La calle El Conde busca salir del letargo con una variada oferta

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Calle El Conde. Juan T. Valenzuela

Con la construcción de plazas comerciales y el traslado de sus tradicionales tiendas la vía perdió público

Aún en la década de los 90, la calle El Conde era un referente comercial en la primera ciudad del Nuevo Mundo. En alquiler de trajes de gala, venta de textiles y discos de pasta, tenía un lugar aparte.

Durante mucho tiempo fue el punto de encuentro de intelectuales, artistas, políticos, estudiantes y se constituyó en el espacio ideal para la recreación familiar, pero con la creación de las grandes plazas comerciales, cuyo auge inicia con la entrada del nuevo milenio, la vía perdió gran parte de ese público, entrando así en un rezago.

Muchas de sus reconocidas tiendas abandonaron la emblemática calle de la Ciudad Colonial; y aunque algunas han permanecido, en la actualidad una gran parte de locales de vocación comercial se encuentran vacíos.

Entre las tiendas que apostaron a El Conde y permanecen hasta hoy, están Molino Deportivo, Heladería Bon, Sederías California, Togar y Kalea. Otro negocio que ha perdurado es la Joyería Di Carlo, instalada en esta vía en 1944. Pese a reconocer los cambios positivos en el despegue del comercio, su propietario, Elso Dicarlo, asegura que estas acciones son incompletas.

El comerciante critica la falta de parqueos en la Ciudad Colonial, lo que considera ha afectado el movimiento comercial de la calle. “Hemos permanecido a duras penas”, dijo.

El estudio “Antecedentes Mercado Marca Conde”, del 2015, del Ministerio de Turismo, destaca que “El Conde ha experimentado un progresivo deterioro físico y social, alterándose principios básicos de su morfología y estructura urbana como su tradicional uso de suelo mixto, comercial-residencial, la calidad de sus espacios comerciales y de sus ofertas y los porcentajes de ocupación de sus inmuebles”.

Sin embargo, el presidente de la Asociación de Comerciantes de la Calle El Conde (Asoconde), Emilio Torres, habla de un resurgimiento de la vía. Atribuye la cantidad de locales cerrados a un proceso de transición, es decir, al cambio de dueño. Indica que aproximadamente 20 establecimientos están dando este paso.

“Hay empresas que están buscando inmuebles para poner hoteles, franquicias de restaurantes y tiendas de textiles.
Definitivamente vienen cambios”, afirma. A pesar de las emigraciones de tiendas tradicionales, El Conde continúa con un variado y pintoresco comercio, destacándose los establecimientos de comidas y las ventas de manualidades.

Según el listado de comercios socios de Asoconde, 55 negocios tienen sus establecimientos en esta calle. (Esta cantidad es solo la asociada). De estos, tres se dedican a la venta de accesorio, seis a la artesanía, tres de calzado, una a las comunicaciones y otra a la estética.

El registro de los afiliados a la organización indica que hay una ferretería, tres joyerías, e igual cantidad de librería y papelería, una colchonería, siete negocios de comida, dos farmacias, quince tiendas y cuatro inmobiliarias.

El presidente de Asoconde sostiene que contrario a lo que se pudiera creer, los visitantes locales, de clase media, son los principales consumidores, luego los turistas. Agrega que el comercio más demandado en esta calle es la gastronomía que ofrece. “Esta es una zona que está en auge, los precios están aumentando, es un buen momento para invertir”, enfatiza. No obstante, datos suministrado por la directora del Fomento al Turismo Ciudad Colonial, Maribel Villalona, en julio de 2016, destacan que en los últimos tres años unos 300 nuevos negocios fueron instalados en la Ciudad Colonial. Aunque no especifica qué cantidad se encuentran en El Conde, se entiende que un número importante se sitúa en esta vía, por ser la arteria comercial del Casco Histórico. “En 2016 la ciudad Colonial recibió 650 mil 208 visitantes extranjeros, para un incremento del 11% en la demanda. Comparado con el año anterior, el promedio de visitas mensualmente fue de 54 mil 184 personas”, informó la responsable del proyecto. La arquitecta atribuyó este crecimiento a la seguridad y al mejoramiento de la imagen urbanística de la ciudad.

Los buhoneros también forman parte del dinamismo comercial de la histórica calle que se encamina al progreso.

Nombres que ha recibido la emblemática vía

De acuerdo con el documento “Santo Domingo Monumental”, autoría de Marcio Veloz Maggiolo y Julio González, los inicios de la calle El Conde se remontan al primer tercio del siglo XVI. La vía lleva el nombre en honor a Bernardino de Meneses Bracamonte, el Conde de Peñalba. Pero no siempre se le llamó así, también se le conoció como la Calle del Clavijo, Real, Separación, Rue Imperial y 27 de Febrero. La obra, que recopila los monumentos y calles emblemáticas de la Ciudad Colonial, precisa que en el Gobierno de Rafael Leónidas Trujillo, en agosto de 1934, el Ayuntamiento del Distrito restituyó el nombre calle El Conde. En esta vía convergen la Academia de Ciencias de la República Dominicana, la Embajada de Francia, el Colegio de Abogados de República Dominicana, entre otras instituciones.

Emilio Torres.

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