«Para que haya un accidente en aviación, como dice un especialista que se llama Hoover en YouTube, se necesitan alinear todos los hoyos del queso suizo. En ese accidente se alinearon todos los hoyos».
La frase, utilizada por el piloto dominicano Aroly Díaz para explicar cómo una cadena de fallos puede desembocar en una tragedia aérea, sirve como punto de partida para analizar el accidente ocurrido recientemente en el Aeropuerto Internacional de La Romana, donde murieron el piloto Erick Diago, de 39 años, y el copiloto Rudy Gahasal, de 34, ambos de nacionalidad estadounidense.

Las declaraciones ofrecidas por Díaz corresponden a un análisis técnico basado en su experiencia profesional y en información de dominio público sobre el accidente. Díaz insiste en que, hasta el momento, cualquier explicación definitiva sería prematura. Señaló a elCaribe que la investigación oficial está a cargo por la comisión investigadora del Instituto de Aviación Civil Dominicano investigación con el apoyo de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB, por sus siglas en inglés) y de la Administración Federal de Aviación (FAA), debido a que la aeronave tenía matrícula estadounidense y la tripulación también era de ese país.
«Hasta el momento, ninguno de los que ha hablado conoce las especificaciones de esa aeronave», afirmó el piloto, al cuestionar las versiones que han circulado públicamente sobre las causas del accidente.
Entre los elementos que, según explica, podrían formar parte de la cadena de acontecimientos están factores operacionales, humanos e incluso las condiciones físicas del entorno donde terminó la aeronave.
Díaz señala que se ha mencionado la posibilidad de una falla hidráulica y recuerda que una tripulación adecuadamente entrenada está preparada para enfrentar escenarios complejos, incluso con pérdida de motor o de sistemas. «Una tripulación preparada resuelve esa emergencia con un motor fuera y con falla de hidráulico», sostuvo.
Sin embargo, también hace referencia a comentarios que apuntan a una posible falta de preparación de uno de los miembros de la tripulación, aunque aclara que se trata de versiones no confirmadas.
«Aunque el capitán estuviese bien preparado, en una condición de emergencia, con un motor fuera y con las condiciones de pérdida de hidráulico, un copiloto que no esté preparado realmente en el avión es una carga más. O sea, toda la carga cayó sobre el capitán», expresó.
El piloto también pone la mirada en las condiciones del área adyacente a la pista. Explica que, cuando una aeronave se sale de la superficie de aterrizaje, el terreno circundante debe permitir que esta desacelere sin agravar las consecuencias del incidente.
«Se supone que el área verde, esa área entre la pista y el taxiway, debe ser plana y estar en condiciones óptimas en caso de que un avión se salga de la pista», indicó. Según su apreciación, en este caso el terreno habría presentado irregularidades que contribuyeron a la ruptura del tren de aterrizaje.
Para Díaz, los accidentes aéreos rara vez responden a una única causa. Por el contrario, suelen ser el resultado de varios factores que coinciden en un mismo momento.
«Falta de preparación de la tripulación, una tripulación ineficiente, el campo, falta de condiciones o las condiciones no favorables en el área verde del campo de la pista de aterrizaje de La Romana… Cuando todo eso se alineó, el desenlace lamentablemente fue una total fatalidad», manifestó.
Mientras las autoridades estadounidenses avanzan en la investigación oficial, las respuestas definitivas aún están pendientes. Por ahora, las reflexiones de pilotos y especialistas permiten comprender la complejidad de un evento en el que, como describe la teoría del queso suizo, varios errores o deficiencias pueden coincidir hasta convertir un incidente en tragedia.
