Santo Domingo.- La Conferencia del Episcopado Dominicano ha entregado a la sociedad dominicana su Carta Pastoral del 21 de enero del 2026, en el marco de la celebración de la festividad de Nuestra Señora de la Altagracia.
Como ha sido constante en las últimas décadas, los obispos producen un documento histórico donde analizan aspectos cruciales de la vida social dominicana, situándose en una perspectiva que prioriza el aumento del malestar colectivo y la crisis de valores que se refleja en múltiples áreas.
FINJUS valora altamente esta Carta Pastoral porque representa un diagnóstico real, coherente y valiente de graves problemas sociales dominicanos, con los cuales coincide nuestra institución y que recogimos en detalle en el documento Análisis sobre la institucionalidad y la justicia en 2025 y desafíos para 2026, que dimos a conocer el pasado 7 de enero.
Especialmente son relevantes los llamados del Episcopado a enfrentar la corrupción, el fortalecimiento del sistema de justicia, la promoción de la transparencia y la priorización de programas para erradicar la violencia y la criminalidad, en los cuales coinciden importantes sectores sociales.
Destacamos su visión de la percepción socialmente compartida de que la corrupción es un cáncer social que genera muerte, exclusión y desigualdad, calificándola como una «tumba», que niega medicinas a los enfermos y causa sufrimiento innecesario. vinculándola a una ruptura de las relaciones bautismales con Dios y los hermanos.
Los obispos llaman a una renuncia colectiva a esta maldad, exigiendo sanciones ejemplares «sin privilegios para nadie» y priorizando el bien común sobre intereses particulares, ya que agrava la pobreza y erosiona la confianza en las instituciones. FINJUS coincide plenamente en este aspecto y enfatiza la oportunidad que se abre al país con la adopción del nuevo Código Penal (Ley 74-25) como una herramienta esencial para combatir las nuevas modalidades delictivas, desde una perspectiva integral, que tome en cuenta tanto la dimensión moral, como lo hace la Carta, y la dimensión legal, a través de mecanismos de rendición de cuentas.
Ambos enfoques coinciden en la necesidad de una renovación interior que inspire acciones éticas, complementada por reformas institucionales que garanticen sanciones proporcionales al daño, dando lugar a una sinergia social que repudia la impunidad y que llama a las instituciones clave del sistema de justicia a actuar sin contemplaciones. Lo anterior no puede quedarse en el plano de lo deseable, sino que debe ser el punto de partida de programas educativos y preventivos que fomenten una cultura de integridad, haciendo que confluyan la sinodalidad eclesial, que plantea la Carta Pastoral, con la planificación estratégica del Estado.
De la Carta pastoral FINJUS resalta su llamado implícito al fortalecimiento de la independencia de la justicia, que en la actualidad solo puede alcanzarse mediante una justicia inclusiva e imparcial. Este objetivo es el que legitima y da valor a los avances registrados en la transformación digital en curso en el sistema de administración de justicia y los programas de asistencia de la Oficina Nacional de la Defensa Pública.
La transparencia emerge como un hilo conductor de la Carta Pastoral a la que define como honestidad bautismal, o sea la rendición de cuentas. La Carta urge a «brillar por seriedad y honestidad» (página 11), renunciando a opacidades que rompen la comunión. En este aspecto hemos hecho un llamado a emular a las instituciones que realizan auditorías continuas de su gestión y ponen en manos de la sociedad informaciones veraces y ajustadas a la realidad que permitan a los ciudadanos ser compromisarios de los avances del Estado. Esto es crucial en las instituciones del sistema de justicia, lo que puede expresarse en Observatorios con datos accesibles, como el que impulsa el Poder Judicial y las reformas clave en la normativa y regulaciones relativas a las contrataciones públicas.
Por último. resaltamos la importancia que la Carta Pastoral atribuye a la superación del clima de inseguridad presente en múltiples áreas, y dice que “la Iglesia llora por las muertes que produce la violencia intrafamiliar; las muertes por la delincuencia y la inseguridad ciudadana; las muertes de tantos jóvenes involucrados en el crimen y las drogas; las muertes en los accidentes de tránsito, por la imprudencia y el irrespeto de la ley; las muertes de tantos enfermos cuya medicina les fue negada por las manos manchadas por la corrupción”
Este cuadro debe conducirnos a priorizar la erradicación de la violencia —intrafamiliar, organizada— mediante la prevención y la reinserción, reforzando los compromisos familiares y la convivencia sana, con lo que nos identificamos.
La Carta Pastoral del 21 de enero de 2026 es un documento valiente que debe ser ponderado y asumido por los sectores sociales más comprometidos con los valores de nuestra democracia, viéndolo como una hoja de ruta hacia la construcción de una justicia más fortalecida y una paz basada en el respeto, la tolerancia y la inclusión.
