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Izquierda latinoamericana y los procesos electorales del 2017

Los procesos electorales previstos para desarrollarse en América Latina en el transcurso del 2017 lo convierten en un año decisivo para el futuro de la izquierda latinoamericana.

Los procesos electorales previstos para desarrollarse en América Latina en el transcurso del 2017 lo convierten en un año decisivo para el futuro de la izquierda latinoamericana.Ecuador, Chile y Honduras celebran elecciones presidenciales el 19 de febrero, el 19 y 26 de noviembre respectivamente, en un contexto político en el que el péndulo ideológico regional parece apuntar de manera clara hacia el fortalecimiento de la derecha en Latinoamérica.

Luego de la desaparición física de Hugo Chávez, quien se convirtió en el símbolo de los partidos de izquierda que alcanzaron el poder en América Latina a finales del siglo XX y principios del XXI, el año 2016 se salda con el fallecimiento de Fidel Castro, ícono indiscutible y soporte ideológico de los Gobiernos de corte socialista en Latinoamérica desde la revolución cubana hasta hoy.

Evidentemente, aparte de esa orfandad ideológica que produce la desaparición física de Chávez y Castro, el denominado socialismo del siglo XXI que, dependiendo del país del que se trate cuenta con rasgos disímiles y no posee un carácter homogéneo, pero que en todos los casos no ha eliminado el sistema de partidos ni desmantelado el aparato institucional vigente como sí sucedió en la Cuba post revolución, ha tenido que convivir y coexistir a nivel interno del Estado con poderes adversos que le han restado libertad de acción, para bien o para mal.

Estos elementos, sumados a la miopía política de ciertos gobernantes del socialismo moderno en América Latina, han provocado que los Gobiernos de izquierda no hayan aprovechado en su justa dimensión el período de la historia reciente en que los precios de los commodities y el fracaso de las políticas neoliberales les habían dejado servida la mesa para ejecutar políticas públicas integrales en favor de la ciudadanía de sus respectivos países que eliminaran progresivamente la pobreza estructural y disminuyeran ostensiblemente los niveles de desigualdad e inequidad social existentes.

Contrario a esa que debía ser la línea estratégica a seguir, muchos Gobiernos de esta corriente prefirieron la ejecución de medidas populistas que al fin y al cabo, además de incentivar la corrupción, dejaban desprotegidos a importantes segmentos societales y descuidaban el desarrollo de un sistema de producción integral que no dependiera solo de elementos exógenos, como el precio del petróleo o la circunstancial alta demanda de materias primas de parte de China, por ejemplo.

Indudablemente, la esencia del poder político radica en la lucha constante entre tendencias e ideas de diverso orden y que responden a diversas ideologías por acceder al control del Estado. En ese sentido, sin darnos cuenta quizás, derecha e izquierda en América Latina han estado sumergidas en una constante pugna en los últimos años en los que la primera parece llevar la ventaja al día de hoy.

Los primeros Gobiernos adeptos en mayor o menor medida al socialismo del siglo XXI que en la historia reciente sucumbieron a la acción de la derecha fueron los de Manuel Zelaya en Honduras y el de Fernando Lugo en Paraguay, en el 2009 y 2012, respectivamente.

Luego hemos visto como el Kirchnerismo sufrió derrota tras derrota en Argentina, dando paso al proyecto neoliberal del Gobierno de Mauricio Macri. Después asistiríamos a la debacle de los Gobiernos del Partido de los Trabajadores en Brasil, en donde la presidenta Dilma Rousseff, fue destituida para dar paso a un Gobierno de derecha y en donde el principal líder del partido, Luis Inacio Lula Da Silva, ha tenido que enfrentar un proceso judicial por supuesta corrupción que pone en serio peligro sus aspiraciones presidenciales para el próximo año.

En Venezuela la calamitosa situación económica y política del chavismo, con el presidente Nicolás Maduro como continuador obligado del legado de Hugo Chávez no podría estar peor, lo que augura un panorama muy difícil para su pretendido continuismo en el poder más allá del 2019.

En ese contexto se celebran elecciones generales el próximo mes de febrero en Ecuador, en donde las ejecutorias del presidente Correa marcan la diferencia de otros líderes latinoamericanos en cuanto a integralidad, equilibrio de actuación a favor de los intereses generales del Estado y del aparato productivo nacional, así como ecuanimidad en su actuación a nivel internacional en temas de interés global y regional.

Sin embargo, aún cuando todos esos elementos, sumados a un ostensible crecimiento económico y a logros importantes en materia social, parecen colocar a su partido Alianza País (AP) como posible ganador de las próximas elecciones, la constitución ecuatoriana no le permite la postulación más allá de dos periodos consecutivos, por lo que Correa no es el candidato sino su ex vicepresidente, Lenín Moreno, lo que sin lugar a dudas, si no se produce un triunfo en la primera vuelta, le resta posibilidades a AP de salir victoriosa de estas elecciones.

En Chile igualmente, cuyas elecciones se celebran en noviembre, aparece muy bien posicionado en las encuestas el expresidente de derecha Sebastián Piñeira. En Honduras el actual presidente Juan Orlando Hernández, del conservador Partido Nacional, ha desarrollado un Gobierno con consenso nacional en la mayoría de temas de interés y cuenta con amplio respaldo de sectores determinantes para la economía, lo que augura una posible victoria sin mayores inconvenientes.

De manera que, como puede observarse, el 2017, con las reservas de lugar en el caso de Ecuador, parece que continuará fortaleciendo el reposicionamiento de la derecha y la disminución del poder de la izquierda en los Gobiernos de la región.

Los procesos electorales de este año marcarán la pauta para las elecciones de México, Brasil, Colombia, Venezuela, Paraguay y Costa Rica que se celebrarán en el transcurso del año 2018, para las cuales, los proyectos de derecha se encuentran bien aspectados.

En definitiva, luego de ver este resurgimiento de Gobiernos de derecha en la región, América Latina debe aspirar a que, sin importar a la ideología que respondan sus Gobiernos, la clase política gobernante se interese y se emplee a fondo en la solución progresiva de los problemas ancestrales que agobian a nuestros países así como la inmensa deuda social acumulada por siglos que continúa sin recibir la atención que merece. A eso debemos aspirar. 

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