Los siniestros viales dejan cada año más de cien mil personas lesionadas en la República Dominicana. De este grupo, hay quienes cargan con ciertas consecuencias que les acompañarán toda la vida porque su propio cuerpo será un recordatorio vivo de ese impacto inesperado.
Es la historia de Awilda Melo, una valiente mujer que ha tenido que echar adelante su propia vida y las de sus tres hijos desde una silla de ruedas tras sufrir un aparatoso accidente que le arrebató sus dos piernas pero no las ganas de vivir; y hoy inspira a muchos mientras demuestra que los mayores límites están en la mente.
Pero advierte que el trayecto no ha sido fácil. “Hay muchas situaciones, no solo es una amputación, son situaciones psicológicas, traumas existenciales, un pánico diario, en ocasiones los accidentes de tránsito dejan un ‘déja vu’ constante, porque se te revive la historia en carne viva día a día que sales a la calle”, cuenta.
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Hace 20 años, un camión la atropelló en la autopista Duarte cuando tenía apenas 26 años, un evento que marcó un antes y un después en ella y en su familia.
“La vida me cambió en un cien por ciento. El mundo se plasmaba borroso porque no sabía cómo iba a continuar. Pero a Dios las gracias, a mucha fuerza de voluntad, a un amor propio porque aún la vida continúa, y sigo caminando sin piernas”.
Con estas palabras cargadas de esperanza, Awilda Melo conquistó el corazón de la audiencia que se dio cita el pasado martes en el acto de inauguración de la Unidad de Atención Legal y Psicológica a Víctimas de Siniestros de Tránsito, ubicada en las instalaciones del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), en el Distrito Nacional.
“Para mí es un grato placer estar en esta mañana, compartir con ustedes algo que cambia la vida de muchas personas. Gracias a todas las autoridades que hoy acompañan esta iniciativa tan maravillosa, que considero es una de las cosas emblemáticas que surgen para cuestiones traumáticas como los accidentes y que en mi momento yo no las tenía”, sostuvo.
Al ponderar la iniciativa, destacó la relevancia de dar acompañamiento a las víctimas de accidentes de tránsito, que, por lo general, atraviesan un viacrucis doloroso sin orientación alguna.
“Yo me hice profesional estando en silla de ruedas, mi vida continuó. Tuve que criar a mis hijos y levantarlos, pero también tuve que cargar con lo que es la psicología, la aceptación de una familia completa, mis padres, mis hermanos y mi entorno”, puntualizó.
Cuando sufrió el accidente su hijo menor que hoy tiene 20 años, apenas tenía ocho meses. “Cómo me visualizo cuando tenía 5-11 de estatura, 26 años de edad y un futuro por delante… Tú consideras que ese futuro se troncha. En ese momento solo le pedí a Dios una cosa, lo quiero ver crecer. ¿Cómo me enseñas el camino?”
Hoy, 20 años después, desde su silla de ruedas, Awilda Melo continúa con la vista al frente, convirtiéndose en un ejemplo de resiliencia y de inspiración para muchas víctimas que han tenido que atravesar desafíos similares.
“Yo te puedo decir que se puede continuar, se puede echar para adelante, pero necesitamos apoyo, necesitamos que nos expliquen cómo voy a continuar”, recalcó.
Sostiene que la asistencia, la educación y el acompañamiento hacen más llevadero el trauma que trae un siniestro de esta naturaleza.
“Yo me lo viví, a mí no me lo enseñaron, lo aprendí en el camino, en el yo quiero ser, en el yo quiero estar, en el aun sin piernas voy a seguir echando para adelante, voy a seguir caminando, porque hay más personas que dependen de mí”, dijo.
Con estas palabras conmovedoras, Awilda Melo cedió el micrófono a la señora Alma Chávez Guth, presidenta de la Federación Iberoamericana de Víctimas contra la Violencia Vial (FICVI), quien también es fundadora de una asociación de víctimas viales en México desde hace 20 años, a raíz de una tragedia familiar en la que un conductor ebrio le quitó la vida a su Marisol a sus 20 años de edad.

«Sé de primera mano el dolor y las secuelas que un siniestro vial puede dejar en la vida de las personas y sus seres queridos. Pero con el tiempo entendí que en medio de la adversidad hay una fuerza inquebrantable que nos impulsa a buscar soluciones y a luchar por un cambio real”, sostuvo.
Cada año en América Latina y el Caribe mueren más de 110 mil personas y otros 5 millones de seres humanos resultan heridos en las vías. Muchos de estos sobrevivientes quedan con una discapacidad total y permanente. De hecho, los siniestros viales representan la primera causa de muerte en niños entre 5 y 14 años de edad y la segunda en adultos jóvenes en la región.
Con estas escalofriantes cifras como base, Alma Chávez comparó los siniestros viales con una pandemia que, según dijo, todavía no ha encontrado la solidaridad y el apoyo necesario de las instituciones.
“La violencia vial representa un escalofriante drama que sufren cada año miles de familias en la región” expresó.
Chavez subrayó que el costo de estos eventos viales para los países de la región representa entre un 2 y un 6 por ciento del Producto Interno Bruto.
“Mucho dinero, y desafortunadamente, para nuestros países la población queda aún más vulnerable y se acentúan los índices de pobreza. Cada número en la estadística representa una vida, una historia, un ser querido perdido”.
