Trump y la COVID-19: historia de menosprecio de su gravedad

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El peso y la edad son factores de riesgo en Trump.
74 años y 110 kilos de peso, factores de riesgo del Presidente de los Estados Unidos

Washington.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de 74 años, dio positivo a la COVID-19, tras haber pasado meses subestimando la importancia de la enfermedad y haber reconocido que lo había hecho adrede para evitar el pánico en un país que es el más afectado por la pandemia, con más de 7 millones de contagios y más de 200,000 fallecidos.

En numerosas ocasiones, el mandatario ha expresado sus dictámenes sobre la COVID-19, no siempre con una base científica, mientras la enfermedad avanzaba sin freno por Estados Unidos.

Estas son algunas de sus frases y actitudes más controvertidas respecto a la pandemia.

El mismo día -26 de febrero- en que responsables sanitarios avisaban que EEUU debía prepararse para un aumento de los contagios y los gubernamentales Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) confirmaban el primer caso de alguien que no había viajado al extranjero ni había estado expuesto a ningún infectado, Trump restaba importancia a su posible propagación.

“Por todo lo que hemos hecho, el riesgo para los estadounidenses sigue muy bajo (...) Estamos listos para adaptarnos y preparados para hacer lo que tengamos que hacer si la enfermedad se expande, si es que se extiende. Como todos ustedes saben, el nivel que tenemos en nuestro país es muy bajo, y esa gente se está recuperando, o creemos que la mayoría de los casos están mejor o están mejorando”, indicó Trump en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

El calor mata los virus

En febrero y marzo, conforme la pandemia se propagaba, Trump auguró que amainaría con la primavera.

“El calor, hablando en general, mata este tipo de virus”, subrayó el mandatario, al tiempo que sugirió que Pekín le había transmitido su confianza en que el brote disminuiría en abril.

Esta opinión la repitió en varias ocasiones, como cuando dijo en febrero: “Saben, mucha gente piensa que se irá en abril con el calor, conforme el calor vaya entrando”.

En abril, el presidente provocó una gran polémica al sugerir en una rueda de prensa en la Casa Blanca que la luz ultravioleta y las inyecciones con desinfectante podrían ser un tratamiento efectivo contra el coronavirus, lo que ocasionó un aumento de las personas intoxicadas en EE.UU. por exposición a productos químicos.

En esa intervención especuló con la idea de que se pudieran hacer tratamientos con “luz ultravioleta” y siguió con una controvertida sugerencia: “Además, yo veo que el desinfectante, que lo noquea (al coronavirus) en un minuto, un minuto, así que si hay una forma de hacer algo con eso, inyectándolo adentro (del cuerpo) o casi como una limpieza”, afirmó.

“Porque ¿ven ustedes? se mete en los pulmones y genera un caos tremendo en los pulmones, por eso sería interesante investigar eso. Para eso habrá que usar a los doctores médicos, pero a mí me suena interesante”, añadió.

Tras la controversia desencadenada, el presidente dejó de dar ruedas de prensa diarias sobre la COVID-19 y aseguró que hablaba sarcásticamente cuando hizo esas sugerencias.

Las propiedades milagrosas de la hidroxicloroquina

Además, Trump defendió durante semanas las propiedades de la hidroxicloroquina y estuvo ingiriéndola durante catorce días en mayo como prevención ante la COVID-19, lo que no ha sido probado científicamente.

Trump sostuvo que ese fármaco, empleado para tratar la malaria y el lupus, ofrecía un “nivel adicional de seguridad” frente al nuevo coronavirus, pese a que no había pruebas suficientes de que funcionara como profiláctico para prevenir la COVID-19.

De hecho, según un estudio publicado a finales de septiembre en la revista JAMA Internal Medicine, tomar hidroxicloroquina a diario para prevenir un posible contagio tiene exactamente los mismos efectos que tomar un placebo.

Reconoció haber minusvalorado adrede la pandemia

Un nuevo escándalo surgió con las revelaciones hechas por el periodista Bob Woordward en su libro “Rage”, tras mantener una serie de entrevistas durante el último año con Trump con motivo de la elaboración de esta obra, en las que el presidente reconocía haber minusvalorado intencionadamente la COVID-19 en sus discursos en febrero y marzo, a sabiendas de su gravedad, para que no cundiera el pánico entre la población.

Tras filtrarse en los medios algunas grabaciones de esas entrevistas antes de la publicación del libro en septiembre, Trump intentó justificarse insistiendo en que intentaba contener el “pánico” y evitar la “histeria” en los mercados.

Durante meses el presidente ha rehusado llevar mascarilla facial en público hasta que el 11 de julio pasado lució una durante una visita al hospital militar Walter Reed, a las afueras de Washington DC.

Hasta ese momento se había negado a llevar una mascarilla en público y había puesto en duda su eficacia, lo que contradecía los consejos de las autoridades sanitarias del país.

Presidente, entre la población de riesgo

Washington. Sus 74 años y 110 kilos de peso pueden jugar en contra del presidente de EE.UU., Donald Trump, que dio positivo en COVID-19, una enfermedad que ha golpeado con más fuerza a las personas de la tercera edad y con comorbilidades.

Desde que Trump confirmó que él y su esposa, Melania, de 50 años, fueron contagiados, las conjeturas se han volcado sobre cómo sobrellevará la enfermedad.

El perfil del líder estadounidense, embarcado en la recta final de la campaña para los comicios del próximo 3 de noviembre, en los que busca su reelección, lo sitúa entre la población de riesgo ante el coronavirus, que puede ser más severo en hombres que en mujeres y varía notablemente según el paciente.

Los medios han sacado a relucir distintos estudios en un intento por anticipar lo que viene para Trump, quien en 2016 se convirtió en la persona más anciana elegida presidente en la historia de EE.UU.

La publicación Vox citó un informe difundido a finales de febrero por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China, en el que los investigadores advertían que la tasa de letalidad variaba de acuerdo a la edad del paciente.

Así, entre los primeros 72.314 pacientes con COVID-19 confirmado o presunto, los expertos descubrieron que el riesgo de fatalidad se elevaba al 18 % para mayores de 80 años, a 9,8 % entre pacientes en el rango de los 70 y 79 años y a 4,6 % para quienes tuvieran entre 60 y 69 años.

La cadena CNN indicó que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU han advertido que las personas entre los 65 y 74 años “enfrentan un riesgo cinco veces mayor de hospitalización” y “90 veces mayor de muerte por COVID-19” en comparación con jóvenes de entre 18 y 29 años.

Sin embargo, este viernes el jefe de Gabinete de Trump, Mark Meadows, aseguró a los periodistas que tanto el presidente como la primera dama se mantienen con “buen ánimo” e incluso destacó que el gobernante presenta “mucha energía”.

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