Madrid, 16 nov (EFE).- Después de que las encuestas y el resultado de las pasadas elecciones municipales y autonómicas españolas apuntaran hace escasos meses que se acababa su tiempo en el Palacio de la Moncloa, Pedro Sánchez ha conseguido ser investido de nuevo este jueves como presidente del Gobierno de España.

Es un ejemplo más de su capacidad de rebelarse al curso más lógico de los reveses que ha afrontado durante su vida política y de la que él mismo hizo gala en un libro con un título muy significativo, ‘Manual de Resistencia’.

Encontró argumentos para ese enunciado en otros hechos de los que ha sido protagonista: volvió a liderar el PSOE, con primarias por medio, tras dimitir como secretario general y, a pesar de que la historia de las mociones de censura debatidas en el Congreso podrían indicar que la suya seguiría la misma senda, consiguió que fuera la primera que prosperó y desbancó al expresidente conservador popular Mariano Rajoy.

«Yo soy muy determinado. En la vida, como en la política, hay que serlo», afirmó Sánchez años atrás, cuando aún aspiraba a gobernar y confesaba que él, siendo asesor del que fuera ministro de Exteriores Carlos Westendorp, reflexionó sobre la poca distancia que hay entre los que asesoran y los que deciden y él se dijo a sí mismo que quería ser de los segundos.

Camino ya de seis años como presidente, ha tenido oportunidad de tomar muchas decisiones, sobre todo durante el primer Gobierno de coalición del actual periodo democrático español, muy marcado por acontecimientos como la pandemia y las consecuencias de la guerra en Ucrania.

Pasar a la historia

Pero de entre todas las decisiones, está convencido de que al menos pasará a la historia por una de ellas, la exhumación de los restos mortales del dictador Francisco Franco del antes conocido como Valle de los Caídos.

No le va a ir a la zaga el haber accedido a la amnistía para los líderes del proceso secesionista catalán a la que se había opuesto incluso en la última campaña electoral.

Un cambio de criterio que ha justificado en favor de la concordia y echando mano del refranero: «Hay que hacer de la necesidad virtud».

Todo lo que ha acontecido y sigue aconteciendo alrededor de esta medida de gracia le ha situado en un escenario de presión, pero él ha afirmado que, fiel a la cultura de la competición que absorbió durante su etapa como jugador de baloncesto en el Estudiantes de Madrid, es mucho mejor cuando se ve presionado.

Del ‘break dance’ al servicio militar

También practicó el ‘break dance’, una disciplina que afirma que no se le daba nada mal. De eso hace muchos años, cuando aún no pensaba encarrilar su vida por la vía de la política pese a que la política siempre ha asegurado que estaba muy presente en su casa.

No se le pasaba tampoco por la imaginación que estaría prometiendo por tercera vez su cargo de presidente del Gobierno ante el rey Felipe VI cuando su padre, Juan Carlos I, fue testigo de su jura de bandera en el servicio militar, ya que entre quienes desfilaron aquel día había uno de sus sobrinos.

Sánchez representa a un nuevo Partido Socialista que se aleja del del expresidente Felipe González (muy crítico con parte de su gestión) pero porque se trata, según explica su heredero, de un tiempo bien distinto en el que hay que adoptar decisiones que quizás no se entiendan por la vieja guardia socialista.

El reto más difícil

Si se ha ganado fama de resistente, Sánchez va a tener oportunidad de afianzarla en esta legislatura o tirarla por la borda, porque se aventura que no va a ser nada sencilla debido a su dependencia de los independentistas, cuyos votos necesitó hoy y también tendrá que conseguir para gobernar en el día a día.

Ni tampoco por la dura oposición que prometen el conservador Partido Popular y la ultraderecha de Vox tanto en las instituciones como en la calle. Se antoja, por tanto, que tiene ante sí su reto más difícil.

En aquella etapa de asesor con Westendorp, el exministro era el alto representante de Naciones Unidas para Bosnia-Herzegovina y allí vivió un tiempo el futuro presidente.

Los escoltas ponían nombres en clave a cada uno de los miembros de la misión y Sánchez fue bautizado con el de ‘Esmeralda’. Según la escala de Mohs, que mide la resistencia de los minerales a ser rayados, se trata de una piedra preciosa de gran dureza, pero no la que más.

Es decir, es posible rayarla. Si el presidente aguanta sin rasguños durante cuatro años, quizás habría que revisar esa escala o los escoltas deberían haber pensado en atribuirle el nombre del mineral más resistente: diamante. EFE

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