Dirigentes del PRM despiden a Ramón Alburquerque con honras fúnebres

La primera guardia de honor, integrada por cuatro dirigentes, estuvo conformada por José Ignacio Paliza, Milagros Ortiz Bosch, Deligne Ascención y Víctor Pichardo. Foto. Felix de la Cruz
La primera guardia de honor, integrada por cuatro dirigentes, estuvo conformada por José Ignacio Paliza, Milagros Ortiz Bosch, Deligne Ascención y Víctor Pichardo. Foto. Felix de la Cruz
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Los restos del político e ingeniero Ramón Alburquerque también fueron llevados a la Casa Nacional del Partido Revolucionario Moderno (PRM), organización de la cual fue miembro fundador.

A su llegada al local partidario, ubicado en la avenida 27 de Febrero, el féretro fue recibido con la entonación del Himno Nacional Dominicano y el himno del PRM. El acto inició con la rendición de una guardia de honor a cargo de miembros de la Dirección Ejecutiva del partido.

La primera guardia de honor, integrada por cuatro dirigentes, estuvo conformada por José Ignacio Paliza, Milagros Ortiz Bosch, Deligne Ascención y Víctor Pichardo.

Posteriormente, rindieron honores Geanilda Vásquez, Eddy Olivares, Nelson Arroyo y Roberto Fulcar.
También participaron en las guardias de honor Samuel Pereyra, Gloria Reyes, Rafael Santos, Franklin García Fermín, Josefa Castillo, Darío Castillo, Santiago Zorrilla, Ulises Rodríguez, Edward Cedeño, Roberto Salcedo, Jesús “Chu” Vásquez, Kimberly Taveras, Máximo Pérez, Scarlet Benzán y Zara Paulino, entre otros dirigentes y funcionarios.

Durante el acto, el presidente del PRM, José Ignacio Paliza, pronunció un emotivo discurso en el que evocó su relación con Alburquerque y destacó su legado humano y político.

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Paliza reflexionó que la vida suele presentarnos el reto de convivir con otros para poder sobrevivir, pero que cuando se tiene la dicha de compartir con personas de la esencia y el corazón de Ramón Alburquerque, esa visión se transforma, pues “se encuentra la esencia misma de la vida”.

Citando al escritor Ernesto Sábato, recordó que “la vida sin amigos es como un bote a la deriva en un lago aparentemente tranquilo, pero agitado por corrientes verdaderamente profundas”, y subrayó que “Ramón Alburquerque para todos nosotros era más que un amigo”.

Resaltó que, aunque en los últimos días algunos han descrito a Alburquerque como un ejemplo de resiliencia, superación y talento, fue mucho más que eso.
“Ramón Alburquerque retó la vida y la venció; retó el destino que estaba escrito para él y lo venció”, afirmó.

Paliza rememoró una visita realizada en 1999 a la provincia de Monte Plata, específicamente a un caserío entre Gonzalo y Los Limones, lugar de nacimiento de Alburquerque, donde este le narró aspectos de su niñez, marcada por múltiples intervenciones quirúrgicas, distanciamientos familiares y grandes desafíos personales, experiencias que forjaron el carácter del hombre fuerte que llegó a ser.

Destacó que Alburquerque alcanzó todas las metas que se propuso en el ámbito académico, llegando incluso a obtener un doctorado (PhD) en una de las universidades más prestigiosas del mundo, y que en la política dejó una impronta de trabajo, esfuerzo y resultados que servirán de referencia para futuras generaciones.

Recordó también el episodio ocurrido en enero de 1999 en la Liga Municipal Dominicana, cuando adversarios intentaron catalogarlo como violento, algo que —según afirmó— distaba totalmente de su verdadera personalidad.

“Ramón era un hombre amante de la naturaleza, de la poesía y de la música; era cualquier cosa menos un hombre violento”, expresó, señalando que aquel episodio fue un acto de respeto y amor por la democracia y el país.

Paliza concluyó resaltando su gratitud personal hacia Alburquerque, quien le abrió las puertas de su hogar cuando era un joven interesado en la política, describiéndolo como un hombre de ideas firmes, defendidas con pasión, pero de corazón inmenso y fácil reconciliación.

La ceremonia concluyó con las palabras de su hija, Mónica Patricia Alburquerque, quien compartió una anécdota en la que su padre le recordó que el único legado que podía dejarles era la educación, la preparación y el deseo de superación personal.

Asimismo, su nieta Natalia Morel expresó que ha ido descubriendo muchas historias de su abuelo y destacó que una de las enseñanzas más importantes que aprendió de él fue el amor por el estudio y la lectura.

“Si quisiera dejar algo en el corazón de cada uno de ustedes acerca de mi abuelo, no es solo su moral, sino su amor por la gente, no solo por los dominicanos o su familia, sino por todo el mundo”, manifestó.

Posteriormente, los restos de Ramón Alburquerque fueron trasladados al cementerio Jardín Memorial, donde recibieron cristiana sepultura.

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