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Colombo (EFE).- Sarath Jaya abandonó este miércoles, como el resto de manifestantes, la acampada en Colombo que durante más de 120 días fue su hogar y el epicentro de las protestas contra el Gobierno por su gestión de la crisis económica en Sri Lanka, con la victoria de haber desalojado al expresidente Gotabaya Rajapaksa.

Desmantelada hoy tras semanas de declive, después de la huida del país del antiguo mandatario y el nombramiento de Ranil Wickremesinghe al frente del país, los manifestantes parten con el sentimiento de no haber podido cambiar el sistema, pero con la promesa de seguir con la lucha.

Las tiendas improvisadas levantadas el pasado 9 de abril en el parque capitalino Galle Face Green, en las inmediaciones de la residencia presidencial que miles de manifestantes acabaron asaltando en julio, se habían convertido para Jaya en un hogar fuera de casa.

Jaya, que tras recoger sus pertenencias piensa dirigirse a la ciudad central de Kandy de donde vino, expresó a Efe su tristeza por deber abandonar la acampada donde cada día se encargó de alimentar a los manifestantes desde la cocina comunitaria.

Un lugar donde miles de personas enfurecidas por la falta de alimentos y combustible, así como por la inflación y la en su opinión nefasta gestión de la crisis del poderoso clan Rajapaksa, encabezaron las protestas.

«Queríamos quedarnos, nuestro plan era tomar una decisión sobre si irnos o seguir tras la protesta de ayer», explicó.

DECLIVE DE LA ASISTENCIA

Después de la euforia de principios de julio, con la toma durante días de edificios públicos y el desalojo de Rajapaksa, llegó la resaca de los desalojos policiales y las detenciones con Wickremesinghe al frente de un nuevo Gobierno.

Con motivo del cuarto mes de protestas ininterrumpidas, los manifestantes esperaban el martes demostrar todavía su fuerza en la calle y exigir el fin del reguero de detenciones a activistas y líderes.

«Pero la asistencia a la protesta fue muy débil, no había ni quinientas personas. Así que he decidido irme hoy, ya que para ser fuertes aquí necesitamos el apoyo del público», dijo Jaya.

En las primeras semanas los manifestantes se vieron colmados de donaciones, tanto monetarias como en forma de alimentos y tiendas, incluso libros.

Pero hoy la famosa librería de la acampada ya había sido desmantelada, al igual que la tienda bajo la que operaba la cocina comunitaria en la que Jaya pasó tantos días cocinando. El agua y la electricidad han sido suspendidos.

«Después de que Ranil llegase al poder, todas las donaciones se agotaron y la gente se empezó a marchar. Entonces nos dimos cuenta de que algunos simplemente estaban aquí por su propio beneficio y para hacer política», dijo el manifestante sin ocultar su desilusión.

PROMESAS DE CONTINUAR LA LUCHA

Para activistas como Udara Prasad, el desmantelamiento de la acampada en medio de un ultimátum policial para desalojar el parque no es el final de las protestas.

«No nos vamos por el anuncio de la Policía, o porque le tengamos miedo al Gobierno. Este es solo un lugar, la lucha seguirá con nosotros y volveremos pronto», dijo a Efe Prasad.

Varios líderes y manifestantes continúan exigiendo la dimisión de Wickremesinghe, antiguo primer ministro del exmandatario y su Gabinete continuista con el depuesto Gobierno.

El desmantelamiento de la acampada se produjo después de que la Policía notificase que los ocupantes tenían hasta el pasado viernes para abandonar el área, una orden anulada luego por la Fiscalía General de Sri Lanka.

Sri Lanka afronta la peor crisis económica de su historia, sumida en un profundo endeudamiento y sin liquidez para adquirir bienes esenciales como medicamentos, combustible, alimentos y gas.

En medio de la situación, la nación insular retomó la semana pasada las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para lograr un préstamo con el que atajar la crisis. EFE

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