En un mensaje publicado en Truth Social, Donald Trump escribió: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”.
La declaración, cargada de dramatismo, no estuvo acompañada de detalles concretos, pero se enmarca en una serie de amenazas previas en las que el mandatario ha planteado la posibilidad de destruir infraestructuras críticas de Irán, incluyendo puentes, centrales eléctricas y redes energéticas.

El mensaje también incluyó una aparente contradicción: Trump dejó abierta la puerta a un posible acuerdo de última hora, señalando que un “cambio de régimen total” podría dar paso a un escenario “revolucionario maravilloso”.
El ultimátum de Washington está directamente vinculado al control del estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del mundo para el transporte de petróleo.
Trump exigió que Irán levante el bloqueo de facto sobre esta vía antes de la medianoche GMT del martes. La advertencia llega en un momento en que los mercados energéticos ya muestran volatilidad ante el riesgo de interrupciones en el suministro global.
Sin embargo, Teherán ha rechazado la presión estadounidense. Medios estatales iraníes señalan que las autoridades no aceptarán un alto el fuego temporal y exigen el fin total de las hostilidades.

Bombardeos y amenazas de destrucción masiva
Desde finales de febrero, aviones de guerra de Estados Unidos e Israel han intensificado operaciones militares contra objetivos iraníes. Entre los puntos atacados figura la isla de Kharg, clave para las exportaciones petroleras del país.
Antes incluso de su advertencia sobre el fin de una “civilización”, Trump había afirmado que las fuerzas estadounidenses podrían inutilizar completamente la infraestructura del país, una posibilidad que expertos internacionales consideran cercana a violaciones del derecho internacional humanitario.
Las amenazas actuales contrastan con la narrativa que el propio Donald Trump ha promovido sobre su papel en la política internacional.

En octubre de 2025, la Casa Blanca expresó su malestar tras no recibir el Premio Nobel de la Paz, pese a que el mandatario aseguraba haber contribuido a poner fin a varios conflictos globales.
Meses después, en enero de 2026, la opositora venezolana María Corina Machado llegó a entregarle simbólicamente su medalla del Nobel durante una reunión en Washington, gesto que fue ampliamente cuestionado, ya que el galardón es intransferible según el comité noruego.

La Junta de Paz y la ambición global de Trump
En paralelo, Trump ha impulsado la creación de la llamada Junta de Paz, presentada como una estructura internacional para mediar en conflictos globales.
El organismo, anunciado durante el Foro Económico Mundial en Davos, cuenta con el respaldo de varios líderes internacionales, entre ellos Javier Milei, Viktor Orbán y Shehbaz Sharif.
Aunque inicialmente se planteó como una herramienta para gestionar conflictos como el de Gaza, algunos analistas consideran que podría competir con el papel de la Organización de las Naciones Unidas.
Las declaraciones del mandatario han reavivado los temores sobre una escalada militar de gran alcance, incluyendo el uso de armamento de alto poder destructivo.
El tono de sus mensajes —que oscilan entre amenazas de destrucción total y llamados a una transformación política en Irán— refleja una estrategia impredecible que genera preocupación tanto en aliados como en adversarios.
