Copenhague. El Nobel de Física ha distinguido este martes al belga Francis Halzen por sus hallazgos sobre los neutrinos, con los cuales ha sentado las bases para un nuevo tipo de astronomía y que podrían revelar fenómenos cósmicos previamente desconocidos.
La Real Academia de las Ciencias Sueca destacó en su fallo el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico realizado por Halzen, así como “sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube”.
Los científicos sabían desde hace mucho que el universo contiene aceleradores de partículas naturales que lanzan partículas con energías hasta un millón de veces superiores a las que se pueden alcanzar en los laboratorios, recuerda la Academia, pero su existencia no había sido confirmada.
Los neutrinos de alta energía son creados en el mismo entorno que otros tipos de partículas, pero ni cambian de dirección ni pierden energía, por lo que pueden proporcionar información no disponible de otra manera, de ahí su importancia.
La astronomía de neutrinos comenzó a pequeña escala en la década de 1960 con la observación de neutrinos del sol a cargo de Raymond Davis Jr, confirmada luego por el equipo investigador del japonés Masatoshi Koshiba, quien a su vez registró años más tarde una lluvia de neutrinos relacionada con una supernova.
Ambos fueron premiados en 2002 con el Nobel por demostrar que los neutrinos podían usarse para estudiar fenómenos espaciales.
En la década de 1980, Halzen se dio cuenta de que el hielo antártico podía ser ideal para captar esos neutrinos, inspirado por un proyecto soviético, aunque, en vez de usar receptores de radio, apostó por instalar sensores de luz en el hielo para buscar destellos de luz procedentes de las colisiones.
