según estadísticas oficiales. En números reales las cifras de desforestación del gobierno Lula fueron mayores, pero en su gobierno la desforestación cayó 70%, según las mismas fuentes.

Por: Infobae

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