Comunidad moviliza su capital humano para construir un futuro mejor
El canto de las cigarras y el murmullo del riachuelo son la banda sonora de Fondo Grande. Es una comunidad rural dominicana donde la historia de una familia, la de Luis y Mary, ayuda a tejer el desarrollo endógeno de su territorio.
Un café y una conversación con esta familia sirven para valorar su testimonio del poder de la fe, la unidad comunitaria, la perseverancia que ayuda a superar la adversidad y la construcción de un futuro de prosperidad.
De Puerto Plata a Dajabón
Luis, originario de Altamira, Puerto Plata, llegó a Fondo Grande en 1959, porque su padre se dejó persuadir por las tierras fértiles de esa comunidad fronteriza dajabonera. Su llegada, junto a sus padres y seis hermanos, marcó el inicio de una saga familiar que se ha convertido en chispa motorizadora de desarrollo comunitario.
Cuenta Luis que siendo ya “un hombre hecho y derecho”, en su familia pensaban que “se quedaría para vestir santos”, hasta que un día, trabajando con un machete en una loma en donde tenía que agarrarse para no deslizarse, le llegó una especie de revelación: “Sentí una cosa, como si fuera una campanita, me vino ese pensamiento, tú debes casarte”. Y Luis, hombre de fe, decidió obedecer el mandato.
Ya Luis era presidente de asamblea, pero el “flechazo de Cupido” apuntaba hacia una chica demasiado joven. “Ay, mamá, qué vergüenza para mí. ¡Esa niñita!”, rememora Luis que le comentó a su madre. “No, no, cállese que usted no sabe nada. Si ustedes tienen vergüenza, o miedo, déjenme eso a mí”, resuena todavía en su memoria como expresión resolutoria de su progenitora y como sello determinante de una historia de amor que, además de su descendencia, cuenta con hitos en el desarrollo comunitario de Fondo Grande.
Amor, visión y compromiso
Esa historia de amor, marcada por la fe y la oración, es un reflejo de la profunda espiritualidad de los habitantes de Fondo Grande. Por eso, la llegada de sus cinco hijos, cuatro biológicos y una adoptiva, consolidó su compromiso con la tierra y la comunidad.
La influencia de un jesuita, Manuel Pérez Suárez, fue crucial en la formación de los hijos de Luis y Mary. Su labor pastoral, que trascendió la simple predicación religiosa, sembró la semilla del desarrollo agrícola. Tres de sus descendientes, los varones, se convirtieron en agrónomos, un hecho que marcó un punto de inflexión en la historia de Fondo Grande.
Esta decisión no fue casual, sino el resultado de una visión compartida que priorizaba la formación de jóvenes para el desarrollo de la comunidad. Pero los Gómez Luciano no solo se destacan por su vocación agrícola, sino también por su talento artístico. Cristino, uno de los hijos de Luis y Mary, en su afición por la poesía, demuestra que el desarrollo endógeno no se limita a lo económico, sino que abarca también las expresiones culturales. Luis, quien ya cursa posdoctorado en genómica, incursiona en la música y el canto, y refleja hasta dónde puede llevarnos el deseo de avanzar.
El apego de esta familia a Fondo Grande, a pesar de las oportunidades que podrían ofrecer las ciudades, se basa en la libertad que encuentran en la conexión con la naturaleza, la familia y la comunidad. Esta libertad, para ellos, no se mide en comodidades materiales, sino en la autonomía y la capacidad de decidir y construir su propio destino.


El desarrollo de Fondo Grande
El desarrollo de Fondo Grande no ha sido fruto de la casualidad, sino del trabajo conjunto y la planificación estratégica. Por eso cuenta con hitos significativos: hidroeléctrica que provee energía a las familias, acueducto que garantiza el acceso al agua potable. Y aunque han tenido que construir su carretera “a pico y pala”, con su esfuerzo tienen escuela y extensas plantaciones de cacao y frutales. Estos logros son el resultado de un “plan estratégico” que, aunque no se describe formalmente, se evidencia en la planificación y ejecución de proyectos que han mejorado la calidad de vida de la comunidad.
La producción de cacao se ha convertido en la actividad económica más importante de Fondo Grande. La comunidad, a través de un proyecto con apoyo de Naciones Unidas, para sembrar 500 tareas, ha logrado inspirar a pobladores de Hipólito Billini, Villa Esperanza, Alto de la Paloma, Capotillo y Pueblo Nuevo. Así es como ya cuentan con más de 3,000 tareas de cacao.
Sin embargo, la falta de apoyo de las autoridades ha generado problemas para la comercialización del producto. Pero esto, lejos de desanimar, se enfoca como un desafío de cara a seguir impulsando desarrollo económico local en Fondo Grande. Por eso están buscando soluciones innovadoras, como el procesamiento del cacao para agregarle valor y acceder a nuevos mercados.



Esa tarea la asume el Consejo para el Desarrollo de Fondo Grande, que integra a diferentes organizaciones comunitarias y que es un ejemplo de la capacidad de autogestión de la comunidad. Este consejo, que cuenta con la asesoría voluntaria de Luis, ha sido fundamental en la planificación y ejecución de proyectos, demostrando la importancia de la participación comunitaria en el desarrollo territorial.
La historia de Fondo Grande es un ejemplo inspirador del potencial del desarrollo endógeno. La fe, la unidad familiar y comunitaria, la perseverancia y la capacidad de gestión han sido claves para superar las dificultades y construir un futuro próspero.
En Fondo Grande no se sientan a esperar. Esta comunidad moviliza sus recursos, su capital humano y su capacidad de organización para construir un futuro mejor. La historia de Luis y Mary, y la de Fondo Grande, es un testimonio de que la esperanza, el trabajo arduo y la fe pueden transformar una comunidad rural en un ejemplo de desarrollo sostenible y resiliente.
