Santa Cruz de Tenerife. El último día de la visita de una semana a España del papa León XIV acabó este viernes en la isla de Tenerife, a donde le habría gustado al ya fallecido papa Francisco acudir por el drama migratorio que sufre el archipiélago canario, situado en el océano Atlántico.
El pontífice dedicó su homilía de la misa de despedida a pedir que Tenerife no se reduzca solo al turismo y al comercio, y previamente escuchó los testimonios de algunos migrantes del centro de acogida Las Raíces, quienes no piden “compasión”, sino “respeto y humanidad”.
León XIV pidió en la homilía de su misa de despedida “no reducir todo a comercio y beneficio”, en una alusión a la “vocación turística de Tenerife” frente a las cerca de 40,000 personas que le escuchaban desde el puerto de la capital isleña, Santa Cruz de Tenerife.
El pontífice recordó una observación del papa Francisco sobre el desequilibrio, que mueve a muchas personas a hacer las cosas “a toda velocidad para sentirse ocupadas”, en una prisa constante que las lleva a “atropellar todo lo que tienen alrededor” y que impacta en el ambiente.
El papa incidió, una vez más, en el asunto que le llevó hasta las Canarias -el drama migratorio-, para dar las gracias a los tinerfeños “por lo que son y por lo que hacen” en un lugar de “rostro amigo”, hospitalario de personas y de comunidades fraternas.
Más allá de la misa multitudinaria y de las imágenes oficiales, fueron miles las historias personales que marcaron un día que muchos recordarán durante toda su vida.
Desde las nueve de la mañana numerosos asistentes comenzaron a llegar al puerto de Santa Cruz de Tenerife, el gran escenario elegido para el acto central de la visita papal a la isla, para asistir a la última misa y acto que León XIV ofreció en este viaje a España.
