¿Mujeres por decreto?

Laura Lecuona.

La siguiente es la primera de una serie de entrevistas a expertas internacionales sobre la identidad de género

Hablemos sobre la ‘identidad de género’ dentro de las políticas públicas. Hasta la fecha, la última artimaña para consagrar este concepto en leyes dominicanas fue introducido en el Congreso Nacional el 5 de octubre del 2018. Este esfuerzo resultó fallido, pero no dudemos de que los intentos se exacerbarán, aunque por ahora basta decir que todas y todos deberíamos sentir un inmenso orgullo. ¿Por qué? Porque somos el primer país en el Sur Global en detener la imposición autocrática de políticas de ‘identidad de género’, a pesar de que la presión implacable ha sido ejercida desde nuestro Poder Ejecutivo, organizaciones internacionales y representantes de la sociedad civil.

Puede que algún día sus promotores logren consagrar la ‘identidad de género’ en nuestras leyes, pero primero vamos a debatirlo, de manera democrática y pluralista, como corresponde en un Estado de Derecho. Justo para alimentar este debate, entrevistaremos a diversas expertas internacionales. Empecemos por la reconocida filosofa y escritora mexicana Laura Lecuona, autora del libro ‘Las mujeres son seres humanos’.

Estimada Laura, gracias por concedernos la entrevista. ¿Cuál es la situación actual en México respecto al tema de la ‘identidad de género’?

“El concepto de ‘identidad de género’ se está colando subrepticiamente en nuestras leyes sin la necesaria discusión filosófica, conceptual y política de cara al público y con la participación de distintos actores de la sociedad civil. En la capital ya existe un procedimiento exprés para cambiar el sexo en los documentos oficiales; llaman a esto “cambio de identidad de género”.

Siguiendo sus pasos, otros estados mexicanos han impulsado reformas para facilitar ese trámite, y en la Ciudad de México se encuentra en la cámara legislativa una propuesta de ley para que niños menores de 18 años puedan también pedir documentos oficiales en los que se estipule que son del otro sexo; en otras palabras, se busca dar validez oficial a la peregrina idea de que hay niñas con pene y niños con vulva. Eso, desde luego, es una ficción: el sexo no cambia y no depende de la personalidad. Para mí es evidente que detrás de esa iniciativa están los interesados en convertir a niñas y niños que no se ajustan a estereotipos sexuales, en pacientes médicos para toda la vida. Sin duda un gran negocio”.

Recientemente, usted escribió un artículo titulado ‘Mujeres por decreto’ para la prestigiosa revista mexicana Nexos que causó revuelo. ¿Qué usted expresaba en ese artículo? ¿En qué consistió la controversia?

“Es un artículo en el que explico las distintas maneras en que, sustituir la categoría legal de ‘sexo’ por el concepto nebuloso de ‘identidad de género’, perjudica a las mujeres, y concretamente sobre las implicaciones de una propuesta de ley para permitir “el reconocimiento de la identidad de género antes de los 18 años” en la Ciudad de México.

Lo que pasó fue que en los días siguientes a la publicación del artículo, la revista se vio inundada de reclamos, tanto en Twitter como en la redacción, y en vista de eso se decidió no publicar más textos míos “al menos en el futuro cercano” (sin importar de qué tema sean) porque, según me dijo el editor que me encargó el artículo, “la revista no se puede volver una oficina de relaciones públicas por dos días cada vez que salga algo tuyo”.

En otras palabras, la revista Nexos se dejó intimidar por gente que piensa que las feministas críticas del género, tenemos un discurso de odio y no se nos debe dar espacio para expresar nuestras posturas”.

Usted ha expresado: “Hombre dice ‘soy mujer porque me siento mujer’ y le cambian su acta de nacimiento con simplificación administrativa. Mujer dice ‘fui maltratada y viví todo esto con Fulano’ y ponen su palabra en duda y hasta le cuestionan que rompa el silencio. Bien que saben quién sí es mujer”. ¿Ser considerado legalmente mujer es un derecho humano?

“No creo que exista un derecho humano a imponerle al resto del mundo una creencia particular sobre quiénes somos. Eso es una manera muy retorcida de entender la identidad personal. Me importa poco que un hombre se sienta o se crea mujer (aunque habría que preguntarse qué significa “sentirse mujer”: ¿tener inclinación por cosas estereotípicamente femeninas?), pero me parece gravísimo que se pretenda imponer oficialmente esa creencia particular al resto del mundo. Es como una evangelización forzosa.

Y creo que incluso las personas que recitan el mantra “Las mujeres trans son mujeres” saben perfectamente que eso no es cierto: si de verdad lo creyeran, no defenderían a los transfemeninos con tanta vehemencia; ya quisiera ver a tantos hombres empeñados en luchar contra la violencia sexual como los veo empeñados en estigmatizar a las feministas críticas del género. Si de verdad se creyera que las transmujeres son mujeres, sus demandas no serían atendidas a tal velocidad. Es revelador contrastar en términos de sangre, sudor y lágrimas la despenalización del aborto, con eso que llaman el reconocimiento de la identidad de género. ¿Cuántos países han aprobado una y otro? ¿Cuánto tiempo hubo que luchar para conseguirlo?”

¿Qué usted quisiera expresarle a nuestra lectoría dominicana respecto al tema de ‘identidad de género’, desde su perspectiva como mexicana?

“Sé que en su país hay un debate nacional sobre este asunto. Espero que, a diferencia de lo que está pasando en México, en República Dominicana se consiga mantener un debate plural en el que predomine el pensamiento riguroso, por encima de la propaganda manipuladora, en el que se puedan escuchar y analizar críticamente todas las voces y ninguna sea descalificada y silenciada por prejuicios. Da la casualidad de que dos de las feministas latinoamericanas críticas del género más brillantes que conozco son dominicanas (Raquel Rosario Sánchez y Michelle Morales). Eso tiene que ser un buen augurio”.

Gracias infinitas a Laura Lecuona por su colaboración y sus palabras. En nuestra siguiente entrevista, analizaremos el
fenómeno de la niñez identificada por
personas adultas como ‘trans’.

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